Opinión

Elena Poniatowska, una Sancho panza femenina

La escritora mexicana recordó a los pobres en su discurso del Premio Cervantes

Poniatowska
Elena Poniatowska |

Redacción Central |

Llegó a México huyendo de la guerra con tan solo diez años, siendo una niña rubia, hija de un príncipe polaco. Ahora, con 82 años, Elena Poniatowska se considera más mexicana que el mole. Cuando recibió el Premio Cervantes recordó a los pobres, muchos de ellos protagonistas de sus crónicas.

Poniatowska es una mujer menuda de ojos inquietos, se considera periodista antes que nada, con obras destacadas como “La noche de Tlatelolco” y “Las soldaderas”. Para ella el periodismo en Latinoamérica es de indignación y denuncia, por lo que el compromiso es una de las grandes causas, el periodista no puede ser un amanuense de un empresario.

El oído periodístico se adiestró en una singular empatía por sus informantes, haciendo preguntas de falsa inocencia, sus interlocutores bajan la guardia y se confiesan, el oído es quien guía sus historias.

Ella es sentimiento y pasión, y se lee en sus artículos, su discurso no pudo ser diferente, fue un retrato oral de esa gente que sufre, de los humildes que no tienen quien les escriba, su obra se caracteriza por el interés por la gente a la que nadie tomaba en cuenta, ella escuchó sus historias soslayadas.

Es la cuarta escritora galardonada en 37 años. Antes lo habían ganado las españolas María Zambrano (1988), la cubana Dulce María Loynaz (1992) y Ana María Matute (2010).

Vestida con un tejido a base de unos vibrantes colores rojo y amarillo que unas mujeres indígenas de Oaxaca le regalaron para las grandes ocasiones, durante el emotivo discurso que pronunció, la escritora consideró que el premio se lo concedía el jurado a una “Sancho Panza femenina, que no es Teresa Panza ni Dulcinea del Toboso”.

En sus palabras tuvo espacio para “los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala, duermen en la buena ventura y confían en una cronista impulsiva que retiene lo que le cuentan”.

“Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan a lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”, manifestó.

Su obras más importante ha sido “La noche de Tlatelolco, retrato coral del movimiento estudiantil”, que narra la represión por parte del presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1968. Durante dos años Poniatowska visitó a los estudiantes y maestros presos en la cárcel de Lecumberri, escuchó a los que no tenía derecho de expresión y construyó un libro que es un tapiz de voces.

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