Opinión

La revolución bolivariana riposta golpe a golpe

El empecinamiento contrarrevolucionario y pro imperialista en Venezuela recibe cumplida respuesta

En contacto con Maduro
Nicolás Maduro Programa Radial 'En contacto con Maduro'. |

Joaquín R. Hernández |

Nicolás Maduro, incansable, respondió con ecuanimidad las preguntas que se le plantearon en su segundo programa radial En contacto con Maduro.  Es el nuevo ámbito seleccionado por un mandatario que cada día dirige sus argumentaciones, con claridad y con firmeza, a los más disímiles auditorios: en pocos días, desde la radioaudiencia de su nuevo programa, hasta una concentración de mujeres bolivarianas.

Es su constante batallar, junto a su pueblo, contra la agresividad promovida por el imperialismo, que no ha cesado desde hace meses de abrir los más diversos frentes, desde el acaparamiento de productos básicos para crear desabastecimiento en la población, hasta la violencia guarimbera: la gran carta, con la que se ha pretendido llevar al país a la máxima inestabilidad para consumar el llamado golpe de estado suave contra la presidencia revolucionaria.

El guion, como han dicho muchos periodistas, es el mismo utilizado en algunos países árabes o más recientemente en Ucrania. 

Con una sola y gran diferencia: en Venezuela, a diferencia de los otros casos, hay una auténtica revolución, que ha cambiado sustancialmente la vida de las grandes masas  –las masas tradicionalmente preteridas, y sistemáticamente traicionadas por la decrépita vieja política venezolana–  y ha encarnado en ellas la disposición a luchar por su continuidad.

La otra gran diferencia es que una revolución de esta magnitud, merecía enemigos de alguna estatura.  En su lugar, los guarimberos y los líderes de la oposición dividida, han ido mostrando cada vez más su estirpe rastrera.

Si una vez fueron manifestaciones estudiantiles las que dieron la vuelta al mundo en las fotos que, de manera interesada, mostró la gran prensa como la esencia de la oposición callejera a la revolución venezolana, las fotos y videos hoy ofrecen una imagen deplorable de los participantes en los cortes de calles y las barricadas.

En una detención reciente  –todo tiene un límite–  se apreció que los detenidos, participantes en una guarimba especialmente violenta, eran cualquier cosa menos estudiantes.  Solo un 30 por ciento de ellos podían pasar por tales.

No hacía falta el conteo.  En las imágenes se aprecia el carácter marginal de los personajes que sitian barrios completos, incendian vehículos de dueños inocentes, obstaculizan el paso de los enfermos y heridos hacia los hospitales. 

O lo que es peor: en algunos videos se les ve poniendo líneas de alambre de una calle a la otra, recurso mortífero capaz de degollar  –para eso las ponen–  a un motociclista inadvertido.

Esta es la ralea de los guarimberos.  Este es el retrato de los “manifestantes” contra la revolución bolivariana.  Estos son los adalides de la violencia contrarrevolucionaria.

Las realidades construidas

Durante el programa se puso en evidencia, como pocas veces, hasta donde ha desvirtuado la propaganda enemiga la realidad de Venezuela.  Dos periodistas, una de Televisa y otra de Al Jazeera, hicieron preguntas al presidente venezolano que no fueron fáciles de contestar.  ¿Por falta de respuesta?  Todo lo contrario: lo que sobraban eran las respuestas.

El problema radicaba en que las propias periodistas hacían preguntas sobre una Venezuela inexistente, la Venezuela “virtual”, como dijo Maduro, que los grandes medios  han construido.  Una realidad distinta a la real, fabricada por la propaganda, era la realidad desde la cual las profesionales preguntaban.  El presidente, con tanto respeto como calma, dio una auténtica lección de historia,  que puso sobre sus verdaderos fundamentos lo que sucedía en la Venezuela de hoy.

Los argumentos de Nicolás Maduro tienen la contundencia de la verdad.  Sus invitaciones a la negociación y al diálogo no son respondidos.  Sus llamados a la cordura caen en el vacío.  Y es que la oposición y sus amos externos no quieren diálogo: quieren el poder.

En el Congreso estadounidense se han escuchado voces que claman por penalizar con sanciones comerciales al gobierno venezolano.  De adoptarse, serían un paso muy serio.

Quizás hay dos elementos de tranquilidad.  Sus proponentes son sancionadores frustrados, fracasados.  Díaz Balart, Ileana Ross, Marco Rubio, Bob Menéndez, son justamente los defensores a rajatabla de uno de los más crueles y sonados fracasos de la historia de las relaciones internacionales contemporáneas: el bloqueo estadounidense contra Cuba.

Todos pertenecientes a la ultraderecha de origen cubano en el parlamento yanqui, siguen siendo la punta de la resistencia ante cualquier intento de cambiar la política de hostigamiento de Estados Unidos contra la revolución caribeña, que no ha hecho más, en medio siglo de resistencia, que profundizarse y radicalizarse.

El otro elemento de tranquilidad lo aportó Nicolás Maduro: al petróleo venezolano no le faltará mercado, y quizás a mejor precio.  Y dados otros nexos económicos entre ambos países, puede ocurrirle, en otra escala y por otras razones, lo que ocurriría con Rusia, contra la cual una política de sanciones terminaría afectando intereses profundos de las economías europeas y estadounidense hoy entrelazadas con la economía rusa.

Ante la violencia, la Conferencia de Paz convocada por Maduro, con la participación de los cancilleres de Unasur y personalidades del mundo entero.  Contra la mentira, la Comisión de la Verdad emprendida por el parlamento venezolano. 

Serán grandes momentos en la constante batalla de la revolución venezolana, bolivariana y chavista, por derrotar definitivamente este nuevo y trágico episodio de su ya larga lucha por la victoria frente a las fuerzas de la contrarrevolución y del imperialismo.

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