Opinión

¿Por qué creemos en el fin del mundo?

Esta es la pregunta clave y establece la relación psicológica entre la muerte, la existencia y la creación de mitos. La explicación es como sigue:

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Redacción Central |

Desde una perspectiva biológica, los humanos somos presas y no depredadores. Ante cualquier evento fuera de lo normal, se activa nuestro instinto de supervivencia y la mente nos hace vulnerables al pensar en el fin: dejar de existir.

Las profecías apocalípticas —sin importar si se trata del Juicio Final, el fin de una cuenta larga o el dramático vaticinio de algún profeta— activan el instinto de supervivencia al ser una situación que nos genera incertidumbre.

Pensar en la muerte lleva a los humanos a buscar diferentes maneras de explicar lo que pasaba y desarrollar historias que los tranquilicen con respecto a la idea de dejar de existir en este mundo.

Más que dar esperanza, que es lo que ocurre con muchas religiones, explicar qué pasa después de morir es un camino para calmar los miedos sobre la vida”, comenta David Ropeik, autor del libro How risky is it, really?

Pero no todo es un mito. Los avances de la ciencia nos permiten vislumbrar cuáles son los fenómenos que suponen un riesgo para nuestra superviviencia. Incluso existen unos más reales que otros: es más viable el colapso de la sociedad consumista a que caiga un meteorito.

La piedra interestelar necesitaría una energía de 10 billones de megatones (un megatón equivale a un millón de toneladas del químico explosivo TNT), es decir, tendría un cuerpo extraordinariamente grande y denso, lanzado a una velocidad inusual.

Howard Bloom publicó en la revista Psychology Today que el atractivo que ejerce la idea de un “cataclismo final” proviene de que la mayoría de los seres humanos está inconforme con la dirección que lleva la sociedad, por lo que existe un deseo subconsciente de limpiar y comenzar de nuevo.

Ahora, en vez de reunirnos como tribu alrededor del fuego, nos apegamos a una idea grupal y concreta que nos dé seguridad para defendernos de los depredadores”, señala César Monroy, director de Investigación y Desarrollo de la empresa Neuromarketing.

Monroy asegura que para los humanos es más fácil creer en algo que le digan en su comunidad o dentro del entorno en el que se desenvuelve porque es lo que conoce, en lugar de indagar en un proceso más crítico, como las teorías científicas.

Las profecías del mundo están relacionadas con la forma de pensamiento que tiene el 80 por ciento de la población mundial: el pensamiento lineal, es decir, en mi mundo, yo soy mi propio referente, por lo que todo lo que está cercano a mí es importante y lo lejano no lo es y no lo entiendo. De ahí que una explicación científica sea lejana e irrelevante, pero si mi vecino me dice: el mundo se va a acabar, por supuesto que lo creo”, concluye Monroy.

Un Nuevo vestigio maya del fin del mundo

Arqueólogos encontraron la segunda referencia real sobre el tema en Guatemala.

Se trata de una pieza que data de hace mil 300 años atrás y se halló en el sitio La Corona donde los arqueólogos que trabajan en ese yacimiento descubrieron un texto maya de mil 300 años de antigüedad, que contiene la segunda referencia conocida a la fecha final del calendario maya, 21 de diciembre de 2012.

La Corona es un sitio arqueológico que corresponde a la cultura maya precolombina, y se encuentra en el departamento del Petén, en Guatemala. Fue documentado en 1996 y más tarde se acreditó que se trataba del llamado Sitio Q, una importante ciudad maya cuya existencia había sido inferida por otros hallazgos arqueológicos en esa región del Petén.

El nombre de Corona deriva del hecho de que contiene un conjunto de cinco templos cuya planta arquitectónica (del conjunto) asemejaría una corona.

De confirmarse este hallazgo de ahora, que se anunció en el Palacio Nacional de Guatemala, sería uno de los más importantes de las últimas décadas.

“Este texto habla sobre la historia política antigua en lugar de una profecía”, declaró Marcello A. Canuto, codirector de las excavaciones en La Corona en un comunicado que difundió la Universidad Tulane.

Desde el año 2008, Canuto y Tomás Barrientos de la Universidad del Valle de Guatemala han dirigido las excavaciones en La Corona, un sitio previamente devastado por los saqueadores.

