Opinión

Grandes Latinos en las Grandes: Mariano Rivera

El mejor relevista de la historia, dicen muchos del lanzador de Panamá

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El excerrador de los Yankees de Nueva York, el panameño Mariano Rivera |

José A. Quintero |

Mariano Rivera nació en Puerto Caimito, un pueblo de Panamá, pero parte importante de su vida, en verdad, trascurrió en Nueva York. Los mejores y algunos pocos peores días fueron en esa urbe, encaramado en el montículo, con la redonda en la mano derecha y la vista fija en la mascota del receptor. “Apaga y vámonos” solían decir cuando entraba en el noveno capítulo. Todos sabían que si los Yankees habían tomado ventaja, pues poco había para hacer.

Durante 18 años lanzó para el mítico equipo, espacio de tiempo en el cual los máximos triunfadores en Series Mundiales tuvieron un cerrojo en su staff. Una barrera casi infranqueable, un tipo fuera de serie, un estelar. Salvar en el béisbol más duro del planeta 652 juegos no es nada fácil. Bueno, tan difícil es que solo el “Gran Mariano” lo ha hecho. Nadie más.

Considerado el mejor relevista de la historia, su biografía es un manojo de premios. Lea. Ganó la Serie Mundial en cinco ocasiones (1996, 1998, 1999, 2000 y 2009), y fue 12 veces All Star. Además, resultó líder en juegos salvados en 1999-2001-2004.

Sus galardones incluyen Premio Hombre de Socorro, Babe Ruth Award 1999, Rolaids Relief como relevista del año 1999-2001-2004 y Jugador Más Valioso (MVP) del Juego de las Estrellas 2013 (título otorgado a un lanzador cerrador por primera vez para esa lid).

Salvó al menos 25 partidos en 15 temporadas consecutivas, y dejó un promedio de efectividad por debajo de 2,00 en 11 campañas, ambos récords históricos. Al finiquitar su trayectoria deportiva dejó ERA de 2,21 y WHIP de 1.00, también las más bajas en las ligas mayores.

Tal vez, en Nueva York, Rivera no sea tan venerado como Derek Jeter, Joe Di Maggio, o Babe Ruth. No. Pero su 42 no existirá más en la franquicia, y mencionar su nombre es sinónimo de respeto y admiración, de entrega total, de longevidad, de marcas, de hitos, de emoción, de triunfos, de salvamentos, de rectas cortadas, de hombres quedados con la carabina al hombro en el home plate…

Aún es temprano, pero, en su momento, cuando toque, y sea propuesto para ingresar al Salón de la Fama Mariano se irá a la primera, para él no existirá segunda ronda, menos tercera. Listo. X por ciento y usted directo para Coopertown, le dirán. No existe otro espacio en el mundo para una leyenda viva como el panameño.

En septiembre de 2013 dejó su círculo, y con su salida los Yankees perdieron un seguro de vida. Ahora solo queda el recuerdo y rememorar sus ráfagas por videos. ¡Ah! No equivocarse. La leyenda no volverá, le digo porque su hijo Mariano Rivera Jr. también tiene manía de grande, lanza 97 millas por hora, es un gran prospecto y puede regresar el nombre y el apellido a los titulares informativos. Una pequeña alerta.

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