Opinión

Dios cambió el mapa espiritual de Nicaragua

A partir de la presidencia del Comandante Daniel Ortega, en 2007, la población evangélica, gracias a Dios, ha encontrado mejores condiciones para expandirse al punto que ha experimentado un boom en su innegable crecimiento exponencial

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Edwin Sanchez |

Libertad de reunión, libertad de expresión, libertad de movilización es lo que demostró el vasto pueblo cristiano evangélico que prevalece en Nicaragua, durante la conmemoración del 446 aniversario de la traducción de la Biblia al español.

Solo las democracias permiten que se realicen celebraciones masivas, marchas y diversas actividades por todo el territorio, para alabar, cantar, portar mantas, pancartas y divulgar de corrido la lectura de la Biblia.

Sucedió en Nicaragua… y con la Policía Nacional abriéndoles paso y espacio. No hubo impedimentos, sino facilidades para los actos celebratorios de una inmensidad de nicaragüenses por la colosal labor de dos españoles que, partiendo de los textos originales en hebreo y griego, entregaron la famosa Biblia del Oso en castellano: Cipriano de Valera y Casiodoro de Reyna.

No solo se trató de una simple jornada, sino de presentar las pruebas vivas de que ya no son una minoría en Nicaragua, porque mientras unos se manifestaban en las calles y las plazas, otros lo hacían en sus cultos dominicales o donde se encontrasen.

Se trata de un pueblo en alza geométrica que desplaza la vieja narrativa de que Nicaragua es un pueblo 100% católico. La verdad es que ya no es así.

El Almanaque Mundial de 1992, en el segundo año de la administración Chamorro, publicó que la población católica constituía el 94.4%, mientras los protestantes registraban el 4.4%.

En 2001, cuando culminaba el mandato del presidente liberal Arnoldo Alemán, de acuerdo al Sistema de Monitoreo de Opinión Pública (Sismo), ejecutado por M&R, los católicos habían descendido al 74.4%, mientras los evangélicos ascendían al 15.1%.

En 2005, casi al final de la era neoliberal, que le correspondió al presidente Enrique Bolaños, el desgrane de fieles debió haber declarado la Alerta Roja: el 58 % de la población profesaba la fe católica, según el censo del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).

Debemos apuntar este dato: mientras más católicos y más iglesieros se exhibían los presidentes Chamorro, Alemán y Bolaños; ministros y súper ministros, con las consecuentes políticas favorables a la organización eclesiástica que violentaban la Constitución – el articulo 14 define al Estado de Nicaragua sin religión oficial–, paradójicamente, en esa misma medida, las parroquias se vaciaban.

Cambia, todo cambia

A partir de la presidencia del comandante Daniel Ortega, en 2007, la población evangélica, gracias a Dios, ha encontrado mejores condiciones para expandirse al punto que ha experimentado un boom en su innegable crecimiento exponencial.

Ahora, los evangélicos están por todas parte y destacándose con la bendición del Altísimo.

El máximo campeón de Nicaragua, por su depurada técnica, su punch, su estilo, su magisterio sobre el cuadrilátero, ha contado con la bendición de ser considerado por los especialistas, el mejor hombre libra por libra del mundo: Román “El Chocolatito” González.

Nunca un deportista nicaragüense alcanzó la cúspide de la gloria mundial. Una prueba viviente de que Nicaragua si bien no es el Paraíso, tampoco es la misma del siglo XX.

En 2015, la consulta nacional que hizo Cid Gallup ubica a la Iglesia Evangélica con el 36 %, apenas a un 10% de distancia de la Iglesia Católica, que en la actualidad representa el 46% de la población de Nicaragua.

No se trata de tomar a la ligera estos informes. Puede que en el firmamento tradicional de algunos, el catolicismo sea considerado la “iglesia de Nicaragua”, y de ahí se desprenden actitudes, lineamientos, declaraciones, análisis, juicios y prejuicios y decisiones que, objetivamente, no cuentan con un soporte real.

Desde esa mentalidad que no se mueve, en tanto firmamento, se trata de considerar a estas alturas del siglo XXI que la Iglesia Católica es la “Voz del Pueblo”. Y que como tal, así se le debe corresponder.

Pero únicamente es la voz del 46% de los nicaragüenses. El 36% de nuestro país se define miembro de la Iglesia Evangélica de Nicaragua y cuentan con sus propias palabras. Los protestantes ya no pueden ser ninguneados.

Además, también la encuestadora indica que demográficamente, en Nicaragua hay un 15 % de creyentes sin participación alguna en las religiones establecidas.

Así que no se le presta ningún favor a la Democracia cuando a una Iglesia con el 46% de la población, por conveniencias políticas y burdas manipulaciones, se le atribuyen mayorías ajenas.

Tampoco sería de buenos demócratas que esa institución también asumiera la representatividad de ese 15% de cristianos sin templos, o de los Testigos de Jehová, mormones, etc., que ya suman el 3%.

Ahí está el caso del documento que en 2014 la Conferencia Episcopal le entregó al presidente de la República, comandante Daniel Ortega y a la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo, en el que se hace una serie de planteamientos políticos y de otros temas.

Como institución, no se le puede negar ese derecho, más cuando funciona la democracia, como acontece en la nación. Sin embargo, no puede tomársele como la palabra de todo el pueblo de Nicaragua, menos como la Palabra de Dios. No es la Biblia.  Es el punto de vista de un sector, no de la nación.

El mismo papa Francisco, citado por el escritor Carlos Alberto Montaner, ha sostenido que la Iglesia Católica no posee la verdad absoluta. Esto se corresponde con la carta enviada a un periodista ateo de Italia, donde Jorge Mario Bergoglio refuerza:

“La verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios por nosotros en Jesucristo y por tanto la verdad es una relación. Cada uno recibe la verdad y la expresa a partir de sí mismo, de su historia, de su cultura y de la situación en dónde vive”.

La Verdad y el único intermediario entre Dios y el género humano es Jesucristo, revela la Santa Biblia.

Lo demás es politiquería mundana.

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