Opinión

¿Por qué en otros países los periodistas son neutrales con protestas?

Los periodistas se formaron para transmitir lo que sucede –en tanto es relevante–, no para transmutar en acaecimiento lo que jamás ocurrió

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Periodismo |

Edwin Sanchez |

I

El Parlamento Europeo apuntala, como si fuera palabra de Dios, una falsificación: “Manifestantes de Nicaragua se reunieron en la capital, para rechazar al Canal Interoceánico”. ¿Por qué se le fabrica una resonancia nacional? ¿Cuál es el interés de darle cuerda a los embustes?¿Quiénes las difunden?

Cuando el discurso político no tiene densidad demográfica que la valide ni mapa que lo sostenga, hay quienes desde ciertos medios tratan de remediarlo para dar paso al peor enemigo del periodismo: la mentira. Y no es dirigida propiamente a cualquier público, sino a centros de poder de las metrópolis. Ellos se encargarán de reciclar las falacias.

Las firmas que con regularidad hacen investigaciones del palpitar nicaragüense, al dar los resultados que no concuerdan con las falsedades de la minoría de extrema derecha, son censuradas o difamadas. De ellas, no se dice, se mal dice.

¿Qué sucede cuando esos diagramas circulares que detestan los políticos cuadrados en su radicalismo, son expuestos no precisamente bajo el palo donde acusan a las empresas de elaborar las encuestas, sino del sol?

Desde hace algún tiempo, la derecha conservadora ha contado con una aplicada prensa que les exporta su relato y la blinda con una representatividad irreal ante naciones poderosas. Prensa se dice ahora a la propaganda, donde la veracidades lo de menos.

Aquí salen cuatro personas o un centenar –contribuyamos concinco–, y los partidos deshabitados y coaliciones colisionadas se arrogan el nombre del pueblo de Nicaragua; el corresponsal, inclinado a sus enfoques, en vez de informar, copia lo que dictan los líderes de papel periódico.

Los periodistas se formaron para transmitir lo que sucede –en tanto es relevante–, no para transmutar en acaecimiento lo que jamás ocurrió. La derecha conservadora no tiene capacidad de producir acontecimientos; si estos van por otro lado, ese no es un problema que debe resolver el redactor, desinformando.

A falta de actos notables de la hiperderecha, solo queda el discurso, la conferencia de prensa, la peregrinación semestral ante doña Ileana Ros-Lehtinen, la línea editorial y algún púlpito que los unja. La “gran oposición democrática” no luce bien en las plazas, pero modela muy “hermosa” en las pasarelas mediáticas.

Las menguadísimas protestas de los miércoles fueron convertidas por los “alquimistas” de cierta prensa en lunas llenas que a nadie iluminaron.
Inventaron una “verdadera oposición” (des) compuesta por partidos desérticos, con personajes que aportan multitudes pero de sombreros: ora analista, ora politólogo, ora historiador, ora experto, ora líder del movimiento tal, ora ex diputado…¡Ora pro nobis peccatoribus!, ¡Ora por nosotros, pecadores, Virgen de los Peligros!

II

En otros países, los periodistas ofrecen las coordenadas completas de una manifestación.

El 22 de enero, el portal 20 Minutos y otros detallaron: “La Marcha de las Mujeres sobre Washington ha colapsado la capital de EE UU. La plataforma organizadora ha cifrado en más de 500.000 los participantes en esta gran manifestación convocada al día siguiente de la toma de posesión de Donald Trump para reivindicar los derechos de las mujeres. La cifra ha sido recogida por el vicealcalde para Seguridad Pública y Justicia del Distrito de Columbia, Kevin Donahue.

“Otro dato lo aporta el Metro de Washington D.C., que informa de que se han producido 275.000 viajes hasta las 11.00 horas, hasta ocho veces más que en un sábado corriente y supera incluso a las cifras de un día laborable. Además, supone un incremento significativo con respecto al día de la toma de posesión de Trump, cuando se registraron 193.000 viajes a la misma hora…”.

