Opinión

Cazadores cazados: la CIA espía al Congreso

Mientras dirigen diplomáticas disculpas a los dirigentes mundiales ultrajados por el espionaje electrónico, los líderes estadounidenses tienen que lidiar con prácticas similares

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Senadora Demócrata Dianne Feinstein del Congreso de los Estados Unidos |

Redacción Central |

Aunque parezcan asuntos sin conexión, las acusaciones mundiales contra el espionaje electrónico planetario de Estados Unidos, se dan la mano con un nuevo escándalo que sacude a la cima del establishment estadounidense.

Es un escándalo sobre otro escándalo. 

Tras varios años de trabajo, el Senado estadounidense, a través de su Comité de Inteligencia, ha reunido un voluminoso informe -6 mil 300 páginas, a un costo de más de 40 millones de dólares- sobre el uso indiscriminado de métodos violentos de interrogatorio por la Agencia Central de Inteligencia, supuestamente para acometer con más vigor la lucha contra el terrorismo.

El informe, que permanece clasificado, documenta ampliamente el uso de la tortura como método habitual para obtener información, así como el entorno en que se realizaron esas prácticas.

Solo por eso sería un informe escandaloso. Pero sus conclusiones lo hacen aún más incómodo para los servicios de inteligencia y para la propia administración: según el análisis que se deriva de esta documentación, estos métodos no han arrojado los resultados esperados.

El tema ha ocasionado numerosos debates y enfrentamientos entre el mencionado Comité, otros congresistas, y representantes de la CIA. La Agencia, como era de esperarse, se ha resistido a brindar información que pueda corroborar las afirmaciones del informe y las ha catalogado de inexactas.

Por otra parte, se ha opuesto a que el informe sea desclasificado, frente al criterio de la dirección del Comité, que por cierto, ha apoyado tradicionalmente las prácticas de la CIA, y algunos de cuyos miembros convalidaron las acciones denunciadas por Edward Snowden, como necesarias para la seguridad del país.

En los últimos días, el debate ha adquirido una temperatura más alta, a partir de la denuncia de que la CIA ha monitoreado -espiado- las computadoras de los auxiliares de los senadores que integran el Comité.

En efecto, de alguna manera quienes trabajaban en el gran estudio conocieron que existía un documento interno, que la Central de Inteligencia se negaba a entregar, y que corroboraría muchos de los aspectos más candentes contenidos en el informe. 

De obtenerse tal documento, se comprobaría no solo la veracidad de los hallazgos del Senado, sino que quedaría demostrado que la CIA había mentido al negarlos.

Encontrado el documento

El senador Mark Udall había revelado en diciembre que el Comité de Inteligencia conocía ya este documento, que corroboraba las informaciones del estudio mayor, y que desmentía las impugnaciones de inexactitud.

Y que en efecto, la CIA, para defenderse y obstaculizar la publicación del informe, había mentido al Comité.

El asunto se hizo más complejo cuando reporteros del servicio de noticias de la gran empresa mediática McClatchy informaron que los auxiliares de los congresistas tuvieron acceso a documentación interna de la CIA, encontraron el documento -el borrador de unas indicaciones del antiguo director de la Agencia, Leon Panetta, indicando una revisión de los materiales entregados al Comité de Inteligencia-, lo copiaron de alguna manera y se lo llevaron consigo.

La CIA montó en cólera. Pero al acusar de tal hecho a los ayudantes de los senadores, evidenciaron que los estaban controlando -espiando-, con lo que la cólera se trasladó a los miembros del comité senatorial.

La información de McClatchy endereza este enredo: “Usted robó los documentos que le estábamos ocultando y que probaban que les habían mentido, así que los espiamos para saber cómo usted lo había logrado”.

O lo que es lo mismo: el Comité que debía monitorear a la CIA, estaba siendo monitoreado por la CIA.

Esta semana, Udall envió una carta, en términos fuertes, al presidente Barack Obama, abogando por la desclasificación y publicación del informe de 6 mil 300 páginas, y también del documento interno:

“Como usted sabe, la CIA ha tomado recientemente acciones sin precedentes contra el Comité en relación con el documento interno;  encuentro que estas acciones son increíblemente entorpecedoras para la responsabilidad de supervisión del Comité y para nuestra democracia. (…)  De muchas maneras, la idea de que la CIA espíe directamente al Comité senatorial encargado de su supervisión, es un escándalo potencial mayor que muchas de las revelaciones de Snowden sobre la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Y lo que es más importante, esto llevará finalmente a que el Congreso tome acciones contra una comunidad de inteligencia fuera de control”.

También esta semana, la veterana senadora demócrata Dianne Feinstein, en representación del Comité, condenó la forma en que la CIA ha manipulado la investigación del órgano congresional.

Acusó a la CIA de haber violado, con su acción sobre las computadoras del Comité, la Cuarta Enmienda de la Constitución estadounidense, la Ley contra el Abuso y el Fraude con Computadoras, y la orden ejecutiva que prohíbe a la CIA realizar actividades de inteligencia en el interior de Estados Unidos.

La senadora ha sido, hasta ahora, una fiel aliada de las agencias de inteligencia norteamericanas. 

Sea cual sea el desenlace de la disputa, aun no concluida, (no esperemos milagros), la evidencia es clara: remisos a reconocer su descarada violación de las más elementales normas de respeto internacional, se escandalizan ahora porque la acción impune de las agencias de inteligencia que han defendido, ha tocado, sin recato alguno, a sus propias puertas.

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