Opinión

El 12 de septiembre, las cintas amarillas y la libertad de los Cinco héroes cubanos

René González es el único de los Cinco héroes cubanos encarcelados en Estados Unidos, que tras cumplir su pena, ha salido en libertad. Los Cinco fueron acusados y condenados formalmente por espionaje. La realidad es que su único delito fue luchar contra el terrorismo que, auspiciado por las agencias de inteligencia norteamericanas, ha asolado a Cuba desde los primeros momentos de la triunfante Revolución Cubana.

cintas amarillas y la libertad de los Cinco héroes cubanos
las cintas amarillas y la libertad de los Cinco héroes cubanos | cubahora.cu

Redacción Central |

René González es el único de los Cinco héroes cubanos encarcelados en Estados Unidos, que tras cumplir su pena, ha salido en libertad. Los Cinco fueron acusados y condenados formalmente por espionaje. La realidad es que su único delito fue luchar contra el terrorismo que, auspiciado por las agencias de inteligencia norteamericanas, ha asolado a Cuba desde los primeros momentos de la triunfante Revolución Cubana.

Por Joaquín R. Hernández

Desde su liberación René, que es un comunicador nato, expresivo y sencillo, ha acometido con una energía impresionante la tarea para la que parece haberse preparado durante más de una década en prisión: dedicar hasta su último aliento cada día y todos los días a la lucha por la libertad de sus cuatro hermanos.

El próximo día 12 se conmemorarán quince años de la infausta fecha en que las autoridades estadounidenses detuvieron a René, junto a Gerardo, Antonio, Ramón y Fernando. La detención fue el fruto de algo que conocemos bien: el doble discurso de los dirigentes de Estados Unidos y su infinita capacidad para la mentira y la traición.

En efecto, Cuba había entregado a las autoridades de ese país información sensible sobre próximos actos terroristas que, aunque dirigidos contra la Revolución Cubana, supondrían la muerte de decenas de ciudadanos estadounidenses.

Pero en el país norteño no se dedicaron a frustrar los hechos terroristas. Con una suerte de ingeniería inversa, se dieron a la tarea de averiguar quiénes habían pasado a Cuba la información. Así llegaron hasta los Cinco.

René, infatigable, se presentó de improviso en el programa televisado diario Mesa Redonda, e hizo un llamado singular.

Pidió a los televidentes, es decir, al pueblo cubano, y por su vía, a todos los pueblos que se solidarizan con esta noble y justa causa, que se convirtiera la tradicional jornada solidaria que se celebra todos los años “entre el cinco de septiembre y el seis de octubre” en “una jornada única”.

“Yo cumplí mi sentencia íntegramente, pero tenemos que impedir que eso suceda con mis cuatro hermanos por todo lo que implica y, aunque es duro decirlo, tenemos que recordar que eso para Gerardo (sentenciado a dos cadenas perpetuas) implica que si los designios del gobierno norteamericano se cumplen, él moriría en la cárcel.”

Las cintas amarillas

La campaña por la liberación de los Cinco ha adquirido un alto relieve entre las fuerzas progresistas de todo el mundo. Hoy es difícil encontrar, en cualquier continente, una organización popular activa que no se solidarice con esta causa.

No es así en Estados Unidos, donde la información se bloquea sistemáticamente y por lo general, cuando se les menciona, se les considera un simple caso de espionaje.

Sin embargo, agotada casi la vía jurídica, solo una movilización que estremezca a sectores particularmente sensibles y próximos al poder en Estados Unidos, puede favorecer la liberación de estos hermanos. Recordemos el caso de los patriotas puertorriqueños, liberados de sus largas condenas de prisión gracias a la movilización de la opinión pública.

René introdujo ahora un elemento de motivación especial. “Yo quiero que este 12 de septiembre en el país se produzca un terremoto: un terremoto hermoso, un terremoto de amor, un mensaje del pueblo cubano al pueblo norteamericano a través de un símbolo que para el norteamericano medio es un símbolo de amor, es un símbolo de cariño y es un símbolo que ellos lograrán entender en su idioma; y ese símbolo es la cinta amarilla.”

Apelaba René González a una viejísima tradición norteamericana, nacida en los días de la Guerra Civil inglesa, cuando las esposas esperaban a sus maridos combatientes con una cinta amarilla como signo de fidelidad. La tradición se mantuvo durante la Guerra de Secesión, y luego durante otras guerras en que participaron los soldados de Estados Unidos. En los años 70, una hermosa canción, Ata una cinta amarilla alrededor del viejo roble, de Irwin Levine y L. Russell Brown, recordó y popularizó la tradición.

“La canción –explicó René– es una hermosa historia de un preso que está al salir de la cárcel y que lo único que le pide a su prometida es que si aún lo ama, ponga una cinta amarilla en un árbol… A partir de ese momento esa cinta se ha convertido en un símbolo para el norteamericano que espera a alguien en una misión en el exterior, que espera a un soldado, que espera a un ser querido y ese es el mensaje que queremos que ustedes le hagan llegar al pueblo norteamericano: que sepan que el pueblo cubano está esperando a cuatro de sus hijos.”

Desde su llamado, y de manera creciente, cintas, prendas de vestir, pañuelos y todo tipo de objetos amarillos han comenzado a verse por doquier en el país caribeño. Es un episodio más, sensible y original, en defensa de una causa que desde hace mucho tiempo desborda las fronteras cubanas, para convertirse en lo que es, en profundidad: la lucha por la justicia y por el respeto a la dignidad de todos nuestros pueblos, hermanados en esta noble causa.

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