Opinión

Las sanciones y el boomerang monetario

Aunque el camino puede ser todavía largo, el ascenso de la moneda china amenaza con interrumpir la supremacía del dólar en las finanzas mundiales

Yuan frente al Dollar
Yuan frente al Dollar | info News

Joaquín R. Hernández |

Las sanciones contra Rusia podrían tener una consecuencia indeseada para Washington: acelerarían el alejamiento de las grandes economías de la supremacía actual del dólar.

El predominio del dólar en las finanzas mundiales como medio de pago, como moneda de reserva y como respaldo a las inversiones tiene una función para Estados Unidos que va más allá de las finanzas.  Es un medio de extensión de su influencia en la política mundial.

La historia de este sensible tema ha sido relatada en varias ocasiones. 

“Desde finales de la Primera Guerra Mundial”, explicó Fidel Castro en una de sus Reflexiones,  “el dólar, basado en el patrón oro, sustituyó a la libra esterlina inglesa debido a las inmensas sumas de oro que Gran Bretaña gastó en la contienda. La gran crisis económica se produjo en Estados Unidos apenas 12 años después de aquella guerra.

“El oro, cuyo precio en 1929 estaba a 20 dólares la onza troy, Roosevelt lo elevó a 35 como garantía interna de los billetes de Estados Unidos.  Sobre la base de esa garantía en oro físico, surgió el Acuerdo de Bretton Woods en julio de 1944, que otorgó al poderoso país el privilegio de imprimir divisas convertibles cuando el resto del mundo estaba arruinado. Estados Unidos poseía más del 80% del oro del mundo.”

Y continúa el líder cubano: “Lo real es que en 1971, bajo la administración de Nixon, el patrón oro fue suprimido y la impresión ilimitada de dólares se convirtió en la más grande estafa a la humanidad. En virtud del privilegio de Bretton Woods, Estados Unidos, al suprimir unilateralmente la convertibilidad, paga con papeles los bienes y servicios que adquiere en el mundo. Es cierto que a cambio de dólares también ofrece bienes y servicios, pero también lo es que desde la supresión del patrón oro, el billete de ese país, que se cotizaba a 35 dólares la onza troy, ha perdido casi 30 veces su valor y 48 veces el que tenía en 1929. El resto del mundo ha sufrido las pérdidas, sus recursos naturales y su dinero han costeado el rearme y sufragado en gran parte las guerras del imperio.”

Una de las grandes novedades del siglo 21 es la presencia de China como segunda economía del mundo.  Aunque aún distante de las cifras globales estadounidenses, la economía china mantiene crecimientos importantes, que la acercan año tras año a las marcas económicas de Estados Unidos.

El reto económico chino comienza a alcanzar el ámbito monetario.

Las razones son diversas.  Una de ellas, muy ilustrativa, es que China sea la gran acreedora de Estados Unidos.  El país asiático tiene una de las reservas monetarias más abundantes del mundo, pero denominadas en gran medida en dólares estadounidenses.

La crisis desatada en el 2007 estremeció a la banca china: sus fondos en dólares podían verse reducidos a poca cosa de continuar el desastre financiero norteamericano.  Fue un alerta, que se unió a otras necesidades estructurales de la economía china en pleno despliegue.

Pero el alerta lo fue también para otras economías del mundo, estremecidas a menudo por las decisiones monetarias centrales adoptadas en Washington: desde países emergentes, como los que componen los BRICs, hasta socios cercanos de Estados Unidos, como Alemania.

Hoy, no menos de cuarenta bancos centrales han hecho inversiones en el yuan chino, en una corriente que va en aumento y que tiende a transformar el yuan en una moneda de reserva.

La expansión de las relaciones comerciales chinas con Asia, Europa y América Latina va guiando este proceso.  El listado de países cuyos bancos centrales guardan moneda china es creciente: Austria, Noruega, Francia, Finlandia, Australia, Hong Kong, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Chile, Bolivia, Venezuela, Kenia, Ghana, Sudáfrica, Nigeria, Tanzania, son solamente una muestra.

El Bundesbank alemán, luego de firmar un memorándum de entendimiento con el Banco Popular de China, explicó que “el volumen de transacciones que pueden realizarse en la moneda china en centros financieros internacionales y alemanes está en proporción con la importancia de China en la economía global.”

A la firma de un acuerdo que establecía un mecanismo para la liquidación de pagos denominados en yuanes entre ambos países, asistieron el presidente Xi Jinping y la canciller Angela Merkel.  Pero lo más significativo era que este acuerdo dejaba fuera nada menos que al dólar,  entre dos potencias económicas cuyo comercio bilateral alcanza los 200 mil millones de dólares anuales y cuyas economías se entrelazan crecientemente.

Coincidiendo con las amenazas de incremento de sanciones económicas, Moscú firmó con China un acuerdo mediante el cual las exportaciones energéticas a este último país –que pueden dispararse si Rusia perdiera mercados europeos–  serán pagadas en yuanes.

El camino aún es largo.  Aunque el dólar es todavía la moneda de reserva más extendida, en algo más de una década dejó de ser el 60 por ciento de las reservas mundiales para representar hoy solo un 33 por ciento, mientras las otras monedas han aumentado su participación en las reservas un 400 por ciento en la última década.

De marchar al mismo paso que la economía china, el futuro del yuan seguirá siendo promisorio, no solo para su país, sino para todos los que sienten la imperiosa necesidad de escapar del opresivo dominio del dólar estadounidense.

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