Opinión

El cuarto poder en Estados Unidos

Los aparatos de inteligencia crecen exponencialmente con poco o ningún control

Espionaje de la NSA
Espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos | La Verdad Oculta

Joaquín R. Hernández |

Algún tiempo atrás relatamos los vericuetos de la insidiosa polémica que enfrentaba a la Agencia Central de Inteligencia y al Comité del Senado que debe supervisar la actividad del cada vez mayor sistema de órganos de espionaje y contraespionaje en Estados Unidos.

La saga no tiene un final previsto. Suele permanecer en silencio durante semanas, sin que se sepa el destino del voluminoso informe que el Comité ha elaborado sobre los métodos, entre salvajes e ineficientes, utilizados por la inteligencia estadounidense en su “guerra contra el terrorismo”.

Solo se conoce que, entre otras cosas, la investigación demostrará que las “técnicas ampliadas de interrogatorio” utilizadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) no son sino un eufemismo para prácticas brutales de tortura. Y se conoce también que la tortura ha sido inútil para descubrir las oscuras conspiraciones que perseguían.

Los propios senadores que conocen parte del informe, incluida Dianne Feinstein, la presidenta del Comité -quien durante años fue la “mujer de la CIA” en el Congreso- anuncian que los ciudadanos estadounidenses serán choqueados por el contenido del esperado informe.

Durante el lento transcurrir de la indagación han ocurrido obstáculos, zancadillas, mentiras y ocultamientos a los investigadores del Senado, tal como conocimos. En un momento dado, sus computadoras fueron espiadas y se les acusó de robar documentos.

Ahora el jefe de la Agencia, John Brennan, ante llamados de senadores que piden su renuncia, ha pedido disculpas por las acciones incorrectas de sus empleados de bajo nivel que, dice, inconsultamente habían espiado a los representantes del Comité.

Por estos incidentes contra la investigación senatorial la CIA está acusada de violar la separación de poderes establecida por la Constitución, de violar la Cuarta Enmienda a la Constitución, de transgredir la Ley de Fraude y Abuso Computacional, así como la orden ejecutiva 12333, que le prohíbe conducir investigaciones en el territorio norteamericano.

Pero poco o nada pasará.

La Casa Blanca y el Departamento de Justicia han decidido no inmiscuirse en el asunto. Nadie apuesta un centavo tampoco a que, por ejemplo, los senadores -más allá de los miembros del Comité- acusen de perjurio a los jefes de la CIA por mentir al Congreso.

Y el informe nacerá castrado: en la actualidad es sometido a una exhaustiva revisión por… personal de la CIA, con capacidad de veto sobre su contenido.

La iglesia en manos de Lutero.

El cuarto poder  

Y es que sin que casi nadie se percate, el sistema de inteligencia en Estados Unidos ha ido creciendo exponencialmente en número, en presupuesto y en poder.

Los tradicionales tres poderes establecidos por Montesquieu tienen poco tiempo para dedicarse a controlar el pantagruélico aparato que, sobre todo después del 11 de septiembre, se ha ido formando.

Hoy existen 17 órganos en la llamada comunidad de inteligencia de Estados Unidos, algunos de ellos totalmente desconocidos: la Agencia Central de Inteligencia, la Oficina de Inteligencia y Contrainteligencia del Departamento de Energía, el Departamento de Seguridad de la Patria, el Buró de Inteligencia del Departamento de Estado, la Oficina de Inteligencia y Análisis del Departamento del Tesoro, la Agencia de Inteligencia de la Defensa, del Pentágono, los conocidos DEA, NSA y FBI, la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, la Oficina Nacional de Reconocimiento, a cargo de la observación satelital, la Oficina del Director Nacional de Inteligencia, los aparatos de Inteligencia de la Fuerza Aérea, del Ejército y de los Guardacostas, así como del cuerpo de Marines y la Inteligencia Naval.

Otros datos dan idea del volumen monstruoso del sistema.  Hace cuatro años, el diario The Washington Post realizó un largo trabajo de investigación sobre el tema. Los resultados fueron asombrosos entonces, y la tendencia a la hipertrofia del sistema no ha dejado de acrecentarse:

— 1,271 organizaciones gubernamentales y 1,931 compañías privadas trabajan en programas vinculados con el contraterrorismo y la inteligencia en diez mil locaciones en el país.

–854 mil personas, una vez y media la población de Washington, tienen credenciales para acceder a documentos altamente secretos.

–Solo en los alrededores de la capital, 33 complejos de edificios para actividades muy secretas se han construido desde el 2011: su superficie sumada es equivalente a tres Pentágonos o a 22 Capitolios.

–Muchas de estas agencias hacen el mismo trabajo y crean información redundante. 51 organizaciones federales y comandos militares, en 15 ciudades, siguen el flujo de dinero de las mismas redes terroristas.

–Y los incontables analistas producen 50 mil informes de inteligencia cada año, tantos, que una gran parte de ellos se ignoran rutinariamente.

El sistema de inteligencia, como se ha denunciado, tiene sus propios tribunales secretos, que les permiten operar al margen del sistema judicial estadounidense.

El poder ejecutivo y el poder legislativo, enredados en disputas paralizantes, tienen poco tiempo para ocuparse de las actividades de este cuarto poder en permanente expansión.

Hace años se encargó a un nuevo órgano, la Dirección Nacional de Inteligencia, la ciclópea tarea de supervisar este sistema.  El conocido John Negroponte, al frente del órgano, vio cómo se le cerraban las puertas una tras otra: todas las agencias crearon sus propios mecanismos de protección.

La propia Dirección de Negroponte comenzó con 11 personas en una instalación cercana a la Casa Blanca.

Hoy radica en el famoso y monumental Liberty Crossing, un enorme edificio con miles de espacios de parqueo para sus también miles de trabajadores.

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