Opinión

El mapa de los hombres se vuelve República de mujeres influyentes

El otrora marginado género hoy gana espacio y está decidiendo también desde sus responsabilidades en el gobierno sandinista y el Parlamento

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Mujer sandinista |

Edwin Sanchez |

La democracia que se nos enseñó en las Américas, en términos más generales, era el gobierno de los hombres. En sentido estrecho, el derecho de la derecha, y para variar, controlada por hombres. La mujer, adorno. Sonrisa. Accesorio de oficina. 

En la desmesura o la angostura, la escuela del mal de la cultura patriarcal fue más cruel que las espuelas en los costados de un corcel: la figura de “el hombre” cruza toda la sociedad, desde la esquina, el barrio, la comarca, el municipio hasta la nación. “Ahí viene el Hombre”, con mayúsculas casi bíblicas, en la empresa privada o pública.

La mujer nació en la justicia, de acuerdo a la divina palabra, pero estrenó la injusticia bajo el reino de los hombres desde los remotos siglos. Según Marx y Engels, ella y sus hijos “son los esclavos del marido. La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente latente en la familia, es la primera forma de propiedad…”, (La ideología alemana).

Salvo casos particulares, en ningún tramo de la historia de Nicaragua, la mujer ha alcanzado tanta visibilidad nacional como en estos últimos años. El poder, con sus historiadores de turno, se encargó de volverla como la tierna neblina colocada con los primores del amanecer sobre el San Juan. Bella en el alba, inadvertida en el día, disipada de tiempo completo: el río permanente eran todos los hombres. Aún se discute si entra por la puerta grande Rafaela Herrera, o por la cocina, como tercian muchos por pura testosterona patriotera.

No reconocer que el otrora marginado género hoy no solo ha ganado espacio sino que está decidiendo también desde sus responsabilidades en el gobierno sandinista y el Parlamento, el rumbo de la nación, es darle la espalda a los hechos.

Lo admiten organismos de otras latitudes, lo aplaude la Unión Interparlamentaria, y la cooperación internacional lo ratifica a través de muchos desembolsos por cumplir el detalle clave de la mujer como agente económico.

Liderazgo mundial

Las agencias internacionales difundieron el informe “Mujeres en la Política: 2014”, de la Unión Interparlamentaria Mundial. Nicaragua, excolonia europea desde 1821, “encabeza la lista mundial del porcentaje de mujeres con cargos ministeriales”, por encima de las naciones del Viejo Continente como Suecia (1397), Finlandia (1353, se transforma el país en Ducado), Francia (provincia de la Galia, 125 aJC) y Noruega (800-1050, Edad Vikinga y expansión. Almanaque Mundial 1992).

El estudio no incluye el efecto de los nuevos nombramientos de más damas al Gabinete de Gobierno, algunos dados a conocer recientemente por la Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo.

La escritora nicaragüense, generadora con el comandante Daniel Ortega de esta repercusión de la mujer en la vida nacional, al enterarse de la buena nueva, exclamó: “¡Siempre se puede…! Donde hay Voluntad, donde hay Disposición, donde hay Fe, donde hay Cristianismo, Socialismo y Solidaridad, se puede avanzar, y con la Bendición de Dios, eso es lo que estamos haciendo”.

El laurel planetario corresponde a Nicaragua por contar, tal como lo ponderó, con “Mujeres en Victorias, Mujeres en los Espacios de Decisión, de Autoridad, de Liderazgos, con esas cualidades y esas capacidades reconocidas por el Estado nicaragüense, por nuestro Comandante Daniel como Jefe del Estado nicaragüense”.

Es increíble que mientras alguno/as desde la oposición radical hablan de “paisito”, o el frío, ajeno y distante “este país” o, peor, “país salado”, “jodido país”, maldiciendo Nicaragua y apartando la verdad, la organización que aglutina 163 parlamentos de toda la Tierra debió encargarse de poner la realidad en su lugar. 

“¡Imagínense! ¡Nuestro pequeño país, en el centro de América, potente en equidad de género! Nuestro pequeño y gran país, ese que nosotros soñamos porque tanto lo queremos”, subrayó Rosario.

Foro Económico Mundial

No es la primera vez que Nicaragua, con el Gobierno Sandinista, alcanza estos niveles de relevancia, que solo el interés de la pequeñez política es capaz de denostar.

El 25 de octubre del año pasado, el Foro Económico Mundial -no hablamos del ALBA ni del Foro de Sao Pablo-, en un estudio amplio, tomando en cuenta el acceso de la mujer a la educación y la salud, su papel económico, además de la política, incluyó a nuestro República en el selecto Club de las 10 Naciones que responden muy bien al titular de la BBC de Londres: “¿Cuáles son los mejores países para ser mujer?”

Islandia fue considerada el paradigma, donde “las mujeres disfrutan del acceso más equitativo a la educación y al cuidado de la salud. También tienen la mayor probabilidad de participar plenamente en la vida política y económica del país”. Es seguida por Finlandia, Noruega y Suecia. Nicaragua es el país de Latinoamérica mejor ubicado, en la posición número 10.

Es bueno señalar que algunos países, cuyos jefes de Gobierno se consideran las Tablas de la Ley de la democracia, no pasaron la prueba. “Ningún país del G20, grupo que reúne a las naciones más industrializadas del mundo está entre los 10 mejor evaluados”, precisaba la fundación con sede en Ginebra, “comprometida a mejorar el estado del mundo mediante la participación de líderes empresariales, políticos, académicos y otros de la sociedad para dar forma a las agendas globales, regionales e industriales” (weforum.org).

Este es un inédito avance de la democracia, y un paso adelante en nuestra idiosincrasia. Ya en los ministerios, o las alcaldías o el parlamento, el exclusivo y a veces, oh, muchas veces, el “¡ahí viene el hombre!”, pronunciado con una aureola de reverencia casi mística desde la conquista, la colonia, la Independencia, los malos días de Walker, los 30 años Conservadores hasta los viejos tiempos neoliberales, llegó a su fin.

Revolución en la Revolución, ahora debe decirse, con toda justicia, “Ahí viene la mujer”. Y sin hacer casting… al menos en el Gobierno Constitucional del presidente Ortega.

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