Opinión

Ucrania, entre la negociación y la incertidumbre

Mientras las potencias actuantes anuncian puntos de coincidencia, seguir la evolución de algunos temas nos permitirá comprender hacia donde marcha el conflicto

Negociaciones
Negociaciones en torno a la crisis ucraniana en Ginebra, sede de la ONU | TeleSurTV

Joaquín R. Hernández |

Las conversaciones en Ginebra sobre la crisis ucraniana entre los representantes de Rusia, Serguei Lavrov, de Estados Unidos, John Kerry, de la Unión Europea, Catherine Ashton, y de Ucrania, Andrii Deshchytsia,  han arrojado compromisos cuyo cumplimiento medirá si, realmente, estamos ante una real perspectiva de superación del conflicto.

En esencia, se trata de un esfuerzo común, en el que Rusia y Ucrania tendrán la mayor responsabilidad, por lograr el desarme de las fuerzas separatistas que han tomado edificios e instalaciones en la región oriental del país y la devolución de los locales ocupados. Una amnistía indultará a los integrantes de los grupos armados, salvo en caso de crímenes.

En paralelo, el gobierno ucraniano se compromete a adoptar medidas constitucionales que concedan una mayor autonomía a estas regiones, donde la composición étnica favorece a las poblaciones de origen ruso.  Igualmente, a promover un diálogo nacional.

La Unión Europea y Estados Unidos, por su parte, suspenderán la adopción de nuevas medidas punitivas contra Rusia, aunque condicionaron de inmediato esta medida a la evolución positiva de los acuerdos.

En los próximos días tendremos que acompañar la evolución de estos compromisos.  Pero también de otros componentes de los  acontecimientos, que se disputan unos a otros en complejidad:

1.   La insolvencia económica ucraniana compite en urgencia con los demás temas.  El país se encuentra, virtualmente, en la quiebra.  Y todas las medidas adoptadas para sacarlo del abismo económico se estrellan contra las consecuencias de los otros componentes del problema.

La respuesta occidental ha recaído básicamente en el Fondo Monetario Internacional, el que  ha extendido la mano casi de inmediato.  Pero como suele suceder, tras su mano viene la conocida fórmula: la aplicación de severas medidas de restricción a una población ya sometida a las consecuencias de una política económica donde la ineficacia ha competido con la corrupción.

A los 14 mil millones concedidos por el FMI  –relevo y remedo de los 15 mil millones que antes había ofrecido Rusia–  se unen otras ayudas insuficientes: mil millones de la Unión Europea, con el requisito de que sean aceptados con los mismos condicionamientos del Fondo, y mil millones de garantía  –no dinero, sino garantía sobre un préstamo que procuren los ucranianos–  de Estados Unidos.

El alejamiento de Rusia y la gran dependencia energética  –el 50 por ciento de sus necesidades–  del gran país euroasiático, empeoran las perspectivas ucranianas.  Rusia no solamente reclama el pago de los adeudos por el suministro de combustible, sino que ha elevado los precios a los cuales lo vende a Ucrania.

2.  Los prestatarios tendrán razones para dudar de la fiabilidad de quienes reciben los préstamos.

El gobierno  de Kíev se ha demostrado incompetente para gobernar el extenso país.  Las elecciones programadas para mayo se realizarán sin mucha preparación previa.  Las luchas intestinas entre las fuerzas golpistas tampoco añadirán prestigio al proceso electoral.  El gobierno que resulte electo carecerá por lo tanto de la legitimidad y el poder necesarios para moverse en aguas tan agitadas.

3.  La propuesta de solución a las reclamaciones de las regiones donde la población de origen ruso es mayoritaria, no carece de complejidad.  El llamado hecho en el acuerdo de Ginebra a un diálogo nacional enfrentará posiciones diferentes, que discreparán sobre el grado al que llegará la autonomía de estas regiones.

Entre los mismos separatistas hay diferencias.  Para algunos, una solución federada sería aceptable.  Pero para otros, como los de Donetsk, se trata de la plena independencia.  Zonas todas económicamente poderosas, fundamentales para la economía ucraniana.

4.   La posición de la OTAN  tampoco favorece una solución perspectiva.

La realidad es que la organización atlantista perdió su gran oportunidad de ganarse a Rusia tras el colapso soviético, en los momentos en que los espejismos del capitalismo, la debilidad de la dirigencia de ese país y su gran crisis económica, lo hubieran permitido.

La OTAN en aquel momento había perdido su razón de ser, al desaparecer la guerra fría. Sin embargo, con el crecimiento inopinado de sus integrantes y con la exacerbación del prejuicio anti ruso, recreó nuevamente el espectro del gran enemigo euroasiático.  Tras la recuperación rusa, la situación tiene pocas posibilidades de dar marcha atrás.

En los últimos días su secretario general, Anders Fogh Rasmussen, pasó de su retórica agresiva a la decisión concreta de desplegar tropas en la frontera rusa.

Pero más allá de las declaraciones de los representantes de Polonia y del Báltico, la OTAN hoy oscila entre amenazas belicistas y llamados a una salida política del conflicto.

5.  Solamente se puede adelantar una conclusión al largo plazo: las cosas no serán como antes.  Solo un ejemplo: en el reajuste global habrá una reestructuración del comercio energético europeo, con nuevos proveedores y nuevos mercados.

6.  Cada uno de estos temas conduce a un callejón cuya única salida sensata es continuar la negociación política.

Al nivel geoestratégico, dos grandes definiciones allanan el camino:  la de Vladimir Putin, afirmando que Rusia no tiene intenciones militares respecto a Ucrania, y la de Barack Obama, enfatizando que Estados Unidos no pretende llevar la OTAN a las fronteras con Rusia.

El camino restante  —parece un razonamiento subyacente en el encuentro en Ginebra—  lo deben recorrer los propios ucranianos.

Ver texto de la declaración (en inglés) en http://www.washingtonpost.com/world/joint-geneva-statement-on-ukraine-from-april-17-the-full-text/2014/04/17/89bd0ac2-c654-11e3-9f37-7ce307c56815_story.html

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