Opinión

¿Viviremos en un estudio de televisión?

Nuevas revelaciones nos aguardan sobre la violación omnipresente y planetaria de los Estados Unidos de la privacidad de países y dirigentes

nsa-espionaje
Instalaciones generales de la NSA en Fort Meade, Maryland |

Joaquín R. Hernández |

No somos los latinoamericanos los únicos preocupados por el espionaje electrónico masivo de Estados Unidos contra nuestros países, sus instituciones y sus máximos dirigentes.

Tan escandaloso como estos hechos -o quizás más: para sus principales personeros somos simplemente su traspatio- fue la misma receta aplicada a sus aliados europeos, incluyendo la canciller de la poderosa Alemania.

Más allá de las recriminaciones y las someras disculpas recibidas, y enfrentados ante la opinión pública de sus países por la traición del principal de sus aliados, los países de la Unión Europea debieron hacer algo. 

Los parlamentarios europeos designaron a la Comisión de Libertades Civiles de la Eurocámara para realizar una investigación sobre el espionaje estadounidense, la cual debe presentar su informe durante la semana en curso.

Lógicamente, la Comisión comenzó por encuestar a quien ha desatado las iras imperiales con la divulgación de los programas de espionaje global de la Agencia Nacional de Seguridad, NSA, Edward Snowden. Sin su delación hubiéramos seguido siendo víctimas inconscientes de la intervención planetaria de Estados Unidos en la seguridad de los estados y de la ciudadanía en muchos países del mundo.

En esa encuesta, Snowden hizo una revelación adicional: todavía no lo hemos visto todo.

“Hay muchos más programas clasificados”, dijo, “que vulneran los derechos de los ciudadanos europeos, pero dejaré este asunto de interés público para cuando sea seguro revelarlo a periodistas responsables y además en coordinación con actores gubernamentales”.

El antiguo analista recordó a sus entrevistadores que sus gobiernos no eran inocentes. Una de las actividades principales de la NSA es presionar a otros estados para lograr su colaboración, como en Suecia, Holanda y Alemania, y ha logrado la complicidad de otros países de Europa.

De igual forma, recordó otro hecho escandaloso: nadie ha podido probar que esta monumental invasión de la privacidad de personas, organizaciones y estados, incluyendo dirigentes fundamentales, sea necesaria para su objetivo declarado: la lucha contra el terrorismo.

“La vigilancia masiva viola nuestros derechos, pone en riesgo nuestra seguridad y amenaza nuestra maniera de vivir”, afirmó el joven, quien vive actualmente en Rusia ante la persecución de que es objeto por Estados Unidos y, en consecuencia, la negativa de los gobiernos europeos a recibirlo en sus territorios.

Subtítulo: Desde la embajada ecuatoriana en Londres

Desde su refugio en la sede diplomática de Ecuador, en Londres, Julian Assange, fundador de Wikileaks, añadió otros elementos que presagian un escenario más complejo.

Assange respondió preguntas que le fueron formuladas, utilizando Skype, por participantes en la conferencia internacional SXSW sobre tecnologías interactivas, efectuada en Texas.

Afirmó que los desarrollos tecnológicos permiten duplicar cada 18 meses las capacidades de espionaje electrónico de los organismos de inteligencia de Gran Bretaña y de Estados Unidos: el GCHQ–recientemente acusado de espiar a los usuarios de Yahoo, utilizando las webcams- y la NSA.

Sobre la NSA afirmó que “su capacidad de vigilar a todos en el planeta está casi aquí, y podría decirse que estará aquí en unos pocos años. Y eso dio lugar a una enorme transferencia de poder de la gente que se ha convertido en objeto de espionaje, a los que controlan el complejo de vigilancia”.

Desde luego que esta invasión del derecho a la privacidad de la información y a la seguridad de los estados, en beneficio de la expansión del poder imperial, ha encontrado en nuestros países las dignas protestas de varios de nuestros mandatarios.

Su preocupación ha hecho que se inicien proyectos destinados a dotar, a las comunicaciones de nuestros países, de la independencia de que hoy carecen por la acción de Estados Unidos, que más allá de promesas y mea culpas, no se detendrá.

A la cabeza de este empeño marcha, como es conocido, Brasil.

La presidenta brasileña Dilma Rousseff ha reiterado el proyecto de tender un cable de fibra óptica dedicada a las comunicaciones, desde su país, a través del Atlántico, hasta Europa.

De tal modo, el gran país sudamericano reducirá la vulnerabilidad de sus informaciones, que hoy pasan todavía por servidores ubicados en Estados Unidos.

“Es una cuestión importante para Brasil”, dijo Rousseff a periodistas en Bruselas. “No sólo es importante, sino que es estratégico para Brasil”.

Como recordamos, Dilma Rousseff encabezó la protesta mundial contra la injerencia revelada por Snowden, particularmente en la pasada Asamblea General de Naciones Unidas. La presidenta brasileña canceló además una visita de estado a la Casa Blanca y descartó una oferta de Boeing para renovar la flota de cazas del país, en una operación de unos 4.000 millones de dólares.

Hace unos años, un filme estadounidense sorprendió con su denuncia sobre la invasión de las vidas de los ciudadanos de ese país por la vigilancia electrónica. 

En “El show de Truman”, el actor Jim Carrey vive, engañado, en una ciudad que finalmente se verá como ficticia: era un gigantesco estudio de televisión, y sus pasos eran seguidos en detalle por un poder oculto.

Una política que defienda la soberanía tecnológica y los derechos a la privacidad de nuestros países y sus pueblos, y que no disminuya la denuncia sobre su creciente violación, impedirá que todos, ahora sabiéndolo, vivamos en un “show de Truman” de alcance planetario.

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