“El año pasado, nos dimos cuenta de que los saqueadores de un edificio en particular había descartado algunas piedras talladas porque estaban demasiado erosionados para vender en el mercado negro de antigüedades negro, así que sabíamos que se encontraron con algo importante”, declaró Barrientos

Lo que Canuto y Barrientos encontraron fue el texto maya más largo jamás descubierto en Guatemala, tallado en la escalera, que registra 200 años de historia de La Corona.

Los arqueólogos planean tenerlo descifrado en mayo, pero Stuart reconoció la referencia al 2012 en un bloque de escalera que lleva 56 jeroglíficos finamente tallados.

En esa fecha se conmemora una visita real a la Corona en el año 696 por el gobernante maya más poderoso de la época, Yuknoom Yich’aak K’ahk ‘de Calakmul, solo unos pocos meses después de su derrota ante Tikal, su rival desde hace mucho tiempo en el año 695.

“Esta fue una época de gran agitación política en la región maya y este rey se vio obligado a aludir a un ciclo mayor de tiempo que le sucede a su fin en 2012″, dijo Stuart.

Así, en lugar de la profecía del fin del mundo, la referencia al 2012 coloca al rey y sus logros en un marco más amplio en la cosmogonía maya.

A diferencia de hoy, “en tiempos de crisis, los antiguos mayas usaron su calendario para promover la continuidad y la estabilidad en lugar de predecir el apocalipsis”, concluyó Canuto.

Rasputin también predijo la hecatombe

“Y bajo el Sol encendido el gélido frío apagará la vida” Grigori Rasputín Grigori Yefímovich Rasputín ha sido considerado un profeta; le llamaban el Monje Loco y tenía fama de taumaturgo o realizador de milagros.

Para algunos historiadores, pronosticó la Revolución rusa, las guerras mundiales y el fin de la Iglesia; además, auguró varios terremotos.

Nació en 1871, en Pokrowskoie, Liberia occidental, y era hijo de campesinos. Fue un niño diferente a los demás: callado, reservado y le gustaban los cuentos de los stárets errantes, peregrinos que, de acuerdo con las creencias populares, estaban dotados de facultades extraordinarias y podían apoderarse del alma y la voluntad de las personas.

Se convirtió en el odiado consejero del zar Nicolás II. Y fue asesinado en 1916 en vísperas de la revolución rusa en 1917.

Debido a una especie de pulmonía, a los ocho años de edad adquirió una sensibilidad y un poco común sentido de intuición que, a muchos, les parecía adivinatorio.

En 1908, como le reconocían poderes curativos, fue presentado a la zarina Alejandra Fiódorovna, quien deseaba que sanara a su hijo, que padecía hemofilia. Mediante hipnosis, se dice que Rasputín curó al heredero al trono y, con ello, ganó la confianza del zar Nicolás II.

“Llegara el tiempo en que el Sol llorará sobre la Tierra y sus lagrimas caerán como chispas de fuego quemando las plantas y los hombres… Y bajo el Sol encendido el gélido frío apagará la vida” Grigori Rasputín

Las profecías bíblicas del fin del mundo

Esta, que sigue es una interpretación de algunas de las más importantes Profecías del Antiguo Testamento sobre el Final de los Tiempos y el Fin del Mundo. Es la explicación y el significado de todos y cada uno de los capítulos del Libro del Apocalipsis, escrito por San Juan.

Antes de comenzar a estudiar el significado de algunas de las profecías más importantes del antiguo y nuevo testamento, vale la pena establecer la relación existente entre: los mensajes, los sellos, las trompetas, y las copas mencionadas en el libro del Apocalipsis.

Resulta muy interesante realizar esta comparación, más si se tiene en cuenta que son siete los mensajes dirigidos a las iglesias de Asia, son siete los sellos que se rompen, son siete las trompetas que se tocan, y son siete los anuncios entregados por los ángeles de las últimas copas.

