Opinión

Literatura para niños. La pinolera (Parte III)

El panorama actual de nuestra literatura hace evidente que con el triunfo de la Revolución Sandinista comenzó, y ha ido incrementándose, una preocupación por el rescate de las raíces culturales y de los textos para niños

Literatura infantil
La literatura para niños en Nicaragua surgió de canciones y leyendas |

Lucía Oliveira |

La Literatura Infanto Juvenil (LIJ) en Nicaragua surgió de canciones, rimas, adivinanzas, romances, juegos de palabras, poesías, villancicos, cuentos, leyendas, supersticiones.

Sin embargo, los años de la dictadura somocista frenaron el desarrollo cultural y, por tanto, la demanda literaria, en especial la relacionada con la LIJ que, además, se vio afectada por las mismas posturas discriminatorias que imperaron en el mundo: la subestimación, el ser considerada un género menor.

Debido a que la literatura infantil tuvo en sus inicios una gran relación con la fábula, la pedagogía y la didáctica en el proceso de aprendizaje, mucho de lo que se enseña ahora en nuestras escuelas primarias está vinculado con los juegos, los cuentos, la poesía, los trabalenguas y las adivinanzas. Además, esta rica literatura de tradición oral puede estimular a los hábitos de lectura y la formación cultural en los infantes.

En la literatura pinolera para niños podemos señalar dos vertientes: una fuente popular y otra culta.

En la popular: leyendas, cuentos de camino, adivinanzas y villancicos. Entre los autores que se dedican o dedicaron a este estilo se impone mencionar en primer lugar al poeta nacional Rubén Darío (1867-1916), con sus cuentos “El perro del ciego”, y los poemas “Los motivos del lobo”; así como a la profesora María Berros Mayorga (1912-2006), quien siendo parte del Consejo Técnico del Ministerio de Educación, reúne juegos populares y adivinanzas que luego compila en dos libros muy conocidos: La adivinanza en Nicaragua y Juegos nicaragüenses de ayer y hoy (1960), que nuestros educadores han valorado dentro de los avances del conocimiento del niño, pues los elementos lúdicos influyen en su desarrollo psicomotor.

En 1957, Pablo Antonio Cuadra publicó una colección de cuentos de Tío Coyote y Tío Conejo, historias populares que han sido repetidas por generaciones.

Literatura para niños

La lectura es fundamental en las primeras etapas de la vida

Es preciso reconocer la extensa obra del poeta y dramaturgo Octavio Robleto (1935-2009), en la que sobresalen: Vacaciones del estudiante, Teatro para niños y Cuentos de verdad y de mentira, y de Tomás Borge (1930-2012), comandante del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Sergio Ramírez, Premio Alfaguara 1998, ha escrito, entre otros, “El Perro Invisible” y “La Jirafa embarazada”.

En cuanto a la vertiente culta, no podía faltar el verso como recurso y también sobresale Rubén Darío, quien dejó excelentes muestras del cuento versificado: Margarita, poema preferido en actividades escolares, el muchas veces reeditado a nivel mundial Sonatina y La cabeza de Rabí.

Tras la Revolución Sandinista el Gobierno Revolucionario ha impulsado proyectos que garantizan la defensa del patrimonio y la democratización de la cultura.

La creación de la primera editorial del país, formalmente hablando, Editorial Nueva Nicaragua, ha firmado convenios de coedición de libros infantiles con varios países de Sudamérica y ha iniciado proyectos de edición con algunos comités de solidaridad.

Este panorama hace evidente que con la campaña de alfabetización y el triunfo de la Revolución Sandinista comenzó, y ha ido incrementándose, una preocupación por el rescate de las raíces culturales y por la Literatura Infanto Juvenil. No obstante, aún se requiere de estudios que permitan determinar las principales tendencias y las demandas de los lectores.

La creación de concursos, por ejemplo, como ha ocurrido en muchos países, podría ser una vía para descubrir nuevos autores y estimular la creación, en función del desarrollo de una literatura nacional.

Se ha de seguir rompiendo con el concepto de que las ideas se muestren explícitas porque el autor suponga que el niño no comprenderá; en lugar de ser efectivo, puede provocar rechazo o afectar la calidad estética.

Se han de mostrar los temas durante mucho tiempo considerados tabú, pues la cuestión no está en el tema, sino en la forma de presentarlo. Resulta necesario que los niños conozcan también de las realidades negativas que los rodean. Y, sobre todo, son las obras de autores nacionales las que deben sentar los valores de la nacionalidad y de la identidad del nicaragüense.

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