Opinión

La gira del canciller de China

En recorrido por cuatro países latinoamericanos, el canciller de la República Popular China hace avanzar una impetuosa agenda de vinculación entre su país y nuestro continente

Raúl Castro Ruz y Wang Yi
Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, recibió en la tarde de este domingo 20 de abril al compañero Wang Yi, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China | Estudio Revolución

Joaquín R. Hernández |

Wang Yi, el adusto ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China, ha iniciado en La Habana una importante gira por Cuba, Venezuela, Argentina y Brasil. De gran significación, por la magnitud creciente de las relaciones entre su país y nuestro continente, su recorrido es preparatorio de otro mayor: el del presidente Xi Jinping, en los próximos meses.

Las visitas de dirigentes chinos se han hecho habituales en nuestra región, y se corresponden con el extraordinario paso que las relaciones económicas mutuas han alcanzado, en un proceso que avanza hacia cifras mayores.

La economía china, como se sabe, es desde hace varios años la segunda del mundo, plaza de la que desplazó a su cercano Japón.

En un mundo aquejado por las crisis sistémicas del modelo económico imperante, China, aunque no ajena a este fenómeno, es el motor impulsor del crecimiento mundial, aun si sus índices anuales de incremento del PIB se reajustaran en el 2014.

En algunos años, las cifras de la economía china han impactado espectacularmente en el nivel global: en 2007, la contribución de China representó la cuarta parte del crecimiento económico mundial.

Lo que hace espectacular esta cifra es su comparación con otras fuentes tradicionales de crecimiento económico mundial, como Estados Unidos, que ese año significó el 9,5 por ciento y la Unión Europea, el 14,2 por ciento.  El aporte chino  –y la India, otra economía emergente, con el 8,5 por ciento–  hizo que los países del BRIC representaran casi el 42 por ciento del total, según cifras proporcionadas por la Comisión Económica para América Latina, CEPAL.

China es también decisiva en la economía de la región Asia Pacífico, uno de los polos de desarrollo más significativos de la actualidad.  Por ejemplo, esta región posee el 60 por ciento del total mundial de reservas monetarias y, lo que es fundamental, el 53 por ciento de los títulos emitidos por el Tesoro estadounidense, es decir, de deuda norteamericana.

De ahí que el sistema monetario internacional, dado el peso que aún posee la moneda –y tras ella, el resto de la economía–  norteamericana, tenga una alta dependencia de las decisiones que se adopten en esta región y de la marcha de su desempeño económico.  Al decir de un economista amigo, una tos en las finanzas chinas provoca una severa y costosa gripe en las de Estados Unidos.

Los números son también impresionantes en otros sectores: Asia es centro del comercio mundial, con una participación del 28 por ciento en el intercambio mundial de bienes y el 41 por ciento del comercio sur-sur.

Una oportunidad excepcional

América Latina y el Caribe, según estimaciones de los expertos, no explota suficientemente las relaciones económicas con esta región.

De ahí la importancia del avance chino sobre las economías latinoamericanas, históricamente dominadas por la relación con Estados Unidos, con las implicaciones políticas negativas que todos conocemos.

China necesita los productos básicos que produce América Latina y el Caribe, y que constituyen aún el centro de sus exportaciones hacia el gigante asiático: en la práctica, se ha convertido en la principal fuente de crecimiento de las exportaciones latinoamericanas y caribeñas.

Según datos de CEPAL, el intercambio comercial total entre la región y China se incrementó en un 30 por ciento entre el 2000 y el 2012: de 12 mil millones de dólares al inicio de ese período, llegó a 250 mil millones en el 2012.

De tal forma, el vigoroso crecimiento del comercio con China fue uno de los grandes paliativos para nuestra región en los momentos más difíciles de la crisis iniciada en el 2008.

Por países, los datos son también impresionantes.

Brasil, la primera economía latinoamericana,  concentra más de la mitad de las inversiones chinas hacia la región y el país asiático se ha convertido en su primer socio comercial.  Argentina, además de vender grandes cantidades de alimentos, ha firmado contratos multimillonarios para los sectores de transporte, energético y comerciales.  Venezuela obtuvo financiamiento chino por 20 mil millones para proyectos de desarrollo en ramas múltiples, al tiempo que le vende más de medio millón de barriles de petróleo diarios  –cifra que debe llegar al millón.

El gran reto latinoamericano y caribeño es desarrollar las economías nacionales y el capital humano acompañante, de forma que los vínculos con China se transformen cualitativamente.  Hoy, el comercio se caracteriza por la compra de producciones manufacturadas, de las cuales China es un enorme productor y exportador, y la venta de materias primas.

Una América Latina y un Caribe que consagren inversiones al desarrollo industrial y a su componente tecnológico, y que dediquen esfuerzos sustanciales a la educación en todos los niveles, estarán en mejores capacidades de aprovechar la formidable coyuntura que les brinda la relación con el gran país de Asia.

América Latina y el Caribe pueden encontrar también en la integración regional una herramienta de gran utilidad para potenciar su relación económica con China.

La aprobación de un Foro Chino – América Latina y el Caribe en la Cumbre de la CELAC, efectuada en enero en La Habana, encuentra en esta coyuntura la posibilidad de que nuestro continente aproveche a plenitud la promisoria relación con el gigante asiático, no fundamentada esta vez, como ocurrió con Estados Unidos, en la dependencia política.

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