Opinión

Una nota sobre la cultura y el fascismo

Cuando la contrarrevolución venezolana ataca centros de educación y de cultura, no hace otra cosa que seguir la peor tradición fascista

fascismo  en Venezuela
Una vez más el fascismo lo intenta en Venezuela | Diario Octubre

Joaquín R. Hernández |

Miguel de Unamuno fue uno de los pensadores de la llamada generación española del 98 que más influencia tuvo sobre la juventud intelectual latinoamericana.

El ensayista, poeta y novelista español había trasladado su inconformidad ante la mediocridad de la vida política de su país, a los jóvenes que en América Latina despertaban a la acción y buscaban formas de conmover las sociedades donde vivían.  Eran los inicios del siglo XX.

Unamuno también tuvo una visión cercana hacia las literaturas que descollaban en Latinoamérica, uniendo a calidades literarias un evidente afán de emancipación cultural y política.

La guerra civil española lo sorprendió en todos los sentidos.  Su visión amarga de la sociedad de su país lo llevó a discrepar de aspectos de la vida en la República y no condenó de inmediato la reacción fascista.

Hasta que chocó con ella.

Según el relato, durante la conmemoración en 1936 del 12 de octubre, Día de la Raza, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca de la que era rector, Unamuno expresó con ira reproches a los abusos de las tropas franquistas.

A continuación tomó la palabra el jefe de la Legión Extranjera franquista, coronel Millán Astray, quien denostó contra lo dicho por Unamuno. Recibió los aplausos de sus conmilitones, quienes corearon: “¡Muera la inteligencia!  ¡Viva la muerte!”

Unamuno dejó el paraninfo después de estas frases definitorias, entre indignado y abrumado por el negro porvenir que se venía sobre España.  El veterano escritor vasco vivió los últimos días de su vida, no lejanos del incidente, sumido en la tristeza y la amargura.

Es un ejemplo histórico de los que habría muchos, sobre la aversión que el fascismo corriente profesa hacia la cultura y la inteligencia.  Otro ejemplo conocido es la frase atribuida tanto a Millán Astray como a Joseph Goebbels,  o como al dramaturgo oficial del nazismo, Hanns Johst:  “Cuando oigo la palabra cultura… ¡le quito el seguro a mi Browning!”

O el asesinato atroz de Víctor Jara en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, víctima de las hordas golpistas de Pinochet.

No es difícil entonces trazar una línea continua entre el siniestro pasado y lo ocurrido en Venezuela durante los pasados actos de violencia, que alcanzaron a instituciones de enseñanza, de salud y de comunicación.

El canciller venezolano Elías Jaua acaba de presentar el caso ante la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, donde recordó el ataque contra la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas, incendiada y destruida, al mismo tiempo que  una guardería, donde fue necesario rescatar a 89 niños menores de cinco años.

Jaua añadió a estos ejemplos las agresiones contra centros de difusión de cultura, como instalaciones de telecomunicaciones, el canal público Venezolana de Televisión, así como  emisoras de radio e instalaciones de salud.

El canciller venezolano, informa Prensa Latina,  se reunió con la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, para denunciar las afectaciones ocasionadas en su país por estas acciones violentas.

“Hemos querido venir a la Unesco porque esta institución ha reconocido los logros alcanzados por nuestra sociedad”, dijo.

Venezuela ha sido honrada internacionalmente por las organizaciones encargadas de la educación y la cultura por logros indiscutibles en el terreno de la enseñanza:  no existen en su territorio analfabetos, su matrícula universitaria ocupa el quinto lugar en el mundo y el segundo en América Latina y el Caribe.

Logros obtenidos con la dedicación de las grandes riquezas que produce este país, a las necesidades sociales de todo el pueblo.  “Todos estos derechos han sido agredidos por grupos violentos y armados”, denunció.

Nuestro gobierno, dijo Jaua,  enfrenta “una corriente antidemocrática, violenta y armada que ha ocasionado daños a los derechos fundamentales de la población, en este caso el derecho a la educación al destruir sedes educativas”.

La visita forma parte de una gira del canciller venezolano por diversas instituciones de Naciones Unidas especializadas en la promoción y defensa de los derechos humanos, en las cuales ha explicado y explicará la verdad de lo que ha ocurrido en su país y las agresiones de que la revolución bolivariana ha sido víctima, con la complicidad de figuras principales de la oposición.

La visita se había iniciado por el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, y luego de los encuentros en la UNESCO, en París, viajará a Roma para encontrarse con los máximos representantes de la  Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

Mientras Jaua esclarece y denuncia “una corriente antidemocrática, violenta y armada que ha ocasionado daños a los derechos fundamentales de la población”, en Caracas se van conociendo los detalles del proceso de paz que, paso a paso, ha ido concitando apoyos y criterios.

Pero las acciones de la ultraderecha golpista quedarán a la vista de la opinión pública, pese al enmascaramiento de la verdad por el mundo mediático occidental.

Otra vez, el grito de muerte al saber, a la enseñanza, al arte y a la literatura, a la vida y a su preservación, ha sido proclamado por la versión local y vandálica del fascismo.  Solo que esta vez, la reacción del pueblo y de su gobierno ha podido ahogar en la derrota los intentos criminales contra la cultura, la creación más pura del espíritu humano.

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