Opinión

Cumbre de internet: contra la hegemonía estadounidense

En Sao Paulo centenares de especialistas y luchadores sociales proclamaron la necesidad de impedir el control hegemónico de Estados Unidos sobre la red

Dilma Rousseff
Presidenta Dilma Rousseff en la Cumbre de internet en Sao Paulo | La Raza

Joaquín R. Hernández |

Brasil se ha puesto a la cabeza de quienes en el mundo intentan impedir que un medio tan valioso como internet corra la suerte de los medios de comunicación tradicionales y quede sujeto a los intereses de Estados Unidos y sus aliados.

En este mismo espacio hemos seguido los incidentes entre el gobierno brasileño y su presidenta Dilma Rousseff, y el invasivo servicio de inteligencia electrónico de Estados Unidos, revelado por Edward Snowden.

Dilma dio la gran señal en la Asamblea General de Naciones Unidas, cuando en su discurso no solamente condenó la intromisión en su propio teléfono y en el de importantes entidades brasileñas como Petrobras, sino que informó la voluntad de su gobierno de crear las normativas y los instrumentos para preservar la soberanía sobre el uso nacional de internet.

Su iniciativa recogía las preocupaciones y las denuncias de numerosas personalidades, instituciones y movimientos sociales, sobre lo que ya era obvio: por su poderío tecnológico y económico, Estados Unidos ejercía un predominio sobre internet que amenazaba su carácter fundamentalmente abierto y asequible, oportunidad inédita de expresión de criterios contrahegemónicos.

Lo primero fue lanzar una iniciativa legislativa nacional que fijara los principios sobre los cuales se reorganizaría el acceso a la red. Y como corolario de estas políticas, se respaldó la organización de una cumbre mundial sobre el tema, que se acaba de celebrar en Sao Paulo.

La propia participación en la reunión fue una muestra del interés generado por las iniciativas brasileñas. Representantes de 80 países, de empresas y monopolios de la tecnología y la informática, movimientos y organizaciones sociales, universidades, discutieron la pasada semana casi doscientas contribuciones sobre los temas principales de la reunión.

Seguridad de la red, privacidad, libertad de expresión, papel de los gobiernos en internet, acceso universal, neutralidad y, en especial, el fundamental tema de la gobernanza de internet, centraron los trabajos de los participantes. Temas que giran en torno a dos ejes fundamentales: la necesidad de establecer los principios de la gobernanza mundial de la red, y la definición de una hoja de ruta para regular las infraestructuras utilizadas y los propios usos de internet.

En la inauguración, la presidenta Rousseff dejó ver la preocupación latente en todo el debate: “Es importante la participación multilateral. La participación de los gobiernos debe ocurrir con igualdad entre sí, sin que un país tenga más peso que otros”, afirmó en clara alusión a Estados Unidos.

El ministro brasileño de Comunicación, Paulo Bernardo, fue más explícito: “Nuestra crítica está relacionada al hecho de que internet depende de los Estados Unidos. Los servidores raíz están todos en el hemisferio norte (los EEUU tienen nueve, Japón uno y Europa tres)”.

El ministro anunció que la acción brasileña se extenderá a los foros regionales, como la Unasur, la CELAC, así como a los BRICS, que se reunirán el 15 y el 16 de julio próximo en la ciudad brasileña de Fortaleza.

El Marco Civil de internet

Predicando con el ejemplo, el Congreso brasileño aprobó horas antes del inicio de la reunión de Sao Paulo, la esperada ley conocida como Marco Civil de Internet, que establece el principio de la neutralidad de la red y marca reglas para preservar la privacidad de los usuarios.  No obstante, el Congreso no aprobó un punto esencial propuesto por la presidenta, que obligaría a los grandes proveedores a instalar servidores en territorio brasileño para impedir que los datos circulen y se guarden en suelo estadounidense.

Entre tanto, Estados Unidos también se apresuró a adoptar medidas para evitar las consecuencias de un levantamiento generalizado contra su hegemonía.

El gobierno del presidente Barack Obama anunció que renunciaba a la prerrogativa de su país para la asignación de dominios, a través del departamento de Comercio y de una organización con sede en California, la Corporación de internet para la asignación de nombres y números, ICANN.

La gestión sería asumida en dieciocho meses por un sistema global, cuya composición fue tema también de debate en la cumbre de Sao Paulo.

El gesto, sin embargo, no es ni tan noble ni tan conciliador.

Internet, aun con el control de Estados Unidos, ofrece un importante ámbito de libertad.  Pero los verdaderos sistemas de control subyacen, más que en los contenidos o en la generación libre de software, en la distribución física de la información:  los propietarios de cables e instalaciones para las conexiones globales, de los grandes servidores, forman parte del propio sistema estadounidense.

La medida anunciada por Estados Unidos también corta el paso a cualquier iniciativa para extender la denuncia sobre su dominio de la red, a ámbitos más complejos, como las Naciones Unidas.

El proyecto debatido y aprobado gira en torno a la preservación de la libertad de expresión y de comunicación y a la protección de la privacidad frente a la intervención de Estados Unidos, demostrada en las denuncias a su actividad de espionaje.

Y respalda la exigencia de un control multilateral de los países en el uso del hoy vital instrumento de comunicación y de expresión.

Pese a la relevancia de la cumbre de Sao Paulo, el camino solo acaba de iniciarse.  Vendrán luchas difíciles pero inevitables, luchas por preservar las soberanías de nuestros países en este decisivo terreno, frente a la intromisión y el dominio norteamericano.

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