Opinión

El 4 de julio y Nicaragua

En la libertad de escoger el destino nacional, está la base de la Democracia

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El 4 de julio y Nicaragua |

Edwin Sanchez |

I

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos es, también, salvando los espacios y los tiempos, la lucha de Nicaragua.

Los Padres Fundadores resolvieron “Que estas Colonias Unidas son, y deben serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; que quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar totalmente disuelta; y que, como Estados Libres o Independientes, tienen pleno poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes”.

En la libertad de escoger el destino nacional, está la base de la Democracia. Precisamente por no conformarse a ser colonia, triste patio trasero, Nicaragua ha sufrido a lo largo de los años de supuesta independencia.

La potestad de ser un Estado Independiente, razón fundamental de la Declaración del 4 de Julio de 1776, no significa constituirse en un peligro para nadie. Es el reclamo justo al derecho inalienable a la autodeterminación de un pueblo.

Si hay grandeza en el objetivo común de los independentistas estadounidenses, lo hay también en los patriotas nicaragüenses: lo que las colonias unidas demandaron a sus “hermanos ingleses” es lo mismo que ha hecho Nicaragua, con buena caligrafía y despacio, hasta que “los héroes no dijeron que morían por la patria, sino que murieron”.

De diversas formas, a través de los tiempos, en muchos de los escritos y manifiestos de Rubén Darío, Augusto César Sandino y del Frente Sandinista, subyace el espíritu que anida en el Acta del 4 de Julio:

“Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad. Debemos, pues, convenir en la necesidad, que establece nuestra separación y considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas: enemigos en la guerra, en la paz, amigos”.

II

El General Sandino fue un digno y ejemplar guerrero – pensador contra lo que no debió ocurrir, por respeto al 4 de Julio: la ocupación estadounidense. George Washington mismo lo hubiera admirado.

El fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca, hizo una recopilación que nos indica que una democracia como la norteamericana debe apegarse más al acto fundacional del país y no manifestarse contrario a su Constitución: el reconocimiento a los otros y sobre todo a los débiles.

Nuestra experiencia al pie de los hechos, no de la letra constitucional, es que la grandeza del país de las barras y las estrellas fue disminuida por las falsedades, patrañas y maldades anexas, en una perversa retroalimentación de distorsiones y ruindades entre los vendepatrias nicaragüenses y sus mentores.

Ese injerencismo mientras se alejaba años luz de Jefferson, Franklin, Hamilton, Madison y Jay, más  multiplicaba su oscuridad sobre el siglo XX, hasta entrado el XXI. Ello dio origen a respuestas patrióticas y a suspicacias no sacadas del sombrero de algún mago izquierdista, sino de la experiencia histórica.

“Palabras de Calvin Coolidge,  presidente de Estados Unidos (1923-1929): ‘En la actualidad solamente quedan en el país (Nicaragua) algunas partidas de bandoleros, gentes fuera de la ley, que son perseguidos activamente por las autoridades’”.

“Henry L. Stimson, delegado personal de Coolidge: ‘Por informes de otras procedencias y por las que me suministró Moncada, he llegado a la conclusión de que Augusto César Sandino es un hombre que siempre vivió del pillaje’”.

“Palabras de Frank B. Kellogg, Secretario de Estado del gobierno Coolidge: “No son más que bandidos comunes’”. (CF, Obra Fundamental, pp. 61-62)

III

Empero, el guerrillero no combatió por aborrecer a los norteamericanos, ni siquiera por rencor, a pesar de las infamias de los presidentes Coolidge y Herbert Hoover (1929-1933). Esos malos sentimientos nunca fueron izados como banderas de la Causa Sandinista.

“Y francamente hablando –continúo el General– Nicaragua fue un país maldito para los marinos, para el Secretario de Estado Mr. Stimson, para el Almirante Sellers, para el General Logan Feland, para Mr. Knox, para el Presidente Hoover… Sin embargo, se lo digo de corazón, los marinos no tenían la culpa, soy el primero en reconocerlo, pues como mi amigo Montenegro de quien le hablé, ellos solamente venían obedeciendo órdenes. Si el pueblo de los Estados Unidos hubiera visto a sus muchachos muriendo tristemente, sin gloria, sin honores y sin saber por qué, jamás el pueblo norteamericano habría permitido que esos bravos muchachos vinieran a enlodar sus uniformes conjuntamente con el prestigio de esa gran nación aquí en las selvas y pantanos de Nicaragua.

“La verdadera culpa fue de los políticos y de los diplomáticos que jamás dijeron la verdad, excepción sea hecho del Embajador Willard Beaulac que vio los toros de cerca, en Nicaragua” (Maldito país, José Román).

IV

La conmemoración del 241 aniversario de la Independencia de la Unión Americana amerita una reflexión sobre lo que ha significado el costo de Nicaragua por obtener las mismas conquistas de las 13 colonias.

En esa traumática relación de Estados Unidos con Nicaragua, la matriz que produjo términos y frases como “bandolero”, “pillaje” y “fuera de la ley” con que se acusó al general Sandino los sustituiría después por “comunistas”, “pro Moscú” y “fuera del Estado de Derecho” para imputar por igual al Frente Sandinista. Es la más irrefutable validación de la autenticidad del Sandinismo liderado por el comandante Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo.

Esa historia deja una lección: que la democracia para que roce la perfección, debe ser una prolongación del Acta de Independencia. No basta la división de poderes internos, sino la separación del poderío norteamericano de lo que el exsecretario de Estado, John Kerry, dio por fenecida en noviembre de 2013: la Doctrina Monroe.

Durante la festividad patria en Managua, en la que participaron autoridades del gobierno sandinista como el canciller Denis Moncada y demás invitados, la embajadora de Estados Unidos, Laura Dogu, dijo: “Todos los que vivimos en este hemisferio dependemos los unos de los otros. Esta dependencia requiere que dejemos atrás nuestras diferencias históricas. Y que trabajemos juntos por un futuro próspero, seguro y democrático para todos. Cada uno de ustedes contribuye a este proceso”.

Inglaterra dejó atrás sus diferencias históricas con el país americano. Pero, ¿qué hubiera sucedido si el Imperio Británico responde a sus antiguas colonias con una USA-Act?

De seguro George Washington estaría más serio que su propia efigie en el dólar.
mem/es

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