Opinión

Ayudan proyectos sociales a niños trabajadores en Latinoamérica

La vida de los infantes en algunos países de esta región contradice la Declaración sobre los Derechos del Niño. Muchos trabajan para enfrentar la pobreza

Ninos-trabajando
Niños trabajando en la calle |

Aurora Rondón |

Un vistazo a la vida cotidiana de los infantes en Latinoamérica muestra que mientras en algunas naciones de la CELAC, UNASUR y CARICOM, se les respetan sus derechos, en otras viven en  malas condiciones, pese a que muchos de esos menores trabajan para enfrentar la pobreza.

Ese panorama contrasta con los planteamientos de la Declaración de los Derechos del Niño aprobada por diversos organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde se afirma: “La humanidad debe al niño lo mejor que pueda darle”.

“El niño gozará de una protección y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley…para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad”, plantea el documento.

La situación laboral que enfrentan esos infantes fue analizada por la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para América Latina y el Caribe en junio pasado, durante el Día Mundial contra el trabajo infantil.

Según la OIT, alrededor de 14 millones de menores de edad en la región, hacen trabajos por menos de un dólar al día, en la agricultura, donde se concentra el 60 % de los niños y niñas, en la pesca, servicio doméstico, comercio ambulante y las textileras, entre otros.

Las cifras indican que 2 de cada cinco niños de esta región son económicamente activos y que la mayoría cumple agotadoras jornadas laborales de más de 44 horas a la semana, pero no les dan el pago justo y dos tercios de ellos, no reciben ninguna retribución.

Tampoco reciben ningún salario cuando realizan labores riesgosas como extracción y lavado de oro, ni en las fábricas de piedras donde sufren accidentes, o cuando en la agricultura tienen contactos con sustancias tóxicas que les afecta seriamente la salud.

A las citadas labores se suman otras riesgosas faenas, como la recogida de basura en las grandes ciudades, el comercio sexual, la pornografía y venta de drogas, así como el empleo de niños-soldados en conflictos de países como Colombia o México.

Daños provocados por el trabajo infantil

Analistas políticos plantean que esa situación provoca un serio daño socioeconómico en esta área, al elevar el desempleo entre la población activa de los países de la región, donde la mano de obra infantil ocupa el puesto de trabajo de la población adulta.

Agregan que resolverla no es tarea fácil, porque el salario de los niños trabajadores integra el porcentaje de la balanza de pagos de los países pobres y representa, entre el 10 y el 20 por ciento de los ingresos familiares.

De acuerdo a la Unesco, las largas jornadas de trabajo dejan a los menores física e intelectualmente agotados, lo que provoca el abandono e inasistencia a clases y dificulta su preparación para cuando sean adultos.

Datos de esa agencia de ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura reflejan que la deserción escolar en América Latina es de alrededor del 40% en el nivel primario, masiva en la enseñanza media y casi excluyente en la universidad.

En opinión de la Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe, Elizabeth Tinoco, “la persistencia del trabajo infantil es evidente en varias naciones de la región, pero debemos redoblar nuestro esfuerzo para erradicarlo porque ese problema contribuye a perpetuar la pobreza y la desigualdad”, enfatizó.

Planes para enfrentar el problema

Uno de los principales fines que persiguen los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), acordados por la comunidad internacional es reducir a la mitad, la pobreza extrema en el mundo para el 2015.

Para ello, la mayoría de los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y otras entidades regionales han emprendido proyectos que ayudan a reducir la cifra de infantes trabajadores.

Entre esas naciones, están países con diferente perfil político con halagüeños resultados como Nicaragua, Brasil, Venezuela, Perú  y Chile, a los que se suman los que deberán vencer mayores obstáculos como Haití, Guatemala, Paraguay y Bolivia.

En esas y otras naciones de la región mediante programas de educación, salud, inclusión social con equidad y participación juvenil en ramas productivas, se asigna algún tipo de financiamiento para preparar a la futura población económicamente activa.

Si hace alrededor de una década había más de 20 millones de niños trabajando, en la actualidad, de los 141 millones de niños y jóvenes que viven en esta zona, hay 14 millones de niños trabajadores, cifra que representa el 10 % de ese grupo poblacional.

La CELAC y otras organizaciones del área junto a entidades de ONU y la comunidad internacional se proponen ayudar al desarrollo de los niños y jóvenes con propuestas que son un ejemplo de los propósitos renovadores que existen en la zona.

Los objetivos de los dirigentes latinoamericanos y caribeños fueron expuestos durante la II Cumbre de la CELAC, presidida por el presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, efectuada en La Habana, en enero de este año.

En el evento hubo consenso en que lo más preocupante es la pobreza infantil, que afecta a 70,5 millones de niños, niñas y adolescentes, de ellos 23,3 millones viven en pobreza extrema.

Ante ese desbalance, los pueblos de América Latina y el Caribe demandan una mejor distribución de las riquezas y los ingresos, acceso universal y gratuito a una educación de calidad, el pleno empleo, mejores salarios, en fin, el derecho a una vida digna.

La región puede enfrentar ese reto porque posee un porcentaje apreciable de reservas minerales, un tercio de las reservas de agua dulce, un 12% del área cultivable, y el 21% de los bosques naturales y esa riqueza debe ser el motor para eliminar las desigualdades.

La CELAC se propone establecer un nuevo paradigma de cooperación regional e internacional, donde los pueblos de la región construyan un modelo propio, de beneficio común y solidaridad, adaptado a sus realidades, manifestaron los dirigentes regionales.

En la ejecución de esos programas de desarrollo, para eliminar el problema de los niños trabajadores, jugarán un papel importante junto a los líderes progresistas las entidades latinocaribeñas, que en el curso de estos años han trazado un camino de esperanzas.

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