Opinión

Dos partidos, un solo rostro intervencionista

Republicanos y demócratas cruzan sus caminos cuando de extender el dominio imperialista se trata

ZunZuneo
El proyecto de subversión ZunZuneo fue "simplemente tonto" según el senador Patrick J. Leahy |

Joaquín R. Hernández |

Santa Fe es la capital del estado de Nuevo México, uno de los territorios que el expansionismo de los nacientes Estados Unidos arrebató a México.  Paradójicamente,  la ciudad se convirtió a fines de los 70 en el centro pensante de la ultraderecha republicana, que proveyó de una plataforma hacia América Latina  –sus principios podían extenderse al resto del mundo–  a la administración de Ronald Reagan.

En sucesivas ediciones, sus propuestas guiaron ideológicamente a los gobiernos de Reagan y de ambos Bush, para barrer cualquier signo de entendimiento con los movimientos nacionalistas y progresistas que pudieran surgir en América Latina: desde la denuncia al gobierno de Omar Torrijos y a los acuerdos del Canal de Panamá, y al gobierno de Maurice Bishop  –antesala de ambas invasiones–, hasta la arremetida luego contra la Venezuela chavista.

Su exaltación de la doctrina Monroe me releva de extender mi caracterización.

En sus varias ediciones, los documentos de Santa Fe jerarquizan al enfrentamiento en el terreno de la ideología. Entonces la punta de lanza era la USIA, es decir, la Agencia de Información de Estados Unidos, anuncio de la actual USAID.

Tras reclamar atención y sustento material a la Agencia, el documento declaraba paladinamente: “El aumento del presupuesto de la USIA (…), debe tener la prioridad número uno. La USIA es nuestra agencia para llevar a cabo la guerra cultural”.

La utilización de organizaciones civiles para su lucha  –ideológica–  por la “democracia”, está claramente refrendada: “El hecho de centrar la atención en el régimen democrático requerirá ir más allá de la forma de democracia (es decir, las elecciones) y proporcionar, cuando sea posible, los medios para fortalecer las instituciones democráticas locales, tales como los sindicatos, grupos empresariales independientes, asociaciones comerciales y organizaciones educacionales”.

Los documentos de Santa Fe hacen explícita  la intención de aniquilar la influencia de  intelectuales izquierdistas con posiciones críticas hacia los Estados Unidos, para dar prioridad y difusión a dar a políticos y pensadores favorables a sus políticas.

Y así.
 
Nada diferente de lo que ahora ocurre con el uso interesado de la USAID y otros mecanismos, por parte de una administración demócrata, para bajo el manto de la cultura o la comunicación, intervenir en los procesos políticos verdaderamente democráticos y desviar su curso hacia posiciones afines a Estados Unidos. (Desviar su curso es un eufemismo;  más gráfico sería decir “para liquidar los procesos progresistas y revolucionarios del continente, socavando sus bases de apoyo popular”).

Ridícula y malévola

Ha sido muy sonado el escándalo con la ridícula  –en su ejecución–,  pero malévola  –en sus intenciones–  red social Zunzuneo, dirigida a agrupar jóvenes cubanos bajo la sombrilla de una inocente iniciativa comunicativa, y conducirlos hasta un posible levantamiento contrarrevolucionario.

La red, como se ha informado, fue obra de la USAID, que encargó de su supervisión a una rama interna, la Oficina de Iniciativas de Transición, OTI por sus siglas en inglés. La OTI, que es, según la AP, “una división creada después de la caída de la Unión Soviética para promover los intereses de EE.UU. en entornos políticos en rápido cambio sin la burocracia usual”.

Es decir, sin atenerse a las limitaciones que la propia ley estadounidense, además de la ley del país en cuestión, puedan establecer.

Y así, USAID y OTI, madre e hija, han estado vinculadas a operaciones para socavar los gobiernos democráticamente electos de Venezuela, de Bolivia y de Haití, países con menos instrumentos de defensa frente a estas injerencias que la propia Cuba.

Documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos y cables revelados por Wikileaks ratifican su actividad injerencista.

Un cable del departamento de Estado de agosto del 2009 cita a Eduardo Fernández,  jefe de la oficina de Development Alternatives Inc (DAI), entidad contratada por la USAID, afirmando que todos los organizadores de las protestas en Venezuela en el 2009 eran becarios de DAI. Dice el cable: “Toda esa gente (que organiza las protestas) son nuestros becarios”. Y añade: “Fernández ha estado dirigiendo entrenamiento no partidista y programas de subsidios desde 2004 para DAI en Venezuela”.

En otro cable del mismo origen las acciones son igualmente claras:  “…DAI ha llevado a docenas de dirigentes internacionales a Venezuela, profesores universitarios, miembros de ONG y dirigentes políticos que participan en talleres y seminarios y luego vuelven a sus países con un mejor entendimiento de la realidad venezolana y como propugnadores más fuertes de la oposición venezolana”.

Otros despachos revelados por Wikileaks acercan directamente a la USAID a dirigentes de las guarimbas actuales, en especial a María Corina Machado, y su organización Súmate.

¿De qué valen entonces que los personeros de esta administración intenten alejarse de organizaciones igualmente subversivas como el National Endowment for Democracy, NED, de la que se conoce que auspició 65 costosos programas subversivos en Ucrania, con el fin de derribar mediante la agitación –y vía ciertas ONGs—y no solamente derribar al gobierno de Yanukóvich, sino a más largo plazo, erosionar la estabilidad de Vladimir Putin?

El presidente de la NED, Carl Gershman, había afirmado en el 2013: “La unión de Ucrania a Europa acelerará la desaparición de la ideología del imperialismo ruso que representa Putin”.

Al final, un solo partido con dos rostros asombrosamente parecidos.  Unidos, republicanos y demócratas, en los mismos designios expansivos y de dominación imperial.

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