Opinión

Cartas de navegación, un nuevo mundo y un nombre

Europa, África, Asia y Oceanía deben su nombre a dioses mitológicos, sin embargo, el nombre de nuestro continente, América, tiene un origen muy diferente

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Grabado de ca. 1600 que representa a Vespucio observando la Cruz del Sur. | Wikipedia

Lucía Oliveira |

En el siglo XV existió un navegante italiano llamado Américo Vespucio (1454-1512) que, al servicio de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, exploró y cartografió las costas de lo que en la actualidad se conoce como Brasil, Argentina y Venezuela.

Vespucio se embarcó en Cádiz en 1499 en la flota de Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Siguiendo la ruta del tercer viaje de Cristóbal Colón recorrió la costa norte de lo que hoy denominamos Sudamérica y llegó hasta el Cabo de la Vela (Venezuela).

En 1501 volvió a partir al “Nuevo Mundo” en la expedición que dirigía Gonzalo Coelho a instancias del rey de Portugal.

Tras pasar por Cabo Verde, llegó a Brasil a finales de ese año y, bordeando la costa en dirección sur, arribó a la Patagonia, cerca del estrecho que poco después descubrió Fernando de Magallanes.

En este viaje se percató de que las tierras descubiertas no podían ser una prolongación de Asia, como erróneamente se consideraba, sino que se trataba de un nuevo continente que inicialmente se denominó Indias Occidentales.

A través de sus Cartas de Viaje dirigida a la prestigiosa familia Médicis, Vespuccio describía lo descubierto en las costas que actualmente comprende a Venezuela, Brasil y Argentina.

En 1507 el editor Waldseemuller publica una edición completa de estas cartas, por lo que la noticia del llamado “descubrimiento de un nuevo continente” se difundió con extraordinaria rapidez por las cortes europeas, y esas páginas fueron suficientes para que Vespuccio pasara a la inmortalidad y nuestro continente fuera bautizado con su nombre.

La naturalidad y belleza con que describía en estas cartas todo lo que le causaba admiración, también fueron razón para que este nuevo mundo para los europeos tomara su nombre.

En ellas aludía al buen clima, a la flora, a la fauna, a las costumbres y características de los pobladores.

“Árboles grandes arraigan allí sin cultivar, de los cuales muchos frutos son deleitables al gusto y útiles a los humanos cuerpos”, describía.

La más representativa de estas cartas, enviada desde Lisboa en septiembre u octubre de 1502 y conocida como “Mundus Novus” es en la que Vespucio denomina nuevo mundo a las tierras donde había llegado Colón.

“Los hombres no acostumbran tener capitán alguno, ni andan en orden, pues cada cual es señor de sí mismo. La causa de sus guerras no es la ambición de reinar, ni de extender sus dominios, ni desordenada codicia, sino alguna antigua enemistad de tiempos pasados (…) No tienen rey ni señor, ni obedecen a nadie; viven en entera libertad”, este es solo un fragmento de los tantos que condujeron a que América se llame así, y no Colombia, o Colombus.

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