Opinión

Nicaragua, lecciones que no se han de olvidar

Para los que hoy observan imágenes de desestabilización en el país, nada más alejado de la realidad. Nicaragua es uno de los países más seguros del orbe

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La ciudad de Managua |

Alberto Corona |

Nicaragua conoce bien lo que implica un conflicto violento entre hermanos, años de guerra sangrienta han dejado lecciones que algunos parecen olvidar, sin embargo, la mayoría se empeña en recodar; solo la paz trae bienestar.

En los últimos días el país ha entrado en una espiral de violencia, más allá de si una reforma al seguro social es rechazada o aceptada por el pueblo.

Los actos vandálicos registrados en la capital y otras ciudades del país parecen más bien destinados a crear zozobra y terror en las calles, donde ya han perdido la vida al menos 10 personas, según reportes preliminares.

El diálogo, la alianza y el consenso son prácticas que el Gobierno Sandinista ha promovido en todos los espacios posibles desde que Daniel Ortega ganó las elecciones en 2007.

Como resultado de ello son tangibles los logros obtenidos por el país en todos los órdenes, incluida la inserción y participación de muchos sectores otrora relegados y, el combate contra la pobreza, una de las prioridades en una de las naciones precisamente más azotadas por ese flagelo en el hemisferio.

Crecimiento económico, expansión del comercio, índices positivos de escolaridad y salud, desarrollo energético, avance vertiginoso en infraestructuras y en el turismo, entre otras esferas, además de las sociales, culturales y medioambientales, son papables y reconocidos por diversos organismos internacionales.

Para los que hoy observan imágenes de saqueo, quemas de instalaciones, enfrentamientos a pedradas y palos en manos podrían pensar que el caos es la nota predominante, sin embargo, nada más alejado de la realidad. Basta con revisar las estadísticas. Nicaragua es uno de los países más seguros del orbe.

En este contexto no dejan de surgir preguntas como ¿quiénes o quien se benefician de la violencia y la promueven? ¿De dónde proviene tanto odio y saña entre hermanos? ¿Cuál es el objetivo del caos, acaso combatir una reforma o más bien un proyecto socialista, cristiano y solidario?

Son preguntas, entre otras, que solo los nicaragüenses podrán responderse a sí mismos. El país desea la paz, de eso no hay duda. Los llamados a la cordura y al diálogo son constantes desde diversos sectores y actores de la sociedad.

¿Entonces qué sucede? Es cierto que el país aún tiene muchas metas y objetivos por cumplir y no todos están conformes con determinadas políticas del gobierno, pero para ello hay espacios de diálogos. Que se aprovechen o no, es harina de otro costal.

Una y otra vez el gobierno ha instado a ello. El consenso y la alianza público-privada han sido claves para alcanzar los logros que hoy exhibe Nicaragua en opinión de observadores, expertos, propios y extraños.

Esa visión y estrategia política de largo aliento es lo que ha permitido, según instituciones especializadas, que el país haya crecido de manera sostenida por siete años consecutivos en torno al cinco por ciento del Producto Interno Bruto.

Asimismo, muchos recursos, de no fácil obtención, son destinados a programas sociales y económicos para sacar de la pobreza a cuanta persona sea posible, acorde con los planes presupuestales de la nación y las partidas que se destinan a esos objetivos.

Por otra parte, el clima de inversión es favorable, según reconoce la empresa privada, mientras el consumo crece y las ventas al exterior ganan cada vez más espacios.

Por ende, la imagen país ha escalado varios peldaños jalonada por un trabajo mancomunado de distintos sectores. Otra vez las estadísticas públicas sustentan esa proyección.

Sin embargo, al margen de si una reforma al seguro social es beneficiosa o limitada, ciertos grupos han decido salir a las calles en talante confrontativo.

¿Hacia dónde quieren llevar el país? “Hay lecciones que los nicaragüenses no debemos olvidar”, dijo a este reportero un hombre que se gana la vida como vigilante de un inmueble privado, cuyo nombre no alcancé a preguntar.

Quizás así piensan muchos otros ciudadanos, sin importar cómo se llamen o la ideología que profesen.

*El autor es corresponsal de la Agencia Latinoamericana de Noticias, Prensa Latina, en Managua

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