Opinión

Los Mata Mama

Un mata mama es el que sin asco asesina, como los alacranes, a su propia nacionalidad

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Moisés Absalón Pastora |

La palabra malinchismo se utiliza para referirse a quien rechaza lo nacional y favorece lo extranjero, mientras el vende patria es el que entrega los recursos de su país al poder externo de las potencias.

A lo largo y ancho de nuestra historia, desde nuestra independencia siempre desgraciadamente hemos tenido malinchistas y vende patria y lo peor es que siempre resultaron tener piel de Danto porque cualquier reclamo del nacionalismo siempre les resbala.

Lo peor sin embargo es ser mata mama porque una cosa es el malinchista que se babea por el extranjero o el vende patria que ve cómo una potencia despoja a su pobre país y no dice nada, que convertirte en un alacrancito cuya primera comida, después de ser parido, es hartarse a su propia madre. Es decir, si fuiste capas de devorar a quien te trajo al mundo, ser malinchista, ser vende patria, ser espía o cualquier otra cosa, es lo de menos porque después de eso, un genocidio te pudiera resultar un paseo.

Un mata mama es el que sin asco asesina a su propia nacionalidad. Es aquel que habla pestes de su país, de los ciudadanos que como él nacieron en la misma patria, es el que vive deseando que el terruño que algún día lo parió –ojalá lo hubiera abortado- sea idéntico a los enemigos de su nación por lo que prefieren hablar más como costarricenses, aunque solo tengan una semana de haberse ido o creerse más norteamericanos que nicas por el solo hecho de vivir en Gringolandia.

Me animó tocar el tema de los alacranes que son capaces de hartarse a su propia madre, los mata mama, porque transitando y revisando el inhóspito mundo de Facebook, me encontré al tristemente imberbe de Lester Alemán, rodeado de otros chatelitos, haciendo un llamado a nosotros los nicaragüenses, a este pueblo más nacionalista que malinchista o vende patria, para que apoyemos al ex campeón mundial Moisés Fuentes que será el rival de nuestro Román “Chocolatito” González en la cartelera que van a protagonizar el mexicano Canelo Álvarez y el kazajo Gennady Golovkin el 15 de septiembre próximo en Las Vegas.

Este niño, con voz de hombre, que es lo único que lo acerca al espejismo de una persona madura y que estudiantilmente no representa a nada que no sea la propaganda mediática que le han fabricado las agencias de márquetin para esculpirle una imagen que no pasa de un terrorista de nuevo cuño, dice que no hay que apoyar a Román el “Chocolatito” González, por el pecado de lesa humanidad que le imputan de ser sandinista.

Este Lester Alemán que se proclama “Salvador de la patria” porque quienes lo quieren como carne de cañón, así lo engañan, se lanza sin paracaídas, seguramente por falta de cacumen, contra un nicaragüense virtuoso, que le ha dado gloria a su país, de un atleta que mayoritariamente es admirado por todo un pueblo que lo valora por cosas que van más allá de la política o del pensamiento ideológico que el propio púgil tenga.

La gente sabe que en la vida se gana y se pierde y más aquel que después de un tiempo decidió volver al ring, para volver a empezar y para demostrarse sí mismo que puede seguir encantando al país.

Los nicaragüenses que no somos malinchistas, vende patria o mata mama, en su inmensa mayoría debemos sentirnos agradecidos de sus glorías, de sus victorias y también de sus derrotas por el ejemplo que ha trasladado a los que vienen detrás de él, de la misma forma que “El Chocolate” vino después de Alexis Arguello.

Este muchacho ya antes logró enderezar su vida a través del encuentro sincero que tuvo con Jesús de Nazaret y si él decidió reiniciar o replantear su regreso, que bien y pierde no dejará por eso de ser nuestro campeón, el muchacho admirado que dio a Nicaragua la satisfacción de tener en un momento al mejor libra por libra del mundo.

Ya antes hablé de la abundante estupidez que hay en las redes sociales, del mundo oscuro de la ignorancia que se hace expresar solo para que algunos pinten la personalidad de la que se jactan como los acémilas que son, porque hay que ser un indigente mental para desear mal a un connacional por su preferencia política cuando lo que pretende es halagar a su país, a su nación, a sus compatriotas, con una victoria más para Nicaragua.

Chocolatito González no tiene las manos manchadas de sangre, ese muchacho que viene de muy abajo no destruyó a su país, ese campeón, podrá ser sandinista, podrá ser apreciado por el presidente y la vice presidenta y a lo mejor amigo de ambos, pero nunca fue cerebro intelectual de robos, saqueos, torturas, violaciones o de cualquier acto terrorista contra la paz de éste país.

Los que se complacen llamando apoyar al contrincante de nuestro “Chocolatito” son perdedores y Lester Alemán es uno de esos que no tiene idea de lo que es el éxito; de lo fuerte que una persona por si sola puede brillar; de la capacidad de un paradigma para inspirar multitudes; del inmenso peso de la humildad para generar afectos y por supuesto de la inagotable riqueza de tener a Jesús de Nazaret en el corazón como un blindaje espiritual y divino contra la envidia; contra la frustración de aquellos que no saben hacer más que maldecir, desear el mal ajeno y querer para su país todos los males posibles porque esa es su área de confort para llamar la atención, aunque en el fondo realicen que todo ese teatro de lo absurdo que le construyó el imperio, ante el cual se regala. le terminó en una tragicomedia.

Qué triste, que repugnante, leer y escuchar a tipejos que hacen fiesta de algo tan patético como apoyar a un extranjero por encima de un nacional. Entre ellos también hay viejos y fracasados políticos que nunca dieron nada al país, que nunca dieron nada a los suyos, no a Nicaragua, a los suyos, a sus familias, al reducido núcleo en el que se mueven, que jamás aportaron al bien común; donde están sus activos, quienes los aclaman, qué otros sentimientos inspiran, ante el connacional, que no sea lástima por lo que son y por la incapacidad que tienen para aconsejar a chateles que como Lester Alemán caminan curvos por el mundo creyendo que la voz los hace hombre.

Hombre no es el que maldice a su patria, sino el que enaltece sus valores, hombre no es quien es capaz de pegar un grito al presidente, sino aquel que con humildad calla para aprender, hombre no es el que proclama una clandestinidad pública desde la vida palaciega de un hotel, sino el que asume la responsabilidad de sus acciones y de sus consecuencias, hombre no podrá ser nunca quien es pelele, malinchista, vende patria o mata mama.

Lo peor es que este remedo de hombrecito se nos propone como líder, como conductor y liberador de un pueblo que por ser libre no lo necesita y no lo quiere ni a él ni a ninguno de esos o de esas que ya lo utilizaron y que en cualquier momento como bagazo lo terminarán escupiendo contra el suelo.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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