Opinión

“Chocolatito”, Carta Abierta para la Nicaragua Grande

Un David nicaragüense reina en los dominios de Goliat. Eso nunca ocurrió en la historia del boxeo mundial

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Román González no solo es “El Chocolatito” |

Edwin Sanchez |

Un David nicaragüense reina en los dominios de Goliat. Eso nunca ocurrió en la historia del boxeo mundial.

Román González no solo es “El Chocolatito”, un hombre multiplicado de esplendor y humildad: es el espíritu de Nicaragua y signo de los Nuevos Tiempos.

Con todos sus títulos, en el apogeo de su carrera y esmerándose en construir asombros cada vez que sube al tinglado, Román, lejos de ser un arrogante, por donde va hace gala de su fe soportada por una enriquecedora lectura de las Sagradas Escrituras.

Es una Fe que el pueblo está viendo operar ante sus ojos, no en un altar pero sí en el terreno más difícil del género humano: su propia biografía. Sus capítulos parecen una Carta Abierta para la Nicaragua Grande.

No ha necesitado de rezos, monasterios, retiros y ayunos religiosos para comprender que el Señor es un Padre, no un ser que anda por ahí con un rayo en la mano buscando cómo partirle la vida a alguien. Dios quiere bendecir.

Impresionante que ante las cámaras y asistentes en el mítico Madison Square Garden de Nueva York, nos dio una evidencia reveladora de su relación personal con El Que Todo Lo Puede.  Fue en el mismo escenario de la “Pelea del Siglo” entre Muhammad Alí y Joe Frazier, el 8 de marzo de 1971, donde dedicó el laurel de esa noche al Altísimo.

La gloria

Los cronistas deportivos atestiguan los méritos de Román, pero algún sector, después de haber dado muestras de su excelencia, por no estar acostumbrados a la grandiosidad, exigen con disimulo más resultados: “‘Chocolatito’ avanzó en dirección hacia la grandeza”.

¿Y qué es la grandeza?

El solo hecho de conquistar una corona ya es una prueba de supremacía. Emigrar con sus éxitos a otros pesos e imponer su indiscutible autoridad, es una ratificación de su gloria.

Al ser evaluado por los especialistas, incluida la Biblia del boxeo rentado, “The Ring”, de ser el mejor púgil del mundo libra por libra, ¡oigan!, Román ya es un Grande: no un atisbo, una probabilidad, un remoto quizás. Es una admirable certeza.

Con el historial del atleta sandinista, de apenas 28 años, ubicado en el pináculo de la élite de este deporte, habría que inventar otra clasificación que nos explique en qué dimensión se halla en la post grandeza. Y no es asunto de elogios, se trata simplemente de aceptar que Dios honra a los que le honran.

¿Y Alexis?

También hay una debilidad de algunos por intentar enfrentar a Alexis Argüello con el actual tricampeón, pero las épocas son distintas, aunque las estadísticas y las calidades alcanzadas dentro y fuera del cuadrilátero empiezan a desajustar los paradigmas.

¡Ah, pero “Chocolatito” no es “ídolo” como Alexis!, exclaman por ahí. ¿Y el entusiasmo de los y las compatriotas en el Madison? ¿Y el multitudinario recibimiento? ¿Y el pueblo que salió a verlo durante su recorrido?

La Nicaragua de los dos millones y tanto de habitantes que jamás había contado con un campeón planetario, cuando la radio aún le disputaba la audiencia a la televisión, los niños saltaban la cuerda y jugaban trompo, no se compara con este siglo XXI con más de seis millones de pinoleros, Internet, videojuegos y entretenimientos imposibles en esos días.

Sin embargo, este pueblo seguro se sintió muy bien representado por Román al exponer, en la Capital del Mundo, lo que es capaz de hacer un/una nicaragüense ante los desafíos mayúsculos que se presentan en el camino.

En la Nicaragua provinciana, solo Alexis y Denis Martínez, llegaron a brillar; eran los dos pioneros que ponían el primer pie en la Luna de las celebridades, pero ahora la lista de campeones y big leaguers es algo larga en los anales del deporte nacional.

El hechizo de la primera vez embriaga los sentidos y el pasado ya no depende tanto de los hechos acaecidos como de nuestra agitación sentimental.

Si no se puede medir la Nicaragua de hoy con aquella sociedad rural del Pacífico, cuando se reducía su folklore a Masaya y se dejaba por fuera las hermosas expresiones culturales del Norte y la Costa Este, y aún más, se borraba del mapa al Caribe, llamándole “Atlántico”, menos que sean afortunadas las comparaciones personales.

Es cierto, Román no es Alexis: es un Clásico.

Invicto, 44-0; 38 nocauts. Este es el record, pero los números, al carecer de sentimientos, no siempre narran con eficacia la verdad como las palabras que sí tienen “alma”, decía Rubén Darío.  Y estas son palabras mayores para describir a un escultor de portentos que eleva el Boxeo a la categoría de Arte: Román, el “Rey de Todas las Divisiones”, exaltó Espn.

Su cotidiana confianza en Dios, el ejemplo que constituye para la juventud y su obra monumental no contradicen su plena identificación con el Frente Sandinista.

No es casual –es causal– que el presidente Daniel Ortega, la escritora Rosario Murillo y “El Chocolatito” compartan los mismos valores por Nicaragua y aún coincidan en las “Rutas de bendición” y de “tantas Victorias posibles, cercanas… Victorias que podemos ya acariciar”.

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