Opinión

El Papa que no le dio gusto al fariseísmo global contra Cuba

Querían, quieren, que Jorge Mario Bergoglio tronara contra la Revolución, querían que se fundiera en abrazos con la llamada “disidencia”

papa--raul
Papa Francisco y Raúl Castro |

Edwin Sanchez |

El papa Francisco ha denunciado las maldades que contaminan el planeta, incluso más que los gases de efecto invernadero, pero he ahí que los cuestionados miran hacia otras partes y es poca la prensa dispuesta a ampliar esos mensajes en el terreno y poner en el banquillo a los aludidos.

Sin embargo, cuando el Papa anunció su visita a Cuba, aquellos responsables de los males señalados por Francisco, y mucha de esa prensa indiferente ante las verdades expuestas, de repente se presentaron como dechados de pureza, inmaculados hasta la perfección, atentos para extraer de una coma, de una entonación y hasta del cantadito argentino, una condena a la Revolución.

El fariseísmo mundial estaba listo a lanzar la primera piedra, esperando el supuesto banderillazo papal. Querían, quieren, que Jorge Mario Bergoglio tronara contra la Revolución, querían que se fundiera en abrazos con la llamada “disidencia”, querían que hiciera en una misa lo que más de 50 años de agresión infame no pudo.

Empero, este es el caso de un Papa que no manipula ni mucho menos se deja manipular. Su sinceridad es tan grande que no le abona a nadie lo que tampoco se merece.

Francisco es distinto, tanto que una cubana, Juana Isabel González, se lo dijo muy claro al corresponsal de la AP: “Este Papa es del pueblo, habla por nosotros”.

Por ser abierto, proclama aperturas, encuentros y reencuentros. Por ser uno de los primeros oponentes a las guerras tan rentables para la gran industria bélica, ondea la paz y la justicia que no dejarán utilidades, pero sí la vida a los pueblos que sufren por los conflictos armados.

Por eso no siempre cae bien y se espulgan sus sermones, cartas y encíclicas buscando las piezas que les permitan rearmar un Papa a su imagen y semejanza, pero no pueden, y por eso, decepcionados, le llaman de izquierda, radical y marxista. Hasta anti Papa, pues.

El fariseísmo global le está pidiendo demasiado a Francisco, sobre todo los que con el autoritarismo que les caracteriza desde las posiciones ultraconservadoras, piensan que Cuba es la “oveja descarriada” de Occidente y el Papa fue ahí para “volverla al redil”.

Cuba, en principio, nunca se ha perdido. América Latina entera era la que se había perdido. La Perla del Caribe estaba clara hacia donde iba, y precisamente, por saber y querer su destino de nación, el propio, no el impuesto, es que los radicales en Estados Unidos intentaron abortar el camino de su independencia y ejecutar atentados contra el comandante Fidel Castro.

Lo hicieron también con la voladura de un avión donde viajaban jóvenes deportistas; con el terrorismo contra turistas y durante más de cinco décadas, el inhumano embargo económico contra la Isla.

Una nueva generación de políticos estadounidenses, que ha dado frutos como el estadista que es Barack Obama, gracias a Dios sea, se desmarca de esa visión ultrahegemonista de la era Bush, cuyas secuelas ya las siente Europa con la crisis de inmigrantes.

De los errores
Pero también la Revolución ha sufrido otro bloqueo de manufactura nacional. Sí hay errores, eso es indiscutible. Que en cierta época se prohibieran a las congregaciones religiosas ofrecer sus ceremonias fuera de las casas, es uno de ellos. Que no se haya alentado hace rato a los emprendedores contar con sus propios negocios, es otra falla. Que la prensa diera la espalda a la cotidianidad de su pueblo y expresara a Cuba solo su cielo azul sin nubes, facilitó los problemas que bien pudo ahorrarse la misma dirigencia.

El presidente Raúl Castro lo expresó en 2011, en su informe al Tercer Pleno del Partido Comunista, cuando enfocó los temas de fondo y en el que, ¡oh, sorpresa! , ahí no estaba la “mano del Imperialismo”: la burocracia y la corrupción.

“Esos delitos son consecuencia de la pasividad con que actúan algunos dirigentes y la falta de funcionamiento integral de no pocas organizaciones partidistas”, dijo entonces.

Raúl insistió que “estos fenómenos pueden llevarnos a la autodestrucción de la revolución”. La corrupción en la isla “es equivalente a la contrarrevolución”, subrayó.

Como toda obra humana, la Revolución contará con imperfecciones, pero hay que distinguir entre un “pecado venial” y algo espantosamente perverso.

Ni siquiera en los monasterios de hombres o mujeres piadosos, y casi con un halo célico sobre sus testas, están exentos de la iniquidad, porque ahí, en algunos de esos claustros y sus derivados, donde se supone se respira a beatitud, se ha utilizado la religión para causar horrendos daños, como se comprobó en un orfanato católico de Irlanda, donde unas monjas violaban a las niñas. (http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150830_sociedad_finde_orfanato_monjas_violacion_irlanda_egn)

Los “pecados” de la Revolución Cubana ni siquiera son comparables con las atrocidades del tamaño del Maligno que acontecen en las sociedades “libres”, donde se practican nuevas formas de esclavitud y el tráfico de seres humanos.

Los fariseos que soñaban con que Francisco lapidara la Revolución, se quedaron solos con sus piedras. Un diario de la derecha española se quejó porque en Cuba “decidió mantener un perfil bajo para no molestar al régimen”.

Bergoglio llegó a firmar, afirmar y confirmar con su visita, la reconciliación con lo mejor de Estados Unidos, porque Cuba, como América, no son enemigos de esa gran nación, de la que hay mucho que aprender.

Por eso la esperanza de Juana Isabel, la técnica en epidemiología (57 años), entrevistada por la AP: “Esperamos que mueva el corazón de aquellos (los líderes estadounidenses) y que nos levanten el bloqueo”.

La Revolución es el sobrehumano esfuerzo de un pequeño pueblo con un enorme dirigente, acusados de promover la herejía ante un subcontinente que en 1959 rendía culto a la United Fruit, entre otras “deidades”.

Si Cuba no ha alcanzado el Estado de Gracia, tampoco llega a merecer la condena del infierno por el derecho de ser República y no un patio trasero… eso sí sería un Pecado Mortal imperdonable.

también te puede interesar