Opinión

Pepe Mujica visita Washington

La visita del presidente uruguayo a Estados Unidos, que aún continúa, ha copado los medios internacionales

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Mujica y Obama se reunieron por primera vez | La Nacion

Joaquín R. Hernández |

Finalizaba febrero de 1985.  Del IL62 que acababa de aterrizar en el aeropuerto de Montevideo, descendió la delegación nicaragüense encabezada por el presidente Daniel Ortega, invitada a la toma de posesión presidencial de Julio María Sanguinetti.

Un día después, el primero de marzo, el régimen dictatorial, que en sucesivas versiones había ensangrentado durante años al pequeño país sudamericano, entregaría el poder al nuevo presidente elegido por el pueblo.
Ese día, el día de la proclamación presidencial, fue uno de los más felices en la vida de los uruguayos.

El concierto popular concentró a más de 80 mil personas en la plaza del Ayuntamiento de Montevideo.  Había comenzado de día, y a las cuatro o cinco de la mañana la multitud seguía siendo compacta.  Los asistentes cantaban junto con los trovadores latinoamericanos: conocían de memoria las letras de las canciones que durante años les habían estado prohibidas por la dictadura militar.

Entre tanto, todos los partidos políticos, siguiendo una costumbre nacional   –en el país había más cabezas de ganado que personas–  celebraban la restauración de la democracia con los tradicionales asados.
Pero la emoción mayor correspondía, sin duda, al recibimiento a los primeros presos políticos que lograban ser liberados  –más de doscientos lo serían en los días siguientes–, sobrevivientes de las torturas y los asesinatos.

Entre ellos puede haber estado un hombre pequeño, sencillo y campechano, fundador junto con el legendario Raúl Sendic del Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros.
José Mujica ya tenía entonces casi cincuenta años, de los cuales había cumplido catorce en prisión por sus actividades en la famosa guerrilla urbana.  Había pasado por varias cárceles en cuarteles militares, hasta que fue integrado al grupo de los llamados “rehenes”, a quienes la dictadura había amenazado con la muerte si se producían nuevas acciones guerrilleras.

El ya veterano combatiente, que se había incorporado a la política dejando atrás su pasado de chacarero u horticultor, se dedicó de lleno a la política.  Creó, como parte del Frente Amplio, el Movimiento de Participación Popular.  En las elecciones del 2004, su agrupación obtuvo un récord de votación, y se consolidó como la principal fuerza dentro del Frente.

Fue ministro y parlamentario  –diputado y senador–  hasta que en el 2009 fue electo presidente, siguiendo la huella de su antecesor y compañero de militancia Tabaré Vázquez.

En Estados Unidos

Con esta trayectoria, no dejaría de llamar la atención por lo tanto su visita de estos días a Estados Unidos y su prolongada conversación con el presidente Barack Obama:  una hora y cuarenta minutos en la Sala Oval de la Casa Blanca, ambos sentados junto a sus traductoras, mientras que de pie –imagino que agotados–  los acompañantes de ambos miraban la conversación:  por la parte estadounidense, el vicepresidente Joe Biden, el secretario de Estado John Kerry y la consejera de Seguridad Nacional Susan Rice, entre otros.

En el encuentro, y ante la prensa, Mujica hizo gala de su peculiar forma de comunicarse, abundante en giros populares, en salidas inesperadas y, sobre todo, en expresiones de una franqueza también inhabitual, aunque siempre con el cuidado y los matices de un político avezado.

Los medios han referido abundantemente sus declaraciones. En algunos casos han intentado maquillar su lenguaje. Vale la pena reproducir algunos temas principales y sus comentarios:

–Mujica reiteró a Obama su ofrecimiento a recibir varios presos de la Base Naval de Guantánamo y ayudar así a su clausura: “Cuando hay un presidente al cual le dimos palo y lo hemos criticado por esto y por lo otro, y lo vamos a seguir criticando, y quiere terminar con esa vergüenza, lo mínimo es tratar de ayudar en una situación difícil”.

— Barack Obama lo calificó de líder continental de los derechos humanos. Mujica habló sobre este recurrido tema.  Aludiendo a la cárcel en la Base Naval de Guantánamo, dijo: “Nos parece que está en el orden de los cacareados derechos humanos de los que todo el mundo habla, pero hay que poner la carne en la parrilla y hablar menos de los derechos humanos y respetarlos más”.

–Pidió ayuda en la reclamación de la tabacalera Philip Morris por obligarla a poner en las cajas de cigarrillos grandes anuncios contra el hábito de fumar: “Soy un viejo fumador, pero en el mundo mueren 8 millones de personas. Estamos en una pelea dura y durísima en la batalla por la vida y nadie tiene que hacerse el distraído”.

–No podía dejar de abordar el tema de la política de Estados Unidos hacia Cuba: “Habrá que trabajar mucho. Creo que este gobierno es el más maduro para mejorar las relaciones con Cuba. Pero hasta aquí llega lo que le puedo decir”.

–Y coincidiendo con su posición pública hacia la injusta prisión en cárceles estadounidenses de tres de los cinco cubanos luchadores antiterroristas, dijo: “…no tenemos empacho en decir que le pedimos por favor al gobierno norteamericano que haga lo posible porque esos prisioneros cubanos que hace muchos años, muchos años, que están allá… se busque la manera de liberarlos”.

Sin embargo, pese a su proverbial franqueza, probablemente haya sido más relevante lo que no dijo Mujica, que lo que reveló: “Hubo unas cuantas cosas en la viña del Señor pero, si son privadas, no las voy a comentar”.

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