Opinión

Las preguntas de Colin Powell y la agresión a Siria

El rechazo a una posible agresión contra Siria se expande en el mundo. En América Latina, uno de los continentes que mejor conoce el intervencionismo estadounidense, los países del ALBA, verdadera avanzada ideológica de la región, la han condenado explícitamente. La agresión no tendría justificación desde ningún punto de vista. Ni siquiera desde el propio punto de vista doctrinario de los militares norteamericanos. Veamos un ejemplo.

Colin Powell
Las preguntas de Colin Powell y la agresión a Siria | Internet

Redacción Central |

El rechazo a una posible agresión contra Siria se expande en el mundo. En América Latina, uno de los continentes que mejor conoce el intervencionismo estadounidense, los países del ALBA, verdadera avanzada ideológica de la región, la han condenado explícitamente. La agresión no tendría justificación desde ningún punto de vista. Ni siquiera desde el propio punto de vista doctrinario de los militares norteamericanos. Veamos un ejemplo.

Por Joaquín R. Hernández

Colin Powell ha sido uno de los militares y hombres de Estado más relevantes de Estados Unidos en las últimas décadas. General de cuatro estrellas, fue uno de los más influyentes jefes de Estado Mayor Conjunto en la década del 90.

Republicano, para muchos presidenciable, se convirtió en un personaje influyente en la política. Su mayor mancha fue su ridícula exposición en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas cuando, como secretario de Estado de la administración de George W. Bush, presentó pruebas falsas sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq.

Powell, aunque cómplice y ejecutor de las estrategias del imperio, conoció bien los aprietos en que las decisiones oportunistas e interesadas de los políticos, podían poner a las fuerzas armadas de su país y del mundo. Para protegerlas, elaboró en 1990 un cuestionario –una suerte de prueba ácida, dirían los informáticos– cuyas respuestas validarían una acción militar. Pero solamente si las respuestas eran positivas.

Desde entonces fueron llamadas “la doctrina Powell”.

¿Qué calificación obtendrían los promotores de la agresión a Siria si tuvieran que someterse al cuestionario, exhumado de los archivos por el conocido académico Stephen Walt, en su columna del sitio foreignpolicy.com? Veamos las preguntas y nuestras respuestas:

1. ¿Están amenazados intereses vitales de la seguridad nacional? Es obvio que no. Replicar el supuesto uso de armas químicas en un territorio lejano no tiene nada que ver con estos intereses vitales. Mucho menos en un país que, con tensiones más o menos, ha tenido relaciones con Estados Unidos durante más de 40 años.

2. El objetivo ¿es claramente alcanzable? ¿Cuál objetivo? La agresión, en los términos en que está planteada, solamente provocará enormes sufrimientos a la población siria, pero no cambiará el curso de las acciones ni derrocará al gobierno del presidente el Assad. Ni siquiera es previsible que afecte las supuestas instalaciones productoras de armas químicas, que podrían ser subterráneas o, muy posiblemente, estar en manos de los insurgentes.

3. Los costos y los riesgos ¿han sido total y sinceramente analizados? Bueno, los costos deben haber sido analizados más de una vez. Por los proveedores de cohetes Tomahawk, que han visto subir sus acciones en bolsa, y por los financieros del Pentágono, que ya están pidiendo a las monarquías árabes -no es la primera vez- que los ayuden a pagar los gastos de la agresión. ¿Los riesgos? Un análisis sensato respondería que no. Los riesgos son incalculables y confieren a la aventura, entre otros adjetivos, el de irresponsable y provocadora.

4. ¿Se han agotado otras opciones políticas no violentas? Quien haya seguido el curso de los eventos en Siria, a lo largo de más de dos años, sabe perfectamente que ni Estados Unidos ni sus aliados han estado interesados en una salida política que no suponga el derrocamiento del gobierno del partido Baath. La más prometedora quizás, la reunión prevista para estos días en Ginebra, fue suspendida unilateralmente por la administración Obama.

5. ¿Existe una estrategia de salida del conflicto, plausible y que evite el empantanamiento? Por supuesto que no. Estados Unidos, hasta donde más ha llegado, es a decir que la acción sería limitada. Suponen que su ataque se quedaría sin respuesta. Nuevamente, la irresponsabilidad tiñe la acción punitiva.

6. Las consecuencias ¿han sido completamente consideradas? La respuesta anterior nos lleva a la siguiente: si han sido consideradas, no han sido tenidas en cuenta. Hagamos un ejercicio de imaginación: en el hipotético y ficticio caso de que provocaran la caída del actual gobierno, abrirían paso a una verdadera pesadilla. Siria sería un país fragmentado, por cuyo control competirían los variopintos grupos que hoy integran la llamada oposición actual. Oportunistas externos, grupos étnicos y confesionales diferentes y opuestos, organizaciones fundamentalistas, cuyos métodