Opinión

Nicaragua, la farsa de los derechos humanos

El diálogo espanta a quienes no pueden proponer otra cosa que la extensión indefinida de la violencia

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Nicaragua, la farsa de los derechos humanos |

Fabrizio Casari |

Empezó a Managua otra ronda del diálogo nacional, que es la mesa de negociaciones entre el gobierno y la oposición con la “mediación” de la Conferencia Episcopal, a pesar de que brinda todo su apoyo a la oposición, para la conveniencia común se le asigna el papel de árbitro.

Junto con la reanudación del diálogo, la delegación de la CIDH, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos regresó a Managua para una nueva misión en el contexto de la participación de entidades internacionales en la asistencia a las conversaciones.

La CIDH, aun más que la Iglesia, tendrá que demostrar que puede hacerlo mejor de lo que se ha visto hasta ahora, ya que presentó un “informe” ridículo de lo que sucedió en Nicaragua del 18 de abril al día de hoy. Un documento que se caracteriza por su obvio sesgo.

En 87 páginas, ni un párrafo está dedicado a la denuncia y la condena de los crímenes de las bandas de la derecha y se da por sentado y fiable le versión vendida por la propaganda de la familia Chamorro a través de sus periódicos y sus programas de televisión en contra del gobierno. Por otro lado, no es coincidencia que en sus tres días de presencia en el país, la delegación de la CIDH haya estado acompañada perpetuamente por Pedro Ramírez, exponente de la MRS. Una forma extraña de moverse sin condicionamiento y buscando la verdad.

En el “informe” no se mencionan barricadas, ataques a instituciones públicas, secuestros, torturas y asesinatos de funcionarios del Estado y pertenecientes al FSLN. Sin ningún tipo de vergüenza se invierte completamente en la dinámica y las responsabilidades de la masacre de una familia entera sandinista, que se había negado tanto a unirse a la huelga convocada por la derecha como a permitir que sus tiradores armados se instalaran en el segundo piso de la casa para disparar contra la policía. Las maras de los “estudiantes pacíficos” quemaron la casa con la familia adentro: seis muertos, incluidos dos niños.

Al leer la “relación” parecería que los sandinistas son únicos y exclusivos responsables no solo de toda violencia, sino incluso de la que los vio como víctimas. Militantes asesinados y quemados, casas y vehículos incendiados, oficinas institucionales en llamas, estaciones de policia atacadas y asesinatos de policías serían entonces, evidentemente, el producto de un síndrome general autolesionista de los sandinistas?

No se escuchó ninguna familia de las víctimas sandinistas, y mucho menos la CIDH entró en los sitio de la policía para obtener información sobre los eventos, y menos aun vieron los documentos fotográficos y videos donde hay evidencia para indicar los delitos de los terroristas encapuchados.

En esencia, según el “informe”, los atacantes son atacados, la oposición armada no existe y los únicos armados en el país son los policías y las estructuras del FSLN, cuando es evidente que la oposición política apoya directa y indirectamente a su ala militar, dirigida por el MRS y por algunas bandas criminales. Por esta razón, la “relación” ha asumido un peso relativo. Tal es su parcialidad y falta de equilibrio y objetividad, tan obvio parece ser el producto de un plan político en lugar de una encuesta diseñada para averiguar la verdad de los hechos, que la “relación” es probablemente destinada a volverse un boomerang. Que Estados Unidos, Canadá, Argentina o Colombia puedan votar en contra del gobierno nicaragüense es independiente del juicio de mérito de lo ocurrido, tanto está enraizado el prejuicio político contra los sandinistas.

Pero muchos de los países que conforman la OEA conocen la situación en Nicaragua y no creen que entre la iniciativa golpista de una minoría violenta y la respuesta de las instituciones legítimas puede darse a la primera razón y a la segunda la culpa. Sería un precedente peligroso que podría usarse en el futuro para cada escenario en cada país.

Una “relación” así concebida es esencialmente inútil a los efectos del equilibrio político interno del organismo continental cuya línea acaba de ser confirmada por su Secretario General, Luis Almagro, que reafirmó como la única solución para Nicaragua es el diálogo acompañado de reformas, insistiendo en la ruta ya prevista con Daniel Ortega en el 2017. Almagro a continuación, quiso dirigir un mensaje claro a la burguesía nicaragüense y a la derecha, señalando que “son los ciudadanos a través de elecciones que eligen los gobiernos, no las elites “.

El panorama político interno en el país centroamericano, por tanto, sigue siendo difícil, pero está emergiendo con mayor fuerza cada día el cansancio popular por el clima de violencia brindada por una derecha que por ser histérica e incapaz de construir conflicto político, sólo propaga el odio. Ahora los tranques resisten solamente en Monimbó, un barrio de Masaya, donde muy probablemente han encontrado refugio algunos de los jefes militares de las bandas, pero en su generalidad Nicaragua vive una situación general de enfrentamientos inferior a la de hace unas semanas.

Una parte de los empresarios – incluyendo Carlos Pellas y Piero Cohen – que han financiado las bandas mercenarias ya han cerrado los grifos dejando a la familia Chamorro con la mecha en la mano y esto también añade problemas y coloca a la derecha ante una confrontación interna por nada simple.

Estaba buscando el golpe, pero solo hubo vandalismo y terrorismo permanente; quería la salida del Presidente, pero Daniel Ortega se queda; quería tropas extranjeras, pero solo tuvo intromisión. Ahora no tiene una idea plausible de cómo salir del atolladero. Entiende que la solución política es la única solución y sabe que cuanto más tiempo pasa, más la población aísla los criminales y que la negativa a abandonar la violencia les hace daño, incluso se lleva más allá la fecha del acuerdo y, con él, el de las elecciones.

En vista de las cuales, además, es poco probable que los empresarios y la iglesia puedan proporcionar suficiente pegamento para reconstruir un camino político. Los liberales están divididos en facciones una contra la otra, los conservadores han sustancialmente desaparecidos y el MRS, que aun siendo ultraminoritario se ha hecho cargo de los trabajos más sucios, representará un problema y no una solución. Los ex sandinistas aspiran a ambiciones no compatibles con su tamaño, y no parece verosímil que la derecha en su conjunto vaya a entregar a los ex de cada decencia las claves de su dirección política.

A continuación, habrá que resolver con las bandas de delincuentes que han propagado el terror a las órdenes del MRS y aquí habrá que ver qué solución se encontrará, y que quién va a pagar para callarlos. Por supuesto, es inimaginable que queden impunes, así que pedirán protección a aquellos que los han financiado y dirigido.

En resumen, el diálogo espanta a quienes no pueden proponer otra cosa que la extensión indefinida de la violencia por ser completamente desprovistos de perspectiva política. La derecha no tiene un líder en el horizonte, todos son gnomos tratando de pintarse como gigantes. Y no se da cuenta de que cada día que pasa no solo no progresa, sino que construye un margen inexorablemente más amplio para la victoria del FSLN en las próximas elecciones.
mem

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