Eso es periodismo. Informar a la audiencia no solo con la fuente interesada sino con otras, objetivas, que retrataron con mayor fidelidad una jornada viviente, no precocinadapor los empresarios de la prensa.

En Nicaragua, el “periodista” asume como artículo de fe lo que dicen los organizadores, sin preocuparse en reportar cuántos, realmente, asistieron a su “masiva” convocatoria, como sí se hace en Argentina.

La Vanguardia publicó: “En Buenos Aires la marcha de mujeres tuvo escasa convocatoria y apenas unas 100 personas se congregaron frente a la embajada estadounidense en el barrio de porteño de Palermo para secundar la multitudinaria manifestación de Washington”. Queda claro la diferencia entre fracaso y multitudes, representatividad y usurpación.

En Lisboa los periodistas no contaminaron sus despachos noticiosos: “varias decenas de mujeres se concentraron ante la sede de la embajada estadounidense para unirse a la llamada Marcha de las mujeres”.

Si vemos bien, el periodismo goza de buena salud cuando refleja lo que pasa y lo que pesa el suceso, no su preferencia política o social: “En París otros 2.000 manifestantes se reunieron en apoyo a la ‘Marcha de las Mujeres’ de Washington, convocados por el movimiento francés ‘Osez le Feminisme! (‘Atrévete a ser feminista’), cerca de la Torre Eiffel”.

En Sidney, Australia, los organizadores vieron 5 mil; la Policía, 3 mil. Y el corresponsal tuvo el suficiente sentido común de evitar el salto de canguro de convertir esta modesta demostración –enuna ciudad con más de 4 millones de almas– en un rechazo continental al Presidente de Estados Unidos.

III

En ninguna de estas corresponsalías faltó el periodismo. Los profesionales de la comunicación, bien se aprecia, carecen de la manía de hiperbolizar, distorsionar, adulterar. Se cuidan de no emitir sus criterios mediante la imprecisión, las generalidades y la omisión.

Quizás por eso el Parlamento Centroamericano no dispone de los “elementos necesarios ”para emitir una resolución que reclame mejorar la democracia europea o no discriminar a las minorías por su color de piel.

Hasta ahora, nadie redactó: “EE.UU.: ¡No a Trump!”, y eso que era medio millón solo en Washington. O “informar” que por 2 mil personas: “Francia detesta a Trump”. O “confundir” la albiceleste nación con las 100 personas del plantón en la capital del tango, para llevar el periodismo cuesta abajo y de rodada: “Argentina se une a condena mundial”.

¿Cuál es el miedo, en Nicaragua, de reportar con objetividad a la “verdadera oposición” solitaria? ¿Por qué ocultar sus tristes cifras documentadas por la vida? ¿Por qué no hacen su trabajo como sus colegas en Washington, Buenos Aires, Sidney, Lisboa o París?

Es cierto que “En Londres cerca de 80.000 personas participaron en una marcha hasta la céntrica plaza de Trafalgar” (Portal El Español),pero tampoco se llegó al embaucamiento de forzar la “noticia” del “Reino Unido contra Trump”.

Si en Managua 300 personas o unas 2 mil, cuando vienen de todo el país, proclaman su inconformidad por el Canal Interoceánico, hay quienes son capaces de lanzar al mundo el infame engaño “Nicaragua protesta”. Callan que muchos campesinos son manipulados por grupúsculos políticos, como ha denunciado el Obispo de la Diócesis de Chontales y Río San Juan, René Sándigo.

Lo peor de todo es elevar la patraña de “Nicaragua Vs. Canal” a “Informe”. Así no solo se atropella la verdad, sino que se asfixia, diría Gabo, “el mejor oficio del mundo”.

Aunque los empresarios se empecinen en desnaturalizar la prensa por subordinarla al negocio o degradarla en tribuna política, reconozcamos esto: la realidad inventó al periodismo y aún lo mantiene vivo.

Nunca fue al revés.
Mem/es

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