Opinión

Una rosa deportista

La Rosa de Jericó, un raro ejemplar de la flora, es émulo de los maratonistas

Rosa de Jericó
Rosa de Jericó, es originaria de los desiertos de Arabia y las inmediaciones del mar Rojo, estando también presente en Palestina y Egipto.1 No crece de forma nativa en la ciudad de Jericó. | Wikipedia

Redacción Central |

La naturaleza tiene especies muy curiosas en el reino vegetal donde existen plantas que segregan goma o leche, son parásitas o cazadoras y además ¡deportistas! Entre estas últimas, destaca la Rosa de Jericó.

Sobre esta maratonista del reino vegetal, a la que nadie aún le ha cronometrado los kilómetros recorridos, existen más de mil y una leyendas, debido a que la planta está dotada de cualidades muy particulares y una original curiosidad.

La Rosa de Jericó después de florecer no muere como otras especies. Toma el aspecto de una ligera bola de hierbas secas que el viento empuja a su antojo, sobre las arenosas dunas desérticas de varios países de África y Medio Oriente.

La rosa es oriunda de Siria, pero viaja por el aire sin pasaporte, a través de Egipto, Palestina, Afganistán, así como por zonas cercanas al Mar Rojo.

La resistencia de esta atlética flor es comparable con la del soldado griego Filípides, quien recorrió 225 kilómetros corriendo para avisar a su pueblo la victoria de sus tropas sobre el enemigo, pero no resistió el trayecto y  murió después de dar el mensaje.

Su carrera de miles de kilómetros puede durar meses o años,  por eso la llaman la maratonista del desierto, y a diferencia del deportista griego, cuando recibe un soplo de aire húmedo o gotas de rocío o lluvia, cambia nuevamente su apariencia.

Utilidad de la flor

De las flores conocidas en el mundo antiguo, la rosa siempre fue vista como el símbolo de la belleza. Los griegos la asociaban al culto de Venus y en Egipto, se empleaba en los ritos funerarios.

Aunque sus mayores defensores fueron los romanos, pues para ellos la rosa era el elemento principal de la decoración y aparecía en numerosos platos que condimentaban con sus pétalos.

Desde tiempos remotos, la rosa se utilizó debido a su aroma y tenía gran uso en el arte culinario por su sabor dulce, pero no todas las especies sirven para cocinar. Se emplea en la aromoterapia y los terapeutas dicen que dedicarse a su cultivo beneficia la salud.

El nombre de la rosa

Jericó era una ciudad antigua del Cercano Oriente situada a orillas del río Jordán, vía fluvial que pasa por Israel y atraviesa Siria y Jordania. La arqueología ha confirmado lo ocurrido sobre su desaparición.

Objetos hallados en sus ruinas indican su caída alrededor del año 1400 a.n.e., mientras documentos históricos revelan que fue parte del Imperio Otomano hasta 1917. Estuvo bajo control jordano y fue conquistada por Israel en la llamada Guerra de los Seis Días.

Aunque desde 1994, por los Acuerdos de Oslo, está bajo la administración de la Autoridad Palestina.

Alrededor del año 7 000 a.n.e., la rosa fue vista por primera vez en ese sitio, distante unos 23 kilómetros de Jerusalén, ciudad santa de las religiones cristiana, israelita y musulmana, cuando aún era desconocida.

Crónicas antiguas afirman que durante el segundo milenio a.n.e., astutos mercaderes la traían de lugares lejanos y la vendían como talismán, aprovechando la interpretación que los fieles de cada una de las religiones de la región, daban a las cualidades de la rosa.

Con los siglos, el imaginario popular alimentó la historia sobre las cualidades de la flor y como en aquella época Jericó tenía un gran esplendor, la rosa adquirió fama y adoptó el nombre de la ciudad que la acogió.

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