Opinión

El triste papel de vivir del resplandor ajeno

La derecha sabe que en el radar del pueblo de Nicaragua no aparece ni como una titilante luz

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Bandera de la República de Nicaragua |

Edwin Sanchez |

Mientras hay una “química muy positiva” entre los estelares de la Casa Blanca y el Kremlin, un ínfimo grupito de ultraderecha, con tal de llamar la atención, salió con su macartismo trasnochado al mejor estilo del somocismo.

Desubicados en el tiempo, invocaron la desaparecida Guerra Fría y “alertaron” sobre las relaciones que como país soberano Nicaragua mantiene con Rusia.

En su desesperación, ni siquiera supieron escoger un “mejor” momento para inocular sus odios antiguos, porque lo hacen cuando el efecto Trump-Putin, trasla cumbre del G-20, oxigena un clima distinto al esperado por los tóxicos émulos de Joseph Raymond McCarthy.

El Secretario de Estado, RexTillerson, testimonió que los dos líderes “conectaron de forma rápida y claramente tuvieron una química muy positiva”.

El mismo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, retomó el tema de su diálogo extendido, más de lo usual, con su homólogo Vladimir Putin. En la cadena Christian Broadcasting Network (CBN) confirmó que se lleva “muy, muy bien” con el Jefe de Estado ruso.

“Hay gente que dice, ‘no deberían entenderse’. ¿Quiénes son las personas que dicen eso? Pienso que nos llevamos muy, muy bien”, subrayó el 45 Presidente de EEUU, en los reportes del histórico encuentro.

“Somos una potencia nuclear tremendamente poderosa, y ellos también lo son. No tiene sentido no tener algún tipo de relación”, sostuvo Trump.

Sí, tampoco tiene sentido la cacería de brujas chapiolla que ahora la minúscula ultraderecha quiere hacer en Nicaragua. Pero ese ha sido su comportamiento: acercarse al brillo de los otros, para poder ser vistos.

No hace mucho, al inventar esta “coalición”, el llamado FAD se estrenó fustigando a la Organización de Estados Americanos para ganar notoriedad.

La razón es clara. La derecha cerril en sus diversas presentaciones, ora movimientos tiesos, ora “soledad civil”, sabe que en el radar del pueblo de Nicaragua no aparece ni como una titilante luz.

La ciudadanía, al saber del daño a que se expone con esta especie de radicales libres que afectan el cuerpo de la derecha, los redujo a la inanidad, demostrando de paso que la nación goza de una saludable estabilidad.

De ahí que esta derecha radicalizada, al no pintar para nada entre la verdadera Nicaragua y la realidad que no viene envuelta en papel periódico, como todo perdedor denigra a la República soberana y a la vía más potable para elegir gobiernos: la democracia. Porque codician una hecha a su medida, donde solo ellos y nada más que ellos sean los triunfadores.

Dicen, por ejemplo: “No hay, hasta ahora, ningún cambio en las condiciones del sistema electoral, que nos garantice a los nicaragüenses (en realidad solo se trata del FAD) que podremos, libremente, sin presiones ni amenazas, ejercer nuestro derecho a elegir y ser electos”.

Multitud ficticia

Su “amplia representatividad” no supera ni el 0.2% de la simpatía nacional. Pero aun así, con ese nano-porcentaje patético, usurpa el nombre de Nicaragua para darse un baño de multitud ficticio y legitimar sus falacias.

Si los fragmentos desérticos arremeten contra la OEA, el pueblo de carne y hueso –a medida que se acercan las elecciones municipales– valora más el acuerdo entre la institución y Nicaragua.

M&R Consultores indicó que el apoyo cívico ascendió del 74.1% a 83.5% entre abril y junio de este año. Esto es una prueba de la confianza en el proceso electoral.

Solo dos de cada 10 consultados suponen que no saldrá ningún beneficio del Memorándum de Entendimiento Nicaragua-OEA.

La hiperderecha como bien sabe que no genera entusiasmo popular sino apatía; no moviliza a nadie, sino el rechazo ciudadano, se cura en salud, fustigando los comicios, al organismo hemisférico, y ahora intentando meter ruido con las relaciones diplomáticas con Rusia. Todo por no arriesgarse a cosechar en las urnas, su calamidad política.

Claro, quieren que desde el exterior, y por supuesto grupos de su condición, les hagan el “volado” de ganar sin los votos de la ciudadanía, por encima de lo que mandata la Constitución.

Ningún sistema electoral en el mundo es una obra acabada. Precisamente, la Vicepresidenta Rosario Murillo destacó que el “Memorándum de Entendimiento general tiene que ver con la contribución de la Organización de Estados Americanos en la continuidad de la búsqueda de perfeccionamiento de nuestras Instituciones y de nuestro Sistema Democrático”.

En Nicaragua, cuando la derecha gobernó el país, las justas comiciales no siempre fueron justas.

El Frente Sandinista reconoció tres derrotas presidenciales al hilo, aun cuando el árbitro mostró un desprecio a la voluntad del soberano con sus terribles fallas en el manejo y control de las urnas y sus resultados.

Además, bajo la presidencia de la doctora Rosa Marina Zelaya, impuso el silencio sobre las innumerables irregularidades y hasta manufacturó diputados por su cuenta, sin que el pueblo supiera, en 1996, cómo es que habían amanecido con una curul.

Pero los que ahora se rasgan las vestiduras por cualquier cosa, aplaudieron aquel desastre electoral. “La democracia salió fortalecida”, dijeron en coro porque “ganaron”.

Hasta los observadores internacionales atestiguaron que los comicios, contrario a lo que hoy proclaman sus gurús, no fueron pulcros.

El comandante Daniel Ortega reveló, 20 años después, que “al día siguiente de las elecciones de 1996, en una reunión en la Secretaría del Frente con el expresidente de Costa Rica, Oscar Arias, César Gaviria, y otros observadores del Centro Carter y de Europa”, él cuestionó el proceso.

El señor Arias le dijo: “En cualquier otro país estas elecciones tendrían que volver a realizarse”, pero “el Frente debía aceptar los resultados”.

A los ahora “apasionados” amantes del Estado de Derecho, entonces solo les preocupaba el Estado de la Derecha: no perder el poder.
mem/es

 

 

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