Opinión

Vestida para bailar

Los diversos trajes y danzas tradicionales que tanto nos identifican surgieron de antiguas celebraciones populares, y aún en la actualidad son reflejo de nuestra Nicaragua alegre y folclórica

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Lucía Oliveira |

Nuestro país está marcado por el folclor y las manifestaciones culturales, que constituyen orgullo del pueblo y despiertan la admiración de todo visitante.

Uno de los elementos que más nos identifican son los trajes típicos, en su mayoría utilizados en los bailes tradicionales.

Uno de los trajes y bailes más representativos de Nicaragua es el de Las Inditas, ambos del mismo nombre. Las muchachas que danzan van vestidas con güipil, que es una blusa corta suelta por la cintura, sin mangas, generalmente de seda con vivos colores y una falda brillante con franjas horizontales. El rostro lo llevan cubierto por una máscara hecha de cedazo fino, bien modelada y pintada, de agradable apariencia.

Típico de las fiestas de Masaya, este es un baile amoroso y simboliza el cortejo de un hombre español a una nicaragüense. Las inditas bailan al son de la marimba con movimientos suaves e interpretan la laboriosidad de la mujer del pueblo.

Oriundo de la zona del Pacífico, fundamentalmente de Masaya, tenemos el Traje de Trencillas, que se basa en la vestimenta popular que usaban las indias o mestizas para trabajar. El vestido es blanco y decorado con trencitas de colores y se emplea para bailar cualquier son de marimba.

También para bailar al son de la marimba, está el Traje del Mestizaje, que muestra la influencia española en el vestir del pueblo.

Consiste en una falda colorida y con lentejuelas ajustada al cuerpo. Se acompaña con un sombrero y abanico de plumas. Las mujeres bailan con galantería y sensualidad. Muchos grupos de danza profesionales representan esta danza de cortejos. La canción usual para el Baile del Mestizaje es “El mate amargo”.

El traje norteño campesino consta de una falda pegada al cuerpo, con un pañuelo de punta en la cintura, cotona de manga larga, pañuelo en la cabeza, aretes y una olla de barro negro que las jóvenes llevan en los brazos. Al ritmo de mazurcas, polcas o valses del norte nicaragüense, con este atuendo se baila en fiestas populares tradicionales, o son ejecutados por ballets profesionales de danza.

El traje de la Vaquita surgió en las fiestas patronales de Managua, cuando las mujeres se unían a la procesión de Santo Domingo.

La vaquita porta un aro grande alrededor de la cintura, el cual es decorado con telas que lo hacen ver como una falda; en el frente, se le coloca una imagen o una pintura de cabeza de vaca, coronada con unos cuernos reales o elaborados. La vaquita acompaña al santo, bailando al son de chicheros, e interactuando con los demás promesantes quienes simulan torear.

Hay bailes para los que no se usan trajes específicamente, sino disfraces. Por ejemplo el divertido Torovenado, que representa una promesa a San Jerómino y el Baile del Zopilote.

Para el Torovenado los promesantes parodian a algún personaje local, nacional o foráneo, mientras que para el Zopilote el disfraz es casi siempre negro, aunque a veces las mujeres combinan ese color con anaranjado.

También están los Agüizotes, que son una variedad de disfraces que representan a los personajes de leyendas y de la mitología folclórica: la bruja, la llorona, la muerte quirina, la cegua. Se confeccionan con hojas de mazurca, tela y cartón.

Todos estos trajes tienen su punto de origen en las antiguas celebraciones populares, para las que los participantes se adornaban para bailar ritmos y canciones del festejo.  Nacieron a lo largo de todo el país y aún hoy son una gran muestra valiosa de las costumbres regionales de nuestra Nicaragua alegre, viva y expresiva.

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