Opinión

El odio y las balas no existen en el corazón de los buenos nicaragüenses

La atroz matanza cometida por ¿personas? que forman parte de una minoría aferrada a un pasado de sicariato y terror pertenecen a una época a la cual nunca regresaremos

Solidaridad
En Solidaridad Con los familiares de las víctimas agredidas el 19 de Julio |

Alejandro Guevara |

Nadie, al menos en su sano juicio, puede quedar indiferente ante la barbarie cometida contra nuestros propios hermanos nicaragüenses cuando regresaban jubilosos de celebrar el 35 aniversario de la Revolución Popular Sandinista el pasado 19 de julio.

Este hecho atroz cometido por ¿personas? que forman parte de una minoría aferrada a un pasado de sicariato y terror, no solo ha estremecido a Nicaragua. Buena parte del mundo ha enviado su más enérgica condena a una acción que no puede quedar impune.

Y no hablo de venganza al estilo “ojo por ojo”. Hacer eso sería ponernos al nivel de los asesinos cobardes que buscan sembrar la desunión en nuestra tierra de lagos y volcanes.

El odio se vence con amor, con unidad, con la demostración dada por este país, capaz de reconciliarse en tiempos de las más acérrimas diferencias y seguir adelante, por los caminos de los Nuevos Tiempos.

Hoy más que nunca, debemos recordar que ciertos elementos cuando se sienten acorralados y asfixiados, cuando ven que han pasado más de un lustro sin tener su “finca” a su disposición, buscan recuperarla a toda costa.

No soportan, no pueden entender, que por mayoría aplastante un pueblo decida seguir al Frente y buscar el camino de la felicidad, de la prosperidad y el Buen Vivir en armonía. No comprenden tampoco que cuando un pueblo despierta y comprende el horror de la palabra “neoliberal”, ya no quiere volver allí.

Ahora buscarán, ya lo veremos muy pronto, oscuras teorías conspirativas para hablar desde el autoatentado hasta la fisura que les dé algo de rédito político, ese que ya saben no conseguirán con libelos autocomplacientes que no leen más que ellos mismos.

Lo que sí deben saber los autores de esta carnicería es que por cada un@ de los cinco herman@s muert@s y la veintena de heridos, hay centenares de miles dispuestos a ocupar su lugar.

Nicaragua ha comenzado a transitar una ruta escogida de forma mayoritaria por nosotros mismos. Todos los que creemos en las libertades democráticas, sociales, civiles y políticas, hemos reafirmado con este hecho que el camino de la barbarie no tiene cabida en nuestros corazones.

Nunca más puede permitirse que la sangre de un hermano corra por que piense diferente. Nunca más el odio político debe asomar. Nunca más pasarán. Este atentado terrorista viola uno de los más sagrados derechos constitucionales y de las convenciones internacionales que se refiere en primer lugar el derecho a la vida, a la libertad de manifestarse, movilizarse y expresar nuestras ideas de la manera que las personas crean más conveniente.

El camino del odio y las balas, sépanlo, está desterrado del corazón de los buenos nicaragüenses.

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