Opinión

Los extremismos y el ataque contra el Parlamento de Canadá

La lamentable agresión, en la que fallecieron dos personas, ha sido utilizada por algunos medios para desatar una ola antiislámica y justificar los últimos emprendimientos bélicos en países de Oriente Medio

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El extremismo islámico ataca a Canadá en su propio territorio | Terra

Alexander Guerra |

Los cordones policiales y las unidades antiterroristas no son un paisaje común en la apacible y fría Canadá. Pero esta semana la nación norteamericana sufrió dos ataques mortales en menos de 48 horas, el último de ellos en uno de los lugares más emblemáticos de su capital, el complejo de edificios que alberga al Parlamento.

Michael Zehaf-Bibeau, un joven de ascendencia libia y de confesión islámica, disparó el miércoles contra el cabo Nathan Cirillo, que montaba guardia de honor en el Monumento a la Guerra de Ottawa. Después amenazó con un arma a un conductor para robarle un vehículo con matrícula diplomática y dirigirse al Parliaemnt Hill, donde está la sede del Gobierno canadiense.

Una vez en las puertas del edificio, conocido como Bloque Central, Zehaf-Bibeau se adentró en los pasillos donde fue confrontado por fuerzas de seguridad y abatido en un tiroteo. El primer ministro, Stephen Harper, estaba en el Parlamento en el momento de los hechos y tuvo que ser evacuado.

Entretanto, el lunes, un joven de 25 años descrito por la Policía como alguien “claramente vinculado con una ideología terrorista” mató a un soldado y dejó a otro herido tras atropellarlos deliberadamente con su coche en un pueblo de Quebec.

No está claro aún si existe alguna vinculación entre ambos acontecimientos. Pero no es casualidad que ambos se produzcan a pocos días de la partida de seis aviones de combate canadienses hacia Kuwait para participar en los bombardeos que la coalición internacional está efectuando contra el autonombrado Estado Islámico (EI).

A principios de mes, la Cámara de los Comunes aprobó por estrecho margen participar en las acciones bélicas que lidera Estados Unidos en la región y elevó el nivel de alerta terrorista de bajo a medio, por temor a una represalia del EI.

LA ESTRATEGIA DEL MIEDO

Si bien desde todo punto de vista los ataques son repudiables, resulta preocupante cómo algunos sectores de poder y medios de comunicación intentan utilizar el escenario para promover una cultura de odio hacia los musulmanes y justificar el accionar de las potencias occidentales en Oriente Medio.

El país norteamericano es famoso por acoger a inmigrantes de diversas regiones y asimilar un amplio abanico cultural. En Canadá viven más de un millón de musulmanes (cerca del 3 % del total de la población) y se espera que la cifra se triplique en las próximas dos décadas.

Una propaganda del miedo contra ese sector pone en riesgo la vida de hombres, mujeres y niños que nada tienen que ver con el extremismo.
Además, la cobertura mediática que han recibido ambas noticias refleja los prejuicios y estereotipos sobre los que se intenta imponer el vínculo entre Islam y violencia.

En esta ocasión se repite hasta el cansancio la confesión de los perpetradores, pero resulta notoria la comparación con un caso reciente en otro país tranquilo, Noruega, donde un extremista de derecha asesinó a más de 70 personas. Nadie hablaba de la afiliación a la iglesia luterana de Anders Behring Breivik, ni mucho menos de su vinculación a los francmasones.

Cuando aparece el Islam en la ecuación todos los cálculos parecen resueltos. En las últimas horas se han lanzado teorías respecto a la militancia de ambos atacantes y sus posibles nexos con grupos radicales organizados. Sin embargo, se hace poco énfasis en lo más obvio, que ambos actuaron solos y sin planes sofisticados.

Zehaf-Bibeau tenía un historial criminal por posesión de drogas, robo y amenazas. Además, había sido sometido a un examen psiquiátrico en prisión aunque fue declarado mentalmente “sano”.

El diario canadiense Globe and Mail habló con Dave Bathurst, amigo del sospechoso, quien indicó que a primera vista no parecía tener inclinaciones extremistas pero en ocasiones había manifestado comportamiento “errático”.

“Estábamos conversando en una cocina y no sé cómo lo expresó: dijo que el diablo lo perseguía”, comentó Bathurst. “Creo que debía sufrir de enfermedad mental”.

Como es lógico, la desestabilización mental de una persona y sus acciones producto de esa condición son independientes de la religión que profesa.

La otra estrategia utilizada es el sobredimensionamiento de la percepción del riesgo, con el objetivo de crear pánico en la población y así poder justificar las movidas geopolíticas que están reconfigurando el Oriente Medio, una región rica en recursos naturales que lleva muchos años en la mira de las grandes potencias.

Los canadienses muertos a causa de ataques de osos e incluso producto de encuentros violentos con alces superan con creces a los fallecidos producto de acciones terroristas. Pero a nadie se le ocurriría convocar a una coalición internacional para bombardear bosques y deshacerse de tal amenaza.

El análisis de la situación en Canadá conlleva una reflexión más profunda de la que están haciendo los grandes medios occidentales, no sin una marcada intencionalidad.

Los extremismos son lesivos en todas sus formas, tanto los que involucran a la religión como aquellos que se basan en ansias de poder. Y se corre el grave riesgo de caer en un círculo vicioso cuando se intenta combatir el fuego con más fuego.

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