Opinión

Perseverancia por la muerte

El cinismo es la tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana

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Moisés Absalón |

Moisés Absalón Pastora |

Hace unas dos semanas las declaraciones irresponsables de un encapuchado, que fue llevado a un programa de televisión matinal, como si se tratase de un héroe o de un paladín, por supuesto valientemente con el rostro oculto, decía que no importa cuántos muertos más deban haber, pero que había incluso que producirlos si no se daban porque así se lo había comentado la madre adolorida de uno de los tantos paridos letalmente por el odio y la violencia.

Este fin de semana tuvieron su muerto los que no se exponen, los que están azuzando tras un micrófono, los que dicen vayan y se quedan en sus oficinas; se van al mar en familia, con sus amigos con buenas viandas y dotaciones etílicas o disfrutan de la normalidad en los restaurantes rodeándose de tríos o mariachis para que les canten Sigo Siendo el Rey y de paso comentando que van ganando porque otro joven murió, porque hay nuevos heridos, porque otra vez pusieron a Nicaragua en la noticia oscura, porque lograron engañar a los que pudieron creer en la construcción de su nueva mentira.

El grado de cinismo al que están llegando los profetas del apocalipsis en Nicaragua desborda todos los cálculos porque les nace de un odio enfermizo que les da, y hasta sobradamente, para ambientar los escenarios que llenan de sangre porque ahí estaban las cámaras de los canales que ya conocemos, llegadas en tiempo y forma para apostarse en el lugar preciso, cerca de la iglesia, con los actores correctos donde los plañideros y plañideras y los gritones, los rostros asustados haciendo su papel, interpretaban la obra macabra de las gárgolas que andaban con morteros, con armas hechizas para disparar a la policía que llegó a acuerpar a los vecinos que frente a sus narices miraban cómo los terroristas querían levantar una de esas barricadas que ya no van a ser permitidas porque son fuente de muerte y tanto que en el intento, generó la partida definitiva de quien ahora es una estadística y quien eleva a 199 los que ya no están con nosotros, repito, por culpa de quienes no arriesgan nada, porque tienen que vivir para gozar de los borbollones de plata que les da el imperio y a la vez mantener viva la posibilidad de alcanzar ellos el poder que los norteamericanos les puedan poner en las manos.

Ninguna persona cuerda, especialmente aquella con conocimientos elementales adquiridos en una escuela primaria, que está de acuerdo con que el odio nos esté privando del derecho a vivir y lo contextualizo en nuestro tiempo porque jamás, nunca, los nicaragüenses a lo largo de nuestra azarosa historia, como personas dotadas de inteligencia, conocimos, supimos o recordamos una experiencia como la que la irracionalidad nos quiere imponer.

Me siento en el deber de transmitir el criterio de que todos, sin excepción, estamos en la obligación de crear conciencia sobre los riesgos a los que la politiquería, de forma inexorable, nos quiere conducir a una catástrofe definitiva y total como consecuencia de las decisiones criminales y antipatrióticas de quienes el azar, léase Estados Unidos, más que el talento o el mérito propio, más que la utopía de realizarse como líder, puso en sus manos millones de dólares para destruir nuestro país y a sus ciudadanos sin aceptar que ningún ser humano en su sano juicio está de acuerdo con que sus hijos, o familiares demás allegados, perezcan de forma abrupta por culpa del terrorismo victimario.

El cinismo es la tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la ironía, el sarcasmo y la burla. El cinismo es la falta de vergüenza en una persona al realizar actos deshonestos con los demás, es la actitud que lleva a engañar o mentir a las personas sin importar las consecuencias, es cometer malas acciones de forma descarada.

Ese significado del cinismo es el que hemos visto calado en algunos programas y reportajes de televisión donde se dramatiza la tragedia para imbuir colectivamente en la mente del nicaragüense que el crimen que ejecutan es un acto libertario, que mientras lo ejecutan con saña la policía debe estar inerte, desarmada y acuartelada, que los que hablan de paz son los que odian, que los que hablan de Dios son criminales, que los que quieren el progreso y el desarrollo y lo defendemos somos los sapos, que los que hacemos llamados a la estabilidad somos los demonios y que los que proclamamos el amor deberíamos ir al paredón porque no levantamos tranques, ni ponemos barricadas, ni comulgamos con sus locuras.

Yo pienso, con certeza absoluta, que en Nicaragua hay una lucha que no es de hombres. Estoy convencido que aquí hay demonios que se tomaron el cuerpo de la iglesia católica porque si de cínicos hablamos tendría que conferir el sitial más encumbrado para algunos obispos que poseídos por espíritus malignos se consagraron a la violencia y todo lo que de ella se desprende para elevar el número de muertes que como origen tuvo cada púlpito donde la vanidad política de Silvio Báez, Juan Abelardo Mata y Rolando Álvarez, solo para no mencionar a otros más que hasta llegaron al extremo de torturar y sostengo que cada uno de ellos deberían guardarse donde realmente merecen estar.

Uno entiende que hay razones políticas para que la justicia, no alcance a gentes visibles y nombres reconocidos de la iglesia católica, de empresarios del gran capital que han financiado la barbarie, en asalariados del gran capital que dijeron en el diálogo, que también asesinaron, que no importaba el daño que sufriera la economía y el daño se lo hicieron a todo un pueblo, de universitarios imberbes que no saben a qué se metieron pero que matan gente, de dueños de medios de comunicación, de periodistas y de comentaristas que tienen una enorme deuda penal y moral con Nicaragua.

Mucha gente que demanda justicia y reclama por sus muertos, por sus torturados y sus desaparecidos preguntan “¿y qué corona tienen estos?, ¿por qué no están tras las rejas?” y lo dicen desde lo profundo de su corazón y de su alma porque a pesar de lo que hicieron y siguen haciendo se burlan, los victimarios se mofan cobarde y cínicamente, porque se creen intocables, creen que están lejos del alcance de la justicia y se atreven a decir que el gobierno les tiene miedo, pero es que no entienden de la sabiduría de quien está obligado a tomar las decisiones más ponderadas por el bien del país. Sin embargo, el cinismo apuesta por el escándalo que ocasionaría la detención hasta del más pequeño de sus renacuajos y por el ruido que algo así generaría en algún sector de la comunidad internacional un escenario, que como ese sería el ideal para el martirologio que aún no alcanzan porque la idea de cada uno de ellos es ser los tayacancitos que sin arriesgar nada merezcan los ministerios con los que sueñan.

Que la justicia alcance a todos esos que se creen intocables será un proceso que ya comenzó con la orden de captura contra Félix Maradiaga, no me corresponde determinar desde aquí si es o no culpable, eso es un asunto de las leyes, pero todo aquel que deba responder por cualquier acto que le imputen, tendrá que comparecer, mañana, pasado mañana, más tarde o más temprano, pero tendrán que rendir cuantas porque el que las hace las paga.

Por eso les decía que esta no es una lucha contra hombres sino contra demonios y los que tenemos al Creador en nuestro corazón debemos poner a nuestra patria en sus manos y pedir que nos de sabiduría para responder con responsabilidad a la demanda ciudadana de un pueblo que grita, anda y camina por la paz pidiendo justicia en cada calle, de cada barrio, de cada pueblo de este nuestro sufrido país.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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