Opinión

La Buena Nueva de Nicaragua al mundo

No es lo mismo gobernar un país de verdad que una República de membrete

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Juventud sandinista |

Edwin Sanchez |

Nicaragua ya no es el periódico de ayer, aunque haya una minoría radical que aún prefiere vivir y actuar desde aquellas amarillentas páginas del pasado. ¿Por su propio negocio político? ¿Por sus amarguras? ¿Cuál es la ganancia de repudiar el presente?

En contraste, pocas veces se hace un análisis sucinto de la historia, sin quedarse varado en ella. El presidente de la República, Daniel Ortega, dijo durante la reunión de la Asociación de Cámaras de Comercio de América Latina y el Caribe, (AACCLA), que sufrimos una “historia de siglos de confrontaciones”. Que no se inicia en julio de 1979.

El Comandante Ortega al recordar la vieja historia le dice al mundo que la sociedad de Nicaragua no está habitada por estatuas de sal: “Y entendimos todos, todos entendimos, los Trabajadores entendieron, entendieron los Productores, entendieron los Empresarios, que era necesario fortalecer esa Reconciliación y llevarla al campo del desarrollo del País”.

El resurgimiento de Managua, la recuperación del Lago Xolotlán y el casco histórico, la nueva fisonomía urbana de León, Estelí y Matagalpa, los nuevos ambientes de San Carlos, Río San Juan, entre otros lugares, avalan lo dicho por el Presidente. Y esto sin incluir los desembolsos del Banco Interamericano de Desarrollo, y Banco Mundial que se aprecian en una magnífica red vial asfaltada. Al entrar el Gobierno Sandinista en 2007 era solo de 2 mil 440 kilómetros. En 2016 se extendió a 4 mil 113 kilómetros.

“Nos impresionan mucho las carreteras, las autopistas. Ustedes tienen muchos avances que envidiamos”, comprobó en un medio local el empresario panameño Thomas Kenna, presidente de AACCLA.

El mensaje del comandante Ortega también lo ha visto Carlos Gutiérrez, ex-Secretario de Comercio de los Estados Unidos: “me gusta mucho el modelo entre empresas, gobierno y el sector laboral, creo que está llevando por el bien a Nicaragua, ya que se ve el equilibrio entre el sector privado fuerte y al mismo tiempo la inversión en salud y educación”.

“Aquí en Nicaragua hay continuidad, un compromiso firme del gobierno, es decir, todo lo que se pueda hacer para que las empresas sientan que el capital está protegido”.

Estas son las Buenas Nuevas tangibles de Nicaragua, la tercera economía de mayor crecimiento en el subhemisferio. Y esto no se logra con el cultivo de los enfrentamientos ni con las malquerenciasque se fermentan a través de discursos radicales que solo desintegración prometen, práctica muy común entre las minúsculas siglas hiperderechistas. Construir es lo más difícil. Crear un camino sobre las antiguas trincheras y las “modernas” diatribas de los politiqueros, es complejo.

La dirigencia del FSLN, comandante Ortega y la escritora Rosario Murillo, trata de generar una cultura superior más allá de los formatos vacíos de una democracia limitada a los ritos quinquenales y de las instituciones que durante las administraciones anteriores no contribuyeron al bienestar común. No es lo mismo gobernar un país de verdad que una República de membrete.

A quienes andan por derroteros inéditos los tratarán de apedrear aquellos que están enfrascados en reimprimir hasta la hemeroteca entera –incluido el periódico de William Walker–, para vocearla con la portada de sus enconos más viscerales: guerras, prisioneros políticos, destierros, desaparecidos, dictadura, etc. Pero todo eso quedó muy atrás, aunque los extremistas hayan actualizado sus odios.

Por no quedarse en los atolladeros de la historia es que nuestra patria recibe muy buenas notas de los organismos internacionales que evalúan el desempeño económico. De ahí la capacidad de las autoridades nacionales, los empresarios y trabajadores para forjar el diálogo y el consenso.
Este Modelo, dijo el comandante Ortega, “cada día echa más raíces en Nicaragua, y cuando conversamos con empresarios que vienen de otros países me preguntan: ¿Cómo han hecho, cómo es que han hecho posible esto? Les cuesta entenderlo”.

No existen las naciones perfectas ni las instituciones impecables. Hasta el presidente Donald Trump clamó “Hagamos (Estados Unidos de) América grande otra vez”. Esto es algo aceptado por la gente sensata. No obstante, reconocer las imperfecciones no significa resignación, porque siempre se deben mejorar las cosas.

La derecha conservadora que no acepta el éxito por haberse quedado anclada en una “Guerra Fría” de segunda mano, es lo que precisamente destacó el presidente de AACCLA: “Esas relaciones público privadas son importantes cuando existe la confianza. En Nicaragua tienen recursos, riquezas, tienen belleza; tienen todo lo que cualquier empresario inversionista quisiera”.

Michael Cobb, Presidente del grupo Gran Pacífica, ajustaba cuatro años de haber iniciado sus espectaculares negocios en el país cuando triunfó el FSLN. Diez años después, en noviembre pasado, testimonió en el 19 Digital: “Nicaragua es un país increíble para los inversionistas, y los jubilados (de Estados Unidos) dicen que Nicaragua es el país que más protege a los inversionistas en América Central. Entonces es verdad, en mi experiencia de mi compañía Nicaragua es un buen país para inversión y negocios”.

Nuestra nación hasta el sol de hoy es muy distinta. Si 20 años no es nada para Carlitos Gardel, diez con logros son muchos en Nicaragua, cuando se ha padecido “siglos de confrontaciones.

Algunos aún no se acomodan a que la paz –aburrida de ser una palabra perdida en los diccionarios y de poco uso en los contextos de muchos países– ahora sea parte esencial de la vida cotidiana nicaragüense. Les causa escozor admitirla, a pesar de disfrutar de sus invaluables beneficios.

La clave es la Reconciliación. El comandante Ortega, a poco del 19 de Julio, lo dijo con 19 palabras: “Entendimos todos que Nicaragua no era para un grupo, o para otro grupo, sino que Nicaragua era para todos”.
Dios, en el nombre de Jesús, bendiga Nicaragua.
mem/es

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