El número uno, en las sagradas escrituras, se refiere a Dios Padre Todo Poderoso. Dios era, es, y será siempre en el principio. Desde el principio, Dios es la fuerza incontenible y eterna del amor. El amor del Padre está manifestado, especialmente, en la creación del universo. Son tres las personas que conforman la Santísima Trinidad; pero, solamente, existe un único Dios verdadero. El primer mensaje, el primer sello, la primera trompeta, y la primera copa describen lo que está escrito a continuación:

“Al ángel de la iglesia de Éfeso escribe: Esto te manda a decir el que tiene las siete estrellas en su derecha y camina en medio de los siete candeleros de oro: Yo conozco tus obras y tus trabajos y sé que sufres pacientemente. No puedes tolerar a los malos, sometiste a prueba a los que se llaman a sí mismo apóstoles y los hallaste mentirosos. Tampoco te falta la constancia; has padecido por mi Nombre sin desanimarte. Sin embargo, tengo en contra tuya que has perdido tu amor del principio. Mira, acuérdate de dónde has caído, y arrepiéntete, volviendo a hacer lo que sabías hacer. En caso contrario, iré a ti y removeré tu candelero de donde fue colocado; eso, si no te arrepientes. Algo más: noto en tu favor que aborreces la conducta de los nicolaítas, que yo también aborrezco. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: ‘Al vencedor yo le daré de comer del árbol de la vida que se halla en el paraíso de Dios”

Apocalipsis 2, 1 – 7

“Vi cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro vivientes gritar como con voz de trueno: ‘Ven’. Se presentó un caballo blanco. El que lo montaba tenía un arco. Lo coronaron y partió como vencedor y para seguir venciendo”

Apocalipsis 6, 1 – 2

“Los siete ángeles de las siete trompetas se prepararon para tocar. Tocó el primero, y se produjo granizo y fuego, mezclado con sangre, que fueron lanzados a la tierra. Y la tercera parte de la tierra se quemó con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde”

Apocalipsis 8, 6 – 7

El número dos, en las sagradas escrituras, designa el testimonio cristiano. Cristo mismo mandó a sus discípulos de dos en dos. El segundo mensaje, el segundo sello, la segunda trompeta, y la segunda copa describen lo que está escrito a continuación:

“Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: Así habla el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida. Yo sé que tú sufres y eres pobre. En realidad, eres rico. Yo sé cómo te calumnian los que pretenden ser judíos y que más bien son la sinagoga de Satanás. No te asustes de lo que vas a padecer. El diablo meterá en la cárcel a algunos de ustedes para ponerlos a prueba. Serán diez días de prueba. Permanece fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: El vencedor no tiene nada que temer de la segunda muerte”

Apocalipsis 2, 8 – 11

“Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente gritar: ‘Ven’. Salió entonces otro caballo color fuego. Al que lo montaba le ordenaron que desterrara la paz de la tierra, y que hiciera que se mataran unos a otros; para esto se le dio una gran espada”

Apocalipsis 6, 3 – 4

“Tocó el segundo ángel, y algo así como un inmenso cerro en llamas fue echado al mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Así perecieron la tercera parte de los seres que viven en el mar y el tercio de los navíos”

Apocalipsis 8, 8 – 9

El númerotres, en las sagradas escrituras, se refiere a la Santísima Trinidad. La Santísima Trinidad es Dios manifestado en tres personas diferentes: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El pecado, el diablo, y los ángeles caídos están representados por el inverso de tres, es decir, un tercio o “la tercera parte”. El tercer mensaje, el tercer sello, la tercera trompeta, y la tercera copa describen lo que está escrito a continuación:

“Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: Así habla el que tiene la aguda espada de doble filo: Sé dónde vives, allí donde está el trono de Satanás. Pero firmemente te aferras a mi Nombre; no has renegado de mí, ni siquiera en los días en que fue muerto Antipas, mi fiel testigo, ahí donde vives, en esa tierra de Satanás. Es poco lo que tengo en contra tuya: toleras a los que tienen la doctrina de Balaam, el que enseñó a Balac la manera de hacer tropezar a los israelitas comiendo carnes sacrificadas a los ídolos, y se hicieron adúlteros. Así mismo soportas a los partidarios de la doctrina de los nicolaítas. Por eso arrepiéntete; si no, iré pronto a ti para combatir a esa gente con la espada que sale de mi boca. El que tenga oídos, que escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias: Al vencedor le daré maná misterioso. Le daré también una piedra blanca que lleva gravado un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe”

Apocalipsis 2, 12 – 17

“Cuando abrió el tercer sello, oí gritar al tercer viviente: ‘Ven’. Esta vez el caballo era negro y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Entonces de en medio de los cuatro vivientes una voz pronunció estas palabras: ‘Una medida de trigo por una moneda de plata, y tres medidas de cebada por una moneda también. Pero no dañes al aceite ni al vino’ “

Apocalipsis 6, 5 – 6

“El tercer ángel vació su copa sobre los ríos y las fuentes, que se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas que decía: ‘Tú que eres y que eras, oh Santo, eres justo al castigarlos de ese modo. Puesto que ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, tú los hiciste beber sangre. Bien se lo merecían’. Oí a otro que decía desde el altar: ‘Sí, Señor y Dios, Señor del universo, tus juicios son verdaderos y justos’ “

Apocalipsis 16, 4 – 7

El mensaje central del Apocalipsis es “estar en el mundo, sin ser del mundo”. Esta es la mejor manera de entender lo que está escrito en la carta pastoral dirigida a la iglesia de Pérgamo. Si en el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo hallamos la plenitud de Dios; en la trinidad satánica se encuentra la fuente de todos los males y de todas las perversidades, que han existido y existirán hasta el fin del mundo. La trinidad satánica está conformada por: el diablo, la bestia y el falso profeta.

El número cuatro, en las sagradas escrituras, designa el universo creado por Dios, porque son cuatro los puntos cardinales que dividen el horizonte, a saber: Norte, sur, oriente y occidente. El cuarto mensaje, el cuarto sello, la cuarta trompeta, y la cuarta copa describen lo que está escrito a continuación:

“Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: Así habla el Hijo de Dios, cuyos son llama ardiente y sus pies semejantes a bronce brillante: Conozco tu proceder, tu amor, tu fe, tu servicio, tu perseverancia y tus últimos trabajos más numerosos que los primeros. Pero tengo en contra tuya que dejas actuar a Jezabel, esa mujer que se llama a sí misma profetiza y enseña engañando a mis servidores, llevándolos a la inmoralidad sexual y a comer carnes sacrificadas a los ídolos. Le he otorgado tiempo suficiente para que se arrepienta, pero no quiere salir de su prostitución. Por eso ahora la voy a arrojar en un lecho, y los que cometieron adulterio con ella los arrojaré en una prueba terrible, a no ser que se arrepientan de sus maldades. A sus hijos los heriré de muerte, y sabrán todas las iglesias que Yo Soy el que conoce hasta los rincones del corazón y de la mente; y a cada uno de ustedes le pagaré según como se porten. Ahora escúchenme los demás de Tiatira, los que no siguen esta doctrina ni han conocido los ‘misterios de Satanás’, como dicen ellos. Para ustedes no habrá ningún castigo; solamente conserven lo que tienen hasta que Yo venga. Al que venza y se mantenga en mis caminos hasta el fin le daré poder sobre las naciones, las dirigirá con vara de hierro y las quebrará como vasos de barro, haciendo igual que Yo, que recibí de mi Padre este poder. Además le daré la estrella de la mañana. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias”

Apocalipsis 2, 18 – 29

“Cuando abrió el cuarto sello, oí el grito del cuarto viviente: ‘Ven’. Se presentó un caballo verdoso. Al que lo montaba lo llaman la muerte, y detrás de él montaba otro: el lugar de los muertos. Se le dio permiso para exterminar la cuarta parte de los habitantes de la tierra por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras”

Apocalipsis 6, 7 – 8

“Tocó el cuarto ángel, y quedó afectada la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas; perdieron un tercio de su claridad y lo mismo la noche”

Apocalipsis 8, 12

El número cinco, en las sagradas escrituras, designa el quinto mandamiento de la ley de Dios, “no matarás”. Este número también nos recuerda las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. El quinto mensaje, el quinto sello, la quinta trompeta, y la quinta copa describen lo que está escrito a continuación:

“Escribe al ángel de la iglesia de Sardes: Así habla el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Yo sé lo que vales; te crees vivo, pero estás muerto. Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto. En realidad, delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras. Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta. Pues, si no estás despierto, vendré como un ladrón, sin que tú sepas la hora. Con todo, en Sardes quedan algunos que no  mancharon sus ropas; éstos me acompañarán vestidos de blanco, pues ellos lo merecen. El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la vida; más bien lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias”

Apocalipsis 3, 1 – 6

“Cuando abrió el quinto sello, divisé bajo el altar de los sacrificios, las almas de los que fueron degollados a causa de la palabra de Dios, por haberla proclamado. Se pusieron a gritar muy fuerte: ‘Dominador santo y justo, ¿hasta cuándo estarás sin hacer justicia y pedir cuentas por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?’ Entonces les dieron a cada uno un vestido blanco, diciéndoles que esperarán todavía un poco, hasta que se completara el número de sus hermanos y compañeros de servicio, que deben ser muertos como ellos”

Apocalipsis 6, 9 – 11

“Y tocó el quinto ángel. Vi entonces una estrella que del cielo había caído a la tierra. Le entregaron la llave del pozo del abismo. Al abrir este pozo, subió una humareda como la de un inmenso horno, que oscureció el sol y el aire. De este humo salieron langostas, que se esparcieron por la tierra. Podían causar el mismo daño que los alacranes de la tierra. Se les ordenó que no dañaran ni praderas, ni hierbas, ni árboles, sino sólo a los hombres que no llevaran en la frente el sello de Dios. No podían matarlos, sino únicamente atormentarlos durante cinco meses. El dolor que producen se parece al de la picadura del alacrán. En esos días los hombres buscarán la muerte sin hallarla; querrán morir, pero la muerte se les esconderá. Al verlas, estas langostas se parecen a caballos equipados para la guerra. Parece que tuvieran coronas de oro en la cabeza y cara como de seres humanos. Sus cabellos son como cabellos de mujer, y sus dientes, molares de león; sus pechos parecen corazas de hierro; y el ruido de sus alas, la bulla de un ejército de carros con muchos caballos que corren al combate. Tienen colas como de alacranes, y las colas, aguijones para torturar durante cinco meses a los hombres. Al frente, como rey, llevan al ángel del abismo, cuyo nombre hebreo es Adabón y en griego, Apolión (en castellano, Destrucción). El primer ay ha pasado. Vienen otros dos ayes después de éste”

Apocalipsis 9, 1 – 12

Estar muerto, espiritualmente hablando, equivale a estar en pecado mortal. Todo aquel que vive en pecado es un muerto viviente.

El número seis, en las sagradas escrituras, se refiere aquel que quiere llegar a ser siete, pero no es siete, y jamás llegará a ser siete. El número siete representa plenitud, totalidad. El número siete, cuando se refiere a Dios, representa perfección. De esta manera, el valor numérico equivalente a seis significa imperfección. Con esta cifra, el autor del Apocalipsis se refiere al pecado, cuya fuente primaria está en el diablo y en sus ángeles caídos. El sexto mensaje, el sexto sello, la sexta trompeta, y la sexta copa describen lo que está escrito a continuación:

“Escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia: Así habla el santo, el verdadero, el que guarda la llave de David; si él abre, nadie cerrará, y si cierra, nadie abrirá. Yo sé lo que vales; he abierto delante de ti una puerta y aunque eres débil nadie la podrá cerrar, porque has guardado mi palabra y no has renegado de mí. Yo te voy a dar a algunos de la sinagoga de Satanás, de esos que se proclaman judíos, pero es pura mentira. Los haré venir a postrarse a tus pies y reconocerán que yo te he amado. Y porque guardaste con perseverancia mis palabras, yo por mi parte te protegeré en la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. Yo vendré pronto, guarda lo que tienes, no sea que alguien te arrebate el premio. Al vencedor lo pondré como columna en el Templo de mi Dios, de donde no saldrá nunca jamás. En él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que viene del Cielo, obra de Dios, y mi propio nuevo nombre. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias”

Apocalipsis 3, 7 – 13

“Y mi visión siguió. Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán. El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar. Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros, diciendo: ‘Caigan sobre nosotros cerros y rocas y escóndanos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el día grande de su enojo, y ¿quién lo podrá soportar?’ ”

Apocalipsis 6, 12 – 17

“El sexto ángel derramó su copa en el gran río Éufrates; entonces sus aguas se secaron, dejando paso libre a los reyes de oriente. Yo miré: de las bocas del monstruo, de la bestia y del falso profeta salieron tres espíritus impuros que tenían apariencia de ranas. En realidad, son espíritus diabólicos que hacen cosas prodigiosas y se dirigen a los reyes del mundo entero; los van a reunir para la batalla del día grande de Dios, Señor del universo. ‘Cuidado que vengo como un ladrón; feliz el que se queda despierto y no se quita la ropa; así no tendrá que andar desnudo, y no se verán sus vergüenzas’. Los reunieron entonces en el lugar llamado Harmaguedón, en hebreo (o sea, monte Meguido)”

Apocalipsis 16, 12 – 16

La guerra será el signo que hará antesala al terrible Día de la Cólera del Señor, como aparece escrito en la sexta trompeta del Apocalipsis. En el Día de la Ira de Dios, todos los pecadores, sin excepción, serán aniquilados. Solo un pequeño resto se salvará. A pesar de esto, el Día de la Cólera del Señor parecerá un día de descanso comparado con la condenación eterna y definitiva en el infierno.

El número siete, como ya se dijo, representa plenitud, totalidad. El número siete, cuando se refiere a Dios, representa perfección. De esta manera: El séptimo mensaje, el séptimo sello, la séptima trompeta, y la séptima copa describen, entre otras cosas, los signos propios del fin del mundo.

“Escribe al ángel de la iglesia de Laodicea: Así habla el amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de las obras de Dios. Yo sé lo que vales; no eres ni frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca. Tú piensas: Soy rico, tengo de todo, nada me falta. ¿No ves cómo eres un infeliz, un pobre, un ciego, un desnudo que merece compasión? Sigue mi consejo: cómprate de mí oro refinado para hacerte rico, ropas blancas para cubrirte y no presentarte más desnudo para tu vergüenza; por fin, pídeme un colirio que te pongas en los ojos para ver. Yo reprendo y corrijo a los que amo. ¡Vamos!, anímate y conviértete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entraré a su casa a comer, yo con él y él conmigo. Al vencedor le concederé que se siente junto a mí en mi trono, del mismo modo que yo, después de vencer, me senté junto a mi Padre en su trono. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias”

Apocalipsis 3, 14 – 22

“Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el Cielo como de media hora. Y vi a los siete ángeles que están de pie delante de Dios, a los que entregaron siete trompetas. Entonces vino otro ángel y se paró delante del altar de los perfumes con un incensario de oro. Le dieron muchos perfumes para que los ofreciera con las oraciones de todos los santos en el altar de oro colocado delante del trono. Y la nube de perfumes, junto a las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios. Después, el ángel tomó su incensario y lo llenó con brasas del altar y las lanzó sobre la tierra; estallaron truenos tremendos, relámpagos y terremotos”

Apocalipsis 8, 1 – 5

“El séptimo ángel vació su copa en el aire. Entonces se escuchó en el Santuario una palabra que venía del trono y que decía: ‘Ya está hecho’. Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No desde que existen hombres sobre la tierra jamás se ha visto terremoto tan violento. La ciudad grande se partió en tres pedazos, mientras se derrumbaban las ciudades de las naciones. A Babilonia, la grande, Dios la recordaba e iba a darle a beber la copa en que hierve el vino de su indignación. Entonces los continentes desaparecieron, lo mismo que las cordilleras. Enormes granizos, como de un quintal, cayeron del cielo sobre la gente, y los hombres insultaron a Dios a causa de esta desastrosa granizada; porque es una plaga realmente tremenda”

Apocalipsis 16, 17 – 21

Como se lee en la carta dirigida a la séptima iglesia de Asia, había tibieza espiritual en la antigua iglesia de Laodicea. Hoy como ayer, hay cristianos que no son ni fríos, ni calientes. Nuestro Señor nos exhorta a abandonar esta peligrosa tibieza espiritual. El que no se convierta de corazón a Cristo, conocerá el juicio de Dios: “Yo sé lo que vales; no eres ni frío ni caliente; ojalá fueras lo uno o lo otro. Desgraciadamente eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca”. Los antecedentes previos y las características propias del fin del mundo se encuentran, perfectamente, reunidos en: El séptimo sello, la séptima trompeta, y la séptima copa del Apocalipsis.

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