Opinión

Todas las democracias de la Celac conducen a la República de Cuba

La Habana confirma al planeta sus calidades para promover una época justa, en medio de la codicia organizada

Cuba Celac 2014
II Cumbre de la Celac | Cuba Minrex

Edwin Sanchez |

El pecado más irresponsable que se podría cometer en la historia de América es inventar desde el exterior, una Cuba distinta a la que decidió hacer su gente con todos los aires de dignidad desde el Primero de Enero de 1959. Ya los mapas están hechos, y los pueblos que se ganaron el derecho de cantar el Himno Nacional en cada tramo de su vida republicana, y los que siguen, merecen el respeto mundial.

La derecha de extrema amargura da voces contra el país insular porque, salvo en la geografía, ya es hoy menos isla que cuando Colón, buscando el imperio del Gran Kan, se topó con Cuba en su primer viaje, el 27 de octubre del año del Señor 1492.

Sede de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, los días 28 y 29 de enero, La Habana confirma al planeta sus calidades para promover una época justa, en medio de la codicia organizada.

Para empezar, la República antillana es nuestra primera evidencia de que se acabó el monopolio de la Democracia Marca Registrada. No se puede andar hoy por ahí repitiendo la falacia macartista que “la única democracia que conozco es tal y tal”, como si la retro-derecha fuese la propietaria de la verdad y otros dogmas adjuntos.

Ningún Presidente de América le dictó a las metrópolis la manera de gobernar, y eso que hasta podemos exportar autoridad moral para decirles que la Tierra irá peor si seguimos sacrificando, a niveles industriales, millones de vidas y ecosistemas ante el diabólico altar de Mammón. Hoy es otra visión de los tiempos, con espacios que necesitan una fresca filosofía, propia de Nuestramérica. “Vino nuevo en odres nuevos”, recomendó Jesús.

Antes se nos entrenaba con la religión del primer mundo a conformarnos con el Paraíso que nos prometían en el otro mundo las huestes de León X (1513-1521), mientras confesaba a costa de nuestros infiernos: “Ya que Dios nos ha dado el papado, gocémoslo”. Ahora nos atrevemos a adelantar un mañana mejor desde aquí, sin el permiso de las gerencias terrenales del “más allá”.

Desmontar uno de los nefastos instrumentos generadores de pobreza extrema al sur del Río Bravo, la asimetría entre las potencias y las antiguas colonias, será a los ojos del demonio de la avaricia una herejía, pero una magnífica oportunidad para poder estampar la rúbrica unánime de la Celac al pie del acta del nuevo siglo. Y sin la sospechosa gloria de las independencias arruinadas por la soledad.

Consenso

El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Abelardo Moreno, destacó la “consolidación de la presencia internacional del bloque”, y que los continentes “ya lo reconocen como su interlocutor en América Latina”.

Democracia a la latinoamericana: “Independientemente de las diferencias en la forma de pensar, los modelos económicos y políticos de sus miembros, la Celac defiende posiciones consensuadas, lo cual solidifica la congregación”, expuso Moreno.

Los comisarios del pasado quisieran que se cancelara no solo la cita en La Habana, sino la desaparición de la Celac. Como les resulta imposible, entonces intentan provocar un linchamiento mediático contra los mandatarios que acudirán a la Cumbre, como si vivieran en los años 60 de la centuria anterior.

Un ultraderechista radicado en Miami acusa a los Jefes de Estados que si van a Cuba “legitimarán” al presidente Raúl Castro, y si lo hacen, “ordena” que también deben reunirse con “los disidentes”. Vaya estos apasionados de la ridiculez perfecta, que metidos en las cavernas del  anticomunismo de la Edad de Piedra de Ileana Ros-Lehtinen, tratan desde ese penoso pleonasmo, comprender las letras mayores de América escritas por Louverture, Hidalgo, Bolívar, Miranda, San Martín, Sucre, Darío, Martí, Sandino y Fidel.

Ni el Estado Palau, cuyo nombre nadie sabe dónde ponerlo para no tapar la islita, repitió su voto a favor del embargo económico contra Cuba, cuando la 68º Asamblea General de la ONU demostró que la democracia no es franquicia de nadie. El 29 de octubre del año pasado, el Mapamundi en pleno, 188 países, urgió demoler el último Muro de la Guerra Fría que queda en pie. Apenas dos, el propio Estados Unidos e Israel, lo sostienen.

Es decir, no solo es la Celac que reconoce a La Habana: se trata de toditita la bolita del mundo que reitera la legitimidad del Gobierno Constitucional de la hermana República de Cuba. Y si la Luna pudiera votar en la ONU, señor Andrés Oppenheimer, seguro lo haría en Plenilunio.

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