Opinión

A río revuelto

¿Pueden o no pueden los interesados detener el tráfico ilegal de armas en la frontera sirio libanesa?

Armamento
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Redacción Central |

La noticia no debe asombrar a nadie. En cualquier conflicto armado, y sobre todo en los más recientes, siempre hay movimientos detrás del telón. En países con extensas fronteras es difícil mantener a raya a los contrabandistas que se aprovechan del caos para obtener grandes beneficios.

El caso de la línea divisoria sirio libanesa es uno más. Lo único malo es que ahora mismo el gobierno de Bashar al Assad está tratando de sobrevivir a un conflicto bélico  que parece un rompecabezas étnico y religioso sin fin.

Los grupos rebeldes opuestos al presidente Bashar desarrollan sus acciones a veces paralelas, y a veces no, con las fuerzas del Estado Islámico. A esto hay que sumar las acciones que emprende la coalición liderada por Estados Unidos en territorio sirio para luchar contra el EI, y de paso también contra el ejército sirio.

Es un escenario en el que el consumo diario de armas y municiones es lo normal. Y esta “normalidad” ha llevado a crear las condiciones ideales para que un grupo de avispados comerciantes llenen sus bolsillos con oro.

A través de la frontera libanesa llegan a Siria, cada día, cientos de armas y pertrechos militares. No son simples cajas de bala para un arma personal o para un rifle. Nada de eso. Modernos misiles antitanques B9 y B10 llegan a manos del Ejército Libre Sirio sobre los caballos y mulos de los comerciantes ilegales.

El tráfico del contrabando no se ha detenido un solo día en los 400 kilómetros de corredor durante los casi cuatro años de guerra civil en Siria. Y ni el ejército libanés ni el sirio son capaces de detenerlo.

Hay muchísimo dinero en juego y habría que responder primero esta pregunta: ¿Pueden o no los interesados detener el tráfico ilegal de armas en dichas fronteras?

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