Opinión

Un importante acuerdo en el camino hacia la paz

Las propuestas de la guerrilla colombiana en los diálogos de paz apuntan hacia cambios estructurales en la sociedad.  El nuevo acuerdo es una muestra de esto.

Mirada al Mundo
Mirada al Mundo | La Voz del Sandinismo

Joaquín R. Hernández |

Si ayer pudimos esbozar los aspectos fundamentales del nuevo acuerdo al que llegaron en La Habana las delegaciones de las FARC-EP y el gobierno colombiano en su diálogo de paz, hoy ya las noticias tienen que ver con su repercusión dentro y fuera de Colombia.

Las reacciones, como era de esperarse, son muy numerosas. Si hiciera falta una muestra, valdrían dos de ellas:

El movimiento Colombianas y Colombianos por la Paz fundado por la ex senadora y conocida activista política Piedad Córdoba recibió la noticia con júbilo y pidió que las conversaciones se extendieran al Ejército de Liberación Nacional, la segunda organización guerrillera del país.

La organización, que  agrupa a diversos sectores sociales, destacó la importancia de un diálogo sostenido “con la voluntad, la generosidad de las partes, para que nunca más la guerra sea el sino de nuestra realidad”.

En el otro extremo, el ex presidente Álvaro Uribe, opinó en su cuenta de Twitter que “Colombia es la única democracia que acepta negociar su democracia con el terrorismo”
No son posiciones nuevas, por supuesto. Pero ambas subrayan las complejidades que tendrá no solo el establecimiento de un consenso para la paz, sino la creación del marco social donde esa paz tendrá que desenvolverse.

La guerrilla nunca fue esquiva a las dificultades que entraña construir esa nueva realidad a través del diálogo, ni fue a La Habana solamente a negociar su desarme y su transformación en un partido político.

Como señala la declaración emitida por la delegación de las FARC-EP, “todas las iniciativas en la mesa de conversaciones de La Habana, han sido inspiradas en las reivindicaciones y propuestas de las organizaciones sociales y políticas del país (…)la fuerza de nuestra palabra ha estado en la valerosa movilización de un pueblo, que sin temerle a la represión y a la criminalización, ha levantado sus banderas para exigir los cambios estructurales que se requieren para la fundamentación de la paz”.

En la dirección de cambios estructurales apuntaron los conceptos incluidos en el pasado Acuerdo sobre el tema agrario, y en tal dirección apuntan hoy los que recoge  este consenso sobre la participación política.

Varios aspectos del consenso

El acuerdo propone convertir el actual orden político en una democracia realmente inclusiva y participativa, en la que participe toda la ciudadanía y no “un puñado de privilegiados oligarcas que se han apropiado de él para feriarlo y para saquearlo, favoreciendo a las trasnacionales. La gente quiere decidir, y en eso consiste la verdadera participación ciudadana”.

Los medios que reportan el desarrollo de este acontecimiento subrayan los peligros que pueden provenir  de las huellas del conflicto. La preocupación por el revanchismo y la intolerancia, es decir, por la inseguridad,  estuvieron también entre los temas abordados antes de llegar al consenso.

La reconciliación y el respeto mutuo, por encima del recuerdo de hechos de coyuntura, es siempre, no solamente en Colombia, un tema de difícil y larga solución.

Pero aplicado al ejercicio de la política, donde necesariamente volverán a chocar intereses difíciles de conciliar, es necesario desde ahora, y el acuerdo lo prevé, atender a los reclamos que la delegación guerrillera expresa en su declaración: la necesidad del “respeto a la vida, a la diferencia, a la opción política, a la no estigmatización”, y que “se puedan debatir las ideas sin temor a ser asesinado, perseguido, desaparecido o criminalizado”.

Únicamente sobre estas bases se puede convocar a la organización de la futura arquitectura partidista de la oposición colombiana.  Por eso se llama a partidos y voceros de organizaciones sociales a elaborar sus lineamientos de lucha política y a legitimar sus estructuras con la aprobación de sus partidarios.

La delegación de las FARC-EP dedica atención a la realidad mediática colombiana, y destaca que esta refundación de la democracia obliga a no perder de vista que la suerte de ésta “no puede estar en manos de tres o cuatro señores ricachones dueños de los medios de comunicación y de la publicidad”.  

Desde ahora mismo, la actividad negativa de los medios oligárquicos pone en peligro el mismo proceso: “Sin democracia en la tenencia de los medios, todo lo que se haga en muchos campos de la participación o en función del tratado mismo de paz, podría quedar en el limbo”, por la imposición por los medios actuales, de matrices de opinión negativas o falseadoras.

El Acuerdo adoptado hace progresar la agenda del diálogo, que avanza hacia un nuevo ciclo dedicado  a otro tema crucial: el cultivo de la coca destinada al mercado de la droga,  y el propio narcotráfico.

De manera gráfica, el presidente colombiano Juan Manuel Santos definió la importancia del tema: “¿Se imaginan a Colombia sin coca y sin narcotráfico? Hacia allá nos dirigimos”.

De cualquier forma, como han dicho los negociadores de ambas partes, nada está acordado hasta que todo este acordado.  En su continuación,  el diálogo nos arrojará nuevas noticias sobre el escabroso camino hacia la paz.

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