Opinión

¿Por qué no debes dejarte matar por una mujer?

Las combatientes kurdas dejan sin sexo a los extremistas islámicos

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Mujeres combatientes kurdas que combaten al Estado Islámico | TeleSurTV

Manuel Segovia |

Quizás el sexo lo llevó a la guerra, o para precisar y decirlo como debe ser “la necesidad de garantizar el sexo en la otra vida lo llevó a la guerra”. Parece que no se entiende, mas no es un acertijo y mucho menos una frase para atraer lectores. Es real.

A la hora de reclutar combatientes para el Estado Islámico (EI) se les promete buen salario, buena posición material, ascensos, emociones, y sobre todo: sexo, mucho sexo. Y no con mujeres mayores, feas, gordas, viudas, divorciadas. Nada de eso.

La reflexión surge debido a una declaración aparecida en algunos diarios británicos y estadounidenses acerca de las mujeres combatientes kurdas. Ellas se han incorporado a la lucha con las armas en la mano, para defender su tierra natal de la invasión de los extremistas del EI.

Y dice la noticia que estas damas están literalmente “sembrando el miedo” entre las filas de los invasores. Además de la buena puntería que tienen para poner fuera de combate al enemigo, ellas llevan una maldición para cada caído.

Vean esto: según las creencias religiosas de los extremistas, ellos irán al paraíso si son muertos en combate por un hombre. Pero si quien lo mata es una mujer…

El Corán (que es para ellos como la Biblia para los cristianos) garantiza en la “otra vida” un paraíso para cada varón del ejército islámico caído en la lucha “honrosamente a manos de otro varón”. Y en ese paraíso lo esperan 72 huríes, que traducido a nuestro español, quiere decir 72 bellísimas mujeres vírgenes.

La recompensa se esfuma si la bala viene del fusil de una mujer.

La idea de que me arrullen 72 vírgenes candidatas a miss Mundo con turgentes pechos es un sueño en esta vida. Y no quiero ser víctima de la pólvora para lograrlo.

En el prometido Paraíso musulmán también habrán jóvenes muchachos (ya se imaginan para qué), agua, vino y frutas; exactamente todo de lo que generalmente carecen los combatientes extremistas que viven en las duras condiciones de zonas áridas.

Alá promete a quienes sigan sus preceptos que, una vez muertos y llegados al Paraíso, los varones podrán dejar de lado a sus viejas y gordas esposas, que tendrán la posibilidad de fisgonear a sus esposos mientras estos desfloran a las doncellas.

Todo un tratado de sexología con un toque de mercadeo sexual, fruta prohibida y zona roja holandesa que sirve para atraer a lujuriosos soldados que, lo más seguro, nunca han visto un cuerpo desnudo de mujer ni en dibujos animados.

El deseo de los jóvenes aspirantes al EI de poder garantizar algo tan natural en el reino animal, como es poseer una hembra aunque sea después de muerto, es el as bajo la manga de los reclutadores del Estado Islámico; y una motivación fuerte para los primeros. Sólo deben zafar el cuerpo de la buena puntería de la mujer kurda.

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