Opinión

Por una nueva historia: EEUU-Nicaragua

De esa fuente de derecho, que es el pueblo, emana la Reconciliación

Bandera de Nicaragua |

Edwin Sanchez |

I

Es tiempo de desatar el nudo formado por los dos perniciosos extremos del viejo mecate con que se ató la Historia de Nicaragua: que el país debe enfrentarse “forever” a Estados Unidos. O que Nicaragua sea por los siglos de los siglos, su “patio trasero”.

El pueblo nicaragüense no “compra” esta soga de posiciones irreconciliables. Menos que se la ponga alrededor de su cuello. Y lo ha expresado de múltiples formas: su deseo crecido de vivir y trabajar en paz, exhibiéndolo con claridad en las estadísticas y, mejor, en las calles de nuestras ciudades.

Sí, la sólida seguridad ciudadana es una construcción cívica entre ciudadanía y autoridades, todo un milagro a la orilla del Triángulo Norte –Guatemala, Honduras y El Salvador–, una de las regiones sin guerras de más alta criminalidad y violencia del planeta.

En 2016, los más de 100 mil mareros que asolan a estas naciones se encargaron de rubricar, con el fuego del poderoso armamento militar que poseen, su atroz “misión”: 16 mil homicidios.

Enfaenada en consolidar la paz, Nicaragua pasa las páginas fatales de la Historia. Así lo comprobamos mediante su rechazo al caos y las discordias. El mayor e irrefutable dato está en la realidad misma: la Reconciliación, base de la estabilidad.

De esa fuente de derecho, que es el pueblo, emana la Reconciliación. Lo que antes estaba separado, se ha armonizado. Los sectores otrora ejercitados en la hostilidad –hablamos de densidades poblacionales representativas, no de siglas deshabitadas– ahora trabajan mancomunadamente.

Es la reconciliación con los finqueros que hacen posible el gallopinto; reconciliación público-privado; reconciliación entre las principales sindicales nacionales por un proyecto de nación.

La patria de hoy y su futuro es más importante que regurgitar los enconos de ayer. Aunque es fácil atizar las malquerencias, las rivalidades, los resentimientos, obra de grandes es contribuir a la fraternidad; es ahí donde se pone a prueba de qué clase de espíritus estamos formados o deformados.

El pueblo no presta oídos a la minoría derechista radicalizada que insta a la confrontación; antes, prefiere el diálogo. El consenso. Caminar dentro de las coordenadas de la concordia. Es lo que promueve el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

Y este minucioso trabajo que se extiende tanto en la paz social como en el acuerdo económico, no es la obra de un par de manos, sino de un hermoso alimón colectivo.

II

No todo el que dice “yo soy el pueblo de Nicaragua”, lo es.

A una plaza colmada de simpatizantes del FSLN no le hace falta un letrero que diga: “Multitudes”. Pero el falso exige los mismos derechos inherentes de una certeza para apuntalar su verdad postiza.

Quienes, por ejemplo, fueron a quejarse ante doña Ileana Ros-Lehtinen, presentaron las ficticias credenciales de ser los “representantes del pueblo de Nicaragua”.

No hablan en su propio nombre porque carecen de legitimidad. Entonces, usurpan la identidad de la sociedad.

¿A qué “pueblo” se refiere doña Ileana, cuando dice que “quieren darle esperanza y optimismo… y esto es lo que el proyecto de Ley Nica Act hace”? ¿En qué momento el pueblo de Nicaragua fue a pedirle “favores”?

Confundir adrede al Politburó de la Soledad con el pueblo, es atentar contra la Democracia.

III

Los congresistas deberían, antes de franquearle el paso a la sandinofobia de doña Ileana, y su personal Guerra Fría contra Nicaragua, analizar la Historia del país centroamericano.

En consonancia con el General Augusto C. Sandino que nunca odió al país de las barras y las estrellas, nuestra nación aspira a desarrollar unas relaciones de respeto y colaboración mutuas con Estados Unidos. Y eso es muy distinto a los que los amigos de doña Ileana pretenden.

Desde los tiempos del presidente Franklin Pierce (1853-1857), que reconoció como su “homólogo” en Nicaragua al filibustero William Walker (12 de junio de 1856), nuestro país ha sido castigado, y sin culpa, más de la cuenta. Y como si nada hubiera acontecido, doña Ileana y Cía. intentan prolongar el sufrimiento del pueblo nicaragüense.

Lo que el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, describió a inicios de 1983, resume la tragedia de un pueblo. No era que Nicaragua entrenaba, armaba y financiaba en Canadá y México a estadounidenses descontentos con su gobierno.

“En aquel momento era casi de dominio público que Honduras se estaba prestando como base para una invasión de opositores a Nicaragua, entrenados y abastecidos por Estados Unidos, a pesar de que el presidente, (Roberto) Suazo Córdova, se había comprometido ante el mundo a que su país no levantaría nunca un arma contra sus vecinos”.

“Al sur, la democrática y pacífica Costa Rica”, su presidente, Luis Alberto Monge, “le dijo por aquellos días a un diplomático que la situación económica de su país era tan desesperada que no encontraba cómo resistir la presión de Estados Unidos para que tuviera una participación beligerante en aquel pleito infernal de vecinos”.

Recordamos ese estado de cosas porque estas políticas desataron un masivo éxodo a Estados Unidos, aparte de las fracturas económicas, sociales y políticas, de las que apenas nos estamos recuperando.

Manufacturar tensiones inútiles entre Estados Unidos y Nicaragua, que le salen sobrando al mundo, y sobre todo en un país muy estable y seguro, que ya hace tiempo le dio un rotundo adiós a las armas, no es justo ni racional.

La cordura y la sensatez deben privar tanto allá como acá. Las mayorías no quieren un enfrentamiento perpetuo con la Unión Americana, ni mucho menos reciclar los vergonzosos capítulos cuando los célebres invertebrados, Adolfo Díaz, Emiliano Chamorro e ídem, causaban pena ajena en el Capitolio.

Pasar del Tratado Chamorro-Bryan al Tratado Nica-Act, además de no corresponderse con la grandeza de la patria de George Washington, ningún beneficio aportará a los dos países, sino todo lo contrario.

Al contar con menos recursos, nuestra nación quedaría más expuesta a los cárteles y las maras. Ninguna de estas legiones de demonios tiene su base hoy en Nicaragua.

Al final, la propuesta de la señora Ros-Lehtinen lo que haría es disparar geométricamente el catálogo de países peligrosos: en vez del Triángulo, hablaríamos del Rectángulo Norte y su consecuente ola migratoria.

Recuerden: la droga se pasea sin necesidad de visa hasta los Estados Unidos, y aquí se hacen esfuerzos para cortar –casi en las fronteras de lo imposible– los incesantes flujos del alcaloide que envenenan sin piedad a sus consumidores en Norteamérica.

Dios rompa toda atadura del mal y que bendiga una Nueva Historia entre EEUU y Nicaragua.
mem/es

 

también te puede interesar

Bandera del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)

CIRCULAR / JEFATURA NACIONAL DE CAMPAÑA

Como [email protected], como Gran Familia, como Familia Sandinista, Vamos Adelante, EN AMORANICARAGUA, y Siempre Más Allá!