Opinión

Preparan contra Trump gran fábrica de indocumentados

La nación goza de la paz y de un envidiable clima de negocios y de seguridad ciudadana

p9w61jrc
migrantes mexicanos | Intolerancia Diario

Edwin Sanchez |

Si el gobierno de los Estados Unidos y el Congreso hacen las debidas cuentas, el inmenso éxodo de mexicanos y centroamericanos no incluye a Nicaragua. En el drama de los niños inmigrantes, tampoco figuraron criaturas nicaragüenses. Y, en comparación con otras comunidades latinas, la cantidad de compatriotas sin sus papeles en regla es relativamente escasa.

Los cárteles de la droga, las maras, el alto índice de criminalidad, la pobreza secular, la deteriorada situación económica son detonantes del flujo migratorio incontrolable de esos países hacia la Unión Americana. Y de riesgosas crisis nacionales.

Los últimos sondeos de opinión precisan que más del 60% no quiere irse de Nicaragua, en un subhemisferio donde son contadísimas las naciones cuyos pobladores prefieren quedarse en vez de buscar oportunidades en otras tierras.

Aunque la derecha extremista en sus (des) informes intente silenciarlo, Nicaragua en el segundo periodo del presidente Daniel Ortega registró un notable crecimiento económico, en medio de un panorama regional nada óptimo. De hecho, es la tercera economía de empuje en Latinoamérica y el Caribe.

El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), José Adán Aguerri detalló: “Cuando revisamos los números desde esa fecha (2011), el promedio de crecimiento de Nicaragua ha sido de 5 por ciento que es 2.8 veces mayor que el promedio de crecimiento de la región en ese período que fue de 1.8 por ciento”.

Además, la nación goza de la paz y de un envidiable clima de negocios y de seguridad ciudadana –7 homicidios por cada 100 mil personas– que se traducen en una sociedad estable y un formidable destino turístico.

A fines de abril, el Subcomisionado Leonardo Ortega, de la Policía Nacional de Honduras, testimonió: “En Centroamérica deberíamos de replicar las experiencias que tiene Nicaragua en el control de la criminalidad, porque tiene los índices más bajos de la región”.

Sin embargo, todo esto podría cambiar drásticamente. Al grave problema con las diásporas latinoamericanas, de refugiados sirios y de otros puntos candentes del planeta, se le tendría que abrir dos frentes perturbadores al presidente de Estados Unidos, Donald Trump: la nueva gran fábrica de indocumentados llamada Nica Act, y un país desestabilizado a control remoto.

Ese instrumento, cuya madre es Ileana Ros-Lehtinen, cortaría los flujos de financiamientos de organismos internacionales.

Álvaro Rodríguez Zapata, presidente de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua, (Amcham) advirtió en enero pasado a un medio local: “El país va caminando y esperamos que no venga la ‘Nica Act’, porque entorpecería el desarrollo que llevamos (…) esto sería un daño total al pueblo de Nicaragua, no traería ningún beneficio al país”.

Técnicas fascistas

El Congreso de Estados Unidos no debe dejarse engañar por un grupo de nicaragüenses que se han embarcado, como diría el gran escritor estadounidense, Herman Melville, en la empresa de representar con todas sus artimañas, el caos maldito en Nicaragua.

Por más que los discípulos de los dos Josephs más tenebrosos de la historia, McCarthy y Goebbels, quieran desinfectar la Nica Act con sus técnicas fascistas, más bien aumentan su vileza: justificar el ataque a la soberanía nacional.

La misma romería de políticos extremistas, abiertos y encubiertos, al despacho de la señora Ros-Lehtinen, se basa en las malas artes de Goebbels, comenzando con el Principio de la verosimilitud:

Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

La mala noticia es que estos políticos carecen de representatividad. Peor, no generan ninguna confianza en la población. Juntas, las distintas siglas deshabitadas suman un patético 4% de simpatía nacional.

Al no convencer, recurren a la falacia de acusar al Frente Sandinista de “fragmentar y arrinconar a la oposición”, establecer un “partido único” e inventar, entre tantas falsedades, una mentira de mayor calado: que Rusia “se apoderó de Nicaragua”.

La derecha radical, en sus diversas presentaciones, acelera además el “Principio de orquestación”. Con “los amplios sectores”, integrado por los mismos cuatro de siempre, martilla los temas “democracia, derechos humanos y libertad de prensa”.

Goebbels dijo que “si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”. Por eso manda: La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.

El Principio de la silenciación. Los goebelianos silencian, por ejemplo, las palabras del oficial principal de operaciones del Banco Mundial, Raúl Barrios Gutiérrez. En febrero pasado ponderó la eficacia del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional: “Nicaragua, me atrevo a decir, es número uno en Latinoamérica en velocidad de desembolsos. Eso quiere decir que dinero que está entrando a este país se está poniendo a trabajar”.

Les duele que las Agencias Calificadoras de Riesgo, Moody’s, Fitch, y Standard & Poor´s, hayan destacado el 24 de abril “la Estabilidad Macroeconómica de Nicaragua y la capacidad que tiene nuestro país para enfrentar riesgos”, como anunció la Vicepresidenta Rosario Murillo.

Y, sobre todo, al no poder ocultar el acuerdo entre el Gobierno con la Organización de Estados Americanos, denigran la hoja de ruta para el fortalecimiento institucional y el perfeccionamiento del sistema democrático.

El principio Nazi ordena: Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Es de reconocer que los discípulos chapiollos de Goebbels han contribuido con sus “valiosos” aportes a este nefasto principio, al agregar la lapidación mediática.

Una de las principales víctimas de la hiperderecha es el Secretario General, Luis Almagro. En esa ola de pasiones hepáticas, uno de sus voceros y “exdiplomático”, lo tildó hasta de “dócil, tonto…”, por firmar el Memorando de Entendimiento (“La Prensa”, 10 de marzo).

La otra víctima es el presidente de Amcham, Álvaro Rodríguez. El “delito”, decir la verdad:

“El presidente Daniel Ortega ha mantenido un país estable, ha mantenido la seguridad ciudadana y ha logrado mantener la estabilidad económica y todo eso son síntomas que el país es apto para que los inversionistas puedan venir tranquilos a invertir a Nicaragua”.

Fue “hallado culpable” por el tribunal inquisidor: editoriales, caricaturas, declaraciones, entrevistas, comentarios, rasgaduras de vestiduras del anterior dirigente, etc. Una repetición de lo sucedido a Galileo Galilei en pleno siglo XXI.

Nunca fue más justa la frase: “Eppur si muove”… Nicaragua.
mem/es

también te puede interesar