Opinión

Las desventuras de un continente irredento

Los apetitos sobre África no cesan. A los viejos imperios se ha unido Estados Unidos, que desarrolla su presencia militar en el continente

AFRICOM
El General Carter Ham, Comandante del AFRICOM, visitando las tropas durante uno de sus muchos viajes al continente africano |

Joaquín R. Hernández |

Los botes se acercaron sigilosamente a costas desconocidas. Era el 24 de abril de 1965, y en varias embarcaciones el comandante Ernesto Guevara y el grupo de avanzada de su tropa, acababa de cruzar el lago Tanganica. Ante sus ojos, el borde de la tierra congolesa –el antiguo Congo Leopoldville– aparecía informe e inescrutable.

El práctico indicó un punto en la oscuridad y un hombre saltó del bote. Con el agua a media pierna, fue guiando las embarcaciones hasta su destino costero.

El Che iba al frente de una tropa de 130 combatientes cubanos, negros todos o la gran mayoría, cuyo destino inicial no suponía entrar en combate, sino asistir como instructores a los guerrilleros congoleses, por solicitud del movimiento congolés de liberación nacional.

Los patriotas congoleses luchaban contra los asesinos de Patricio Lumumba.

En acuerdo con el imperialismo internacional, habían escamoteado la independencia proclamada por el gran patriota africano: era el primer gran anuncio de que el ascenso a la independencia de forma casi simultánea de diecisiete naciones africanas, no significaba el fin de la injerencia imperial.

Un recorrido medio siglo después por tierras africanas, nos revela que los apetitos de los antiguos imperios no se han apagado. Sus tropas aparecen aquí o allá, tutelando sus viejas colonias, ahora con la clara misión de defender sus intereses en el rico continente.

El nuevo personaje es Estados Unidos. Sin antiguas colonias que velar, cada día su presencia militar se afianza en África.

Hace algún tiempo hablamos en este sitio de los proyectos expansionistas del Comando Africano de las fuerzas armadas estadounidenses.

El periodista Nick Turse, especialista en estos temas y editor de TomDispatch.org, uno de los más combativos y serios sitios alternativos en internet, volvió al terreno y encontró, en conversaciones con sus numerosas fuentes militares, la confirmación de que esta expansión de las tropas de Estados Unidos sobre el llamado continente negro es una realidad.

Durante muchos años, los dirigentes del comando, también conocido como AFRICOM, han restado importancia al alcance de las operaciones estadounidenses en el continente y afirmado que solamente tienen una base en África, en Djibouti.

Del mismo modo, han limitado el acceso de los periodistas y han ocultado el número de operaciones del comando y de sus desplazamientos. Su imagen pública es la de una inocente misión militar dedicada a tareas humanitarias y a proporcionar cándidos apoyos a entes locales.

La realidad

La realidad, indica Turse, es que Estados Unidos está preparando condiciones para una amplia concentración militar en el continente. Hoy, pese al bajo perfil que asumen, promedian una misión militar diaria, en compañía de casi cualquier fuerza militar de cualquier país africano, construyendo campamentos y las llamadas (y secretas) “locaciones de seguridad de contingencia”.

Estas operaciones pueden ser, por ejemplo, desempeñar un papel activo en guerras como la de Libia o de la República Centroafricana, mediante el empleo de fuerzas de operaciones especiales. O en países como Somalia o Sudán del Sur. Las operaciones pueden consistir en golpes aéreos o secuestros. O apoyos con tropas en determinadas circunstancias.

No son especulaciones. En un raro momento de claridad, un oficial de AFRICOM, el capitán Rick Cook, explicó a sus oyentes: “Hemos variado de nuestra misión inicial como un afable comando de combate, a una actual, como comando de combate para librar una guerra”.

No fue un acceso casual de sinceridad. El capitán Cook es el jefe de la división de ingeniería de AFRICOM, y su audiencia estaba integrada por más de cincuenta representantes de algunas de las mayores firmas de ingeniería del planeta.

Allí era necesario hablar con claridad, pues se negociaba la ampliación de las instalaciones militares existentes y la realización de muchas otras. Cook fue explícito ante las firmas interesadas en los jugosos contratos que resultarán de estos emprendimientos.

“Los dieciocho meses más o menos que llevamos aquí”, dijo, “hemos estado en guerra todo el tiempo”. Y añadió: “Estamos tratando de proveer oportunidades al pueblo africano para resolver sus propios problemas. Ahora, desafortunadamente, operaciones en Libia, Sudán del Sur y Mali, en los últimos dos años, han demostrado que algo está sucediendo en África”.

Y en otro seminario de la misma especie, dijo que existían “grandes planes” para el continente, en un futuro marcado por la expansión de la gran base –la única públicamente aceptada– de Djibouti, una nueva instalación en Níger y un anillo de bases a lo largo del tercio norte de África. Al parecer sin percatarse, reconoció la existencia de una ignorada instalación militar estadounidense en Mali.

Pero por otras vías se conocen nuevos datos: una facilidad multipropósito en Camerún; expansión de la presencia en Niamey, capital de Níger, desde cuyo aeropuerto internacional los drones realizan operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento; existencia de otras bases de drones en Djibouti, Etiopía y Seychelles; establecimiento del comando conjunto de operaciones aéreas especiales en Ouagadougou, Burkina Faso; 29 acuerdos para utilización de aeropuertos en toda África para reabastecimiento de la aviación militar; cuarteles en Gao, ciudad de importancia al norte de Mali.

El listado de Turse es interminable.

Mientras China despliega intensamente iniciativas económicas para beneficio de las economías africanas y para el desarrollo de la vida de sus pueblos, sobre la soberanía de sus naciones se agranda la negra sombra de la presencia militar de Estados Unidos.

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