Opinión

El acuerdo Lavrov Kerry: ganadores y perdedores

¿Quién ganó y quién perdió con el acuerdo ruso-sirio-estadounidense sobre las armas químicas en el país mesoriental?

Kerry - Lavrov
El primer ganador, obviamente, fue el pueblo sirio, que vio al menos aplazarse lo que prometía ser una nueva matanza de proporciones incalculables. Hubiera sido la población quien sufriría los daños colaterales del bombardeo a instalaciones militares. | Internet

Redacción Central |

¿Quién ganó y quién perdió con el acuerdo ruso-sirio-estadounidense sobre las armas químicas en el país mesoriental?

Por Joaquín R. Hernández

El primer ganador, obviamente, fue el pueblo sirio, que vio al menos aplazarse lo que prometía ser una nueva matanza de proporciones incalculables. Hubiera sido la población quien sufriría los daños colaterales del bombardeo a instalaciones militares.

Avanzaron, sin duda, las diplomacias conjuntas de Rusia y de China, especialmente de la primera, al significarse mundialmente como potencias que pueden detener los impulsos del poderoso país de Norteamérica.

No me atrevo a decir que entre los ganadores esté la administración Obama. Si bien se deshizo del embrollo que sus mismos personeros habían armado, el costo interno, al mediano o largo plazo, será de consideración. Para ello se preparan sus opositores.

Perdedores netos: sin duda alguna, los aliados de Estados Unidos en la región:  Arabia Saudita, Catar y Turquía  –por cierto, el 70 por ciento de los turcos, según encuestas, no desean verse involucrados en el conflicto sirio–, quienes veían en el bombardeo un atajo hacia su fin último, el derrocamiento del gobierno del partido Baath y la inversión de la correlación de fuerzas actual en la región.

A los pocos aliados europeos dispuestos a involucrarse en la aventura también les ha correspondido una notable frustración, al menos momentánea. Para Francia, es la pérdida de lo que hubiera sido un gran paso en su obsesión por retomar el protagonismo colonial que alguna vez tuvo. Sin el golpe anunciado por Estados Unidos, regresan al punto en el que estaban.

Los variopintos opositores sirios, por supuesto, figuran en la lista de los no beneficiados. También por supuesto, afirmaron que continuarían sus acciones bélicas en territorio sirio.

En Estados Unidos también hay perdedores. Los halcones de Washington, incluido el perverso equipo neoconservador, se prepara para pasar en algún momento la cuenta al presidente Barack Obama. La legisladora republicana Ileana Ross-Lehtinen, de turbia trayectoria, aparece como una de las más defraudadas.

Pero quizá una de las cosas que más llamó la atención, como factor poco conocido del proceso negociador y, sobre todo, como signo de los tiempos, fue el agradecimiento del canciller ruso Serguei Lavrov a nuevos actores, de influencia hasta ahora inédita en los grandes temas mundiales:

“Hoy –dijo en una emisión de Rossiya TV–  quisiera agradecer a los países del BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y a los de la Organización para la Cooperación de Shangai (Rusia, China, estados de Asia Central y, como observadores, Irán e India), así como muchos otros, por su apoyo basado en principios al enfoque del arreglo del problema… exclusivamente por medios pacíficos.”

La contraofensiva reaccionaria, como vimos, ya se está organizando. Con gran apoyo mediático, las mismas voces que alentaron la agresión ahora detenida, comienzan a desacreditar el acuerdo alcanzado y a prever la imposibilidad de su cumplimiento.

El tono de las críticas es elocuente: “En lo que ya se ha convertido en una de las más grandes debacles desde que el ex presidente Jimmy Carter fracasó a la hora de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán, la incompetencia de Obama ha avergonzado profundamente a los Estados Unidos de América”, afirma Kim Holmes, de The Heritage Foundation.

Y, con la misma  retórica, que  bordea el insulto, agrega: “Obama podría resolver su dilema político con el congreso estadounidense, pero quedará como un tigre de papel ante los ojos del mundo, superado in gravitas por el presidente ruso Vladimir Putin”.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, acaba de anunciar las conclusiones del trabajo de los inspectores enviados a Siria. El informe afirma que, en efecto, se utilizaron armas químicas en el famoso incidente. Aunque se abstiene de opinar sobre la autoría de su utilización, es de presumir que los perdedores del acuerdo Lavrov Kerry retomen su campaña agresiva.

Lo que nos augura nuevos episodios en esta ya larga batalla. En definitiva, como hemos reiterado otras veces, la disgregación del país sirio y el derrocamiento de Bachar el Assad, sin saber a las claras quién o quiénes ocuparán después el poder en una Siria fragmentada, que es su real objetivo, no ha sido alcanzado.

Pero, al menos por esta vez, el mundo de hoy no ha sido el del 2003, cuando George W. Bush, en desacuerdo con la conciencia antibélica mundial y sin respaldo de las Naciones Unidas, lanzó su guerra contra Iraq. Ahora ha actuado un mundo multipolar, con nuevos actores, que han llegado al escenario internacional para quedarse.

Ojalá que en el mismo escenario multipolar, sus nuevos actores detengan las nuevas campañas, y en los foros que se prefiguran ya –la próxima reunión sobre Siria en Ginebra–  encuentren la salida política que el histórico país árabe y, sobre todo, su pueblo, necesitan y merecen.

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