Opinión

CELAC y CEPAL: los desafíos

Un informe de CEPAL presentado a la reunión cumbre alertó, con datos concretos, sobre los desafíos más urgentes de la región

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Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Muchas cosas ocurren durante la celebración de la cumbre de la CELAC.  Pero la intervención de Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, sacudió conciencias y fortaleció la decisión de consagrar centralmente la reunión a la erradicación de la pobreza, la desigualdad y el hambre de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

La CEPAL es una de las más antiguas y sistemáticas organizaciones observadoras y estudiosas de las economías del continente.

Alicia Bárcenas anunció el compromiso de la CEPAL de trabajar codo con codo con CELAC, a la que calificó como el “logro político más importante de los últimos años en la región”.

Pero tampoco ahorró las alertas y datos ilustrativos sobre la realidad constatada por su organización respecto a los temas priorizados por la agenda de la Cumbre.

“En América Latina y el Caribe tenemos un territorio de grandes contrastes… Tenemos el desafío de la desigualdad”, afirmó.

“Ha llegado la hora de la verdad”, dijo, y llamó a realizar un esfuerzo de desarrollo que permita disminuir la inequidad mediante modelos que permitan aprovechar los ricos recursos naturales del continente de forma sostenible.

La funcionaria entregó a los asistentes dos textos editados por CEPAL: Recursos naturales: situación y tendencias para una agenda regional en América Latina y El Caribe y El Panorama Económico y Social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Hojear estos volúmenes ilustra exhaustivamente sobre el problema.

El Panorama Económico y Social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños recorre en sus cincuenta páginas la situación económica de la región, con énfasis en los temas de inversión económica directa, igualdad de género, demografía.

Y panorama social, donde se revelan con mayor crudeza los temas que la funcionaria llevó a la preocupación de los participantes.

Los estragos de la pobreza

La tasa de pobreza latinoamericana en el año analizado, 2012, alcanzó al 28,2 por ciento de una población de 609 millones de habitantes, y la pobreza extrema, es decir, la indigencia, al 11,3 por ciento: 164 millones de personas viven por lo tanto en situación de pobreza y, de ellos, 66 millones en condiciones de indigencia.

Los esfuerzos realizados, revela la información, han sido poco significativos. El año anterior, el 2011, la pobreza disminuyó solamente en un 1,4 por ciento, mientras que la pobreza extrema prácticamente no varió de un año a otro.

De cualquier forma, aun con resultados insatisfactorios, Brasil y Venezuela fueron los países que mejores índices obtuvieron, con una recuperación de 6 millones de personas de su desoladora condición, mientras que en otro país decisivo, México, el balance fue opuesto: un millón de personas engrosaron las filas de la pobreza.

No es, ni mucho menos, fría estadística. Como tampoco lo es en el caso particularmente sensible de la infancia y la adolescencia.

“En América Latina un 40,5 por ciento de los niños, niñas y adolescentes, son pobres sea en forma moderada o extrema”, indica el informe. Que agrega: “en la región la pobreza infantil total afecta a 70,5 millones de personas menores de 18 años”. De ellos, el 16,3 por ciento –28,3 millones- se encuentra en situación de pobreza extrema.

Más ricos, más pobres

Como se ha explicado muchas veces, América Latina comparte con África el dudoso privilegio de constituir los dos continentes con mayor desigualdad en la distribución de los ingresos. El informe de CEPAL confirma “la elevada desigualdad en la distribución de los ingresos como uno de los rasgos característicos de América Latina en el contexto internacional”.

En tal sentido se revela que la zona más pobre de la estadística recibe, como promedio, un 5 por ciento de los ingresos totales, menores a 4 por ciento en Bolivia, Honduras, Paraguay y República Dominicana, y el 10 por ciento en Uruguay.

Y como contraparte, la participación de los más ricos va desde el 35 por ciento en Uruguay hasta el 55 por ciento en Brasil.

Jornada laboral y participación femenina

La jornada laboral, se afirma, sigue siendo muy extensa en América Latina, superior como promedio al límite de las 40 horas semanales, y lejana de los países desarrollados -en Europa se promedian 37 horas semanales.

Esto supone no solamente una premisa para la afectación a la salud de los trabajadores, sino una ocupación del tiempo que le impide realizar otras actividades de realización personal y el descanso necesario.

El caso es más crítico en el sector femenino. La mayor parte de las mujeres dedican mucho más tiempo al trabajo doméstico no remunerado que los hombres. Es decir, que mientras las mujeres se incorporan a la vida laboral remunerada, los hombres no varían su escasa participación en el trabajo doméstico. “En otras palabras, en América Latina la división sexual del trabajo se ha transformado en forma parcial y desigual”.

La señal de alarma de Alicia Bárcena caló hondamente entre los asistentes. Pero la funcionaria reafirmó su confianza en la organización y saludó el plan de acción que resultará de la cumbre presidencial.

Y la caracterizó, al concluir, con una elocuente apelación martiana: “Como gigantes ya se cansan de reposar, se ve que se levantan y emprenden la marcha nuestros pueblos nuevos: apuremos juntos el paso.”

Texto del documento: http://www.cepal.org/publicaciones/xml/7/52077/PanoramaEconomicoySocial.pdf

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