Opinión

Otro paso hacia la solución de un viejo problema

La salida al mar de Bolivia es uno de los litigios más sensibles de nuestro continente

Evo Morales
Presidente del estado plurinacional de Bolivia, Evo Morales |

Joaquín R. Hernández |

El presidente del estado plurinacional de Bolivia, Evo Morales, acaba de entregar ante la Corte Internacional de Justicia, en la ciudad holandesa de La Haya, la llamada memoria histórica marítima, con la cual sustenta la veterana reclamación de Bolivia ante Chile por recuperar una salida soberana al mar.

Es sin duda uno de los litigios más antiguos y sensibles de la historia latinoamericana.

También de los más complejos.  Chile y Bolivia accedieron a la independencia de España en 1818 y 1825 respectivamente, y ya entonces recibieron de la metrópolis la semilla del conflicto.  España nunca dejó claros los límites entre ambos territorios. 

En 1879, Chile declaró la guerra al gobierno boliviano por contradicciones de origen fundamentalmente económico, y declaró la frontera nula.  La ciudad hoy chilena de Antofagasta y entonces boliviana, vio desembarcar tropas del país sureño, que ocuparon la costa sur limítrofe de Bolivia. La única costa hacia el único océano posible, el Pacífico, que poseía.

Perú, obligado por un pacto de ayuda mutua que había suscrito con Bolivia, se unió a este último país para luchar contra la invasión.  Las tropas chilenas  derrotaron a ambos países y anexaron el segmento de costa,  incluida la ciudad de Antofagasta. 

Bolivia había perdido así 120 mil kilómetros cuadrados de territorio y 400 kilómetros de costas.

Tras años de imperio del statu quo resultante de la guerra, un Tratado de Paz y Amistad, firmado en 1904 entre ambos países, garantizaba una solución para la salida al mar, soberana, de Bolivia.  Este compromiso nunca se cumplió. 

Las relaciones diplomáticas fueron suspendidas en 1964, hasta 1975, en que ocurrió un extraño episodio.

En ese año, los dictadores Augusto Pinochet y Hugo Bánzer, junto al presidente peruano Francisco Morales  Bermúdez, intentaron una negociación sobre el litigio.  Pinochet propuso dar a Bolivia un segmento costero entre la ciudad chilena de Arica y la frontera con Perú.  No obstante, no se logró conciliar el acuerdo tripartito y la propuesta fracasó.  Chile y Bolivia rompieron nuevamente las relaciones diplomáticas en 1978, hasta hoy.

El recurso a la negociación

“Nuestros antepasados”, ha recordado ahora Evo Morales, “sufrieron una invasión por intereses externos y grupos oligárquicos de la hermana vecina República de Chile y ahora intentamos buscar una solución de carácter bilateral con la participación de la comunidad internacional”.

El gobierno popular de Evo Morales inició, desde su primer mandato, una ofensiva diplomática por la recuperación de la salida al mar de su país.  La presencia de Michelle Bachelet, también en su primer período como presidenta de Chile, le ofreció un contexto favorable.

Ambos gobiernos establecieron incluso una agenda de discusión sobre el tema, que se detuvo al término presidencial de la Bachelet.  Su relevo, el derechista Sebastián Piñera, retomó la herencia de los viejos oligarcas y literalmente arrastró los pies, hasta estancar la negociación abierta por su predecesora.

Fue la razón por la que el gobierno de Evo Morales decidió invocar, en abril del 2013,  la Corte de Justicia Internacional de La Haya y reclamar un fallo que abriera una negociación, que calificó “de buena fe”, tendiente a encontrar una salida soberana boliviana al océano Pacífico.

El proceso que se acaba de iniciar en La Haya tomará varios meses.  Al decir de Evo lo que se procura con esta acción es solamente abrir el camino de las negociaciones, en mejor situación ahora al regreso de Michelle Bachelet a la primera magistratura chilena.

“Mantenemos la certeza de que el derecho, la justicia, la razón acompañan la demanda boliviana”, ha dicho. 

Y luego de entregar la memoria histórica marítima, expresó su confianza en “la justicia internacional, en Bolivia, la madre tierra, y nuestros dioses para que esta nación suramericana vuelva pronto al océano Pacífico con soberanía”.

Las opciones pacíficas para la solución de conflictos, aun en casos tan urgentes y razonables como éste, vienen siendo la norma en Latinoamérica en los últimos años. 

Un despacho de BBC cita a Paz Zarate, experta de la consultora londinense Oxford Analytica: “La Corte nunca ha estado tan ocupada como en la última década. Ha habido un crecimiento explosivo de casos. De todas las regiones, la más activa es Latinoamérica”.

La propia consultora indica que, desde el 2001, el continente ha presentado trece disputas territoriales ante la Corte, el doble del continente que le sigue, Europa, con siete demandas presentadas.  Lo cual no carece de lógica, pues los estados latinoamericanos son mucho más jóvenes que los europeos, y arrastran, como vestigios de la colonización, indefiniciones en sus límites territoriales.

El proceso siguiente supone un largo tiempo de ejecución.  Una vez recibida la copia de la memoria boliviana, Chile debe pronunciarse en una de dos direcciones: discrepar de la jurisdicción de la Corte en los próximos tres meses, o presentar su contra memoria, en un momento anterior a febrero de 2015.

Evo Morales ha hecho un llamamiento al gobierno de Chile a no disputar la jurisdicción de La Haya.

La causa boliviana goza del respeto y del apoyo de numerosos países del mundo y del continente. 

Su defensa, no por un gobierno que reclame la salida al mar para beneficio de una oligarquía, sino para impulsar una economía cuyos réditos contribuirán al bienestar de la población, hace que el impulso a las negociaciones pertinentes sea acogido con fraternal esperanza.

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