Opinión

Colombia: el difícil camino hacia la paz

Concluido un nuevo ciclo de las negociaciones de paz en La Habana, las FARC-EP ven avanzar muy lentamente sus reclamos

Paz en Colombia
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Joaquín R. Hernández |

Acaba de cerrarse en La Habana un nuevo ciclo del diálogo de paz entre la más poderosa organización guerrillera colombiana, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia–Ejército del Pueblo, y el gobierno de Juan Manuel Santos.

Si al concluir el ciclo anterior en septiembre apreciábamos la tensión entre la solicitud del gobierno de acelerar las negociaciones, producir resultados y someterlos prontamente a referéndum, y a la guerrilla opuesta a dejarse arrastrar por una prisa que, denunciaban, tenía propósitos electorales, la situación ahora no indica que la luz al final del túnel esté demasiado próxima.

La explicación, si se mira de lejos, es bastante comprensible. El proyecto que llevó a los combatientes originales de la guerrilla colombiana a tomar el camino de las armas suponía y supone una transformación de raíz de la sociedad colombiana. Este país de extraordinarias riquezas, es al mismo tiempo una muestra de la incapacidad del capitalismo y de las oligarquías dominantes, para solucionar males raigales: desigualdad obscena en la distribución de los ingresos, inseguridad y violencia consiguientes y, en la escena internacional, apertura vergonzosa a la penetración estadounidense, incluido el campo militar.

De lo que se trata en las negociaciones, por parte de las FARC-EP, es de intentar, desde una plataforma pacífica, sentar las bases del necesario cambio estructural.

Es por lo tanto fácil comprender que el gobierno, consistente con su papel de representantes de las capas dominantes –explotadoras- oponga resistencia allí donde los reclamos de la guerrilla amenacen su hegemonía.

Al cerrarse este ciclo de negociaciones, ambas partes se acusaron mutuamente de obstaculizar el avance hacia nuevos acuerdos. 

La argumentación de los representantes de las FARC-EP fue convincente:  la guerrilla ha presentado ya unas cien propuestas sobre el tema de la participación política –tema central de este ciclo, que permitiría a la organización guerrillera actuar legalmente en el escenario público–  y ha “trabajado a fondo cada día”. “No ha habido jornada en la que no presentemos propuestas y soluciones; no ha habido día en el que no propiciemos un avance”, argumentó Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC.

“No es sensato que se pretenda mostrar a la insurgencia como la parte del diálogo que frena los ritmos para el avance del proceso”, señaló un comunicado leído por Márquez.

Adicionalmente, los guerrilleros se quejaron de que el compromiso de no divulgar las discusiones de la mesa de negociación, se ha convertido en un pretexto para hacer de todo un secreto. Con lógica absoluta, se preguntó Márquez: 

“Si se mantiene el absurdo de no dar a conocer con más frecuencia la plenitud de lo que se conviene en cada ciclo, ¿de dónde se saca la maltrecha idea de que el lento avance le resta apoyo a las conversaciones? ¿Cómo puede saber el país cuál es la dimensión de ese avance si se le priva de una información a la que tiene derecho?”

El diálogo, que había comenzado en Oslo y después en La Habana, debe abordar, en principio, seis puntos, que concluirían un conflicto armado que ha causado casi 300 mil muertos en medio siglo de combates.

Ya el pasado 26 de mayo las delegaciones habían arribado a un acuerdo parcial sobre desarrollo agrario y rural, tema de particular sensibilidad para el país y reivindicación central de la lucha guerrillera a lo largo de su historia. Los acuerdos alcanzados incluyen el acceso a tierras para los campesinos y pasos para combatir la pobreza y la desigualdad en el campo colombiano, medidas por las que luchan las FARC desde 1964.

Otros temas pendientes –además de la participación política, que sigue sobre la mesa- son la lucha contra el narcotráfico, las fórmulas para la conclusión del conflicto, la ayuda que recibirían sus víctimas y la forma de poner en práctica los acuerdos firmados.

Ambas partes, pese a no mostrar resultados en este ciclo, informaron que se mantendrían en las negociaciones  -“estamos atornillados a la mesa de diálogo”, dijo un representante de las FARC—, en un clima nacional de gran complejidad. No son las negociaciones de paz el único tema delicado que enfrenta el gobierno de Santos.

Con la perspectiva de elecciones legislativas en marzo del año próximo y presidenciales en mayo, la administración actual debe enfrentar un complejo escenario interno protagonizado antes por campesinos y, ahora, por indígenas.

Luego del paro nacional que se inició en agosto y duró más de un mes, ahora las organizaciones indígenas han iniciado nuevas manifestaciones que salen a las calles a pedir un mayor protagonismo político y a manifestarse contra la administración de la economía nacional.

En definitiva, son temas no muy diferentes a los que definen la posición de la organización guerrillera en las negociaciones de La Habana. Forman parte, sin lugar a duda, del centro mismo de la compleja problemática colombiana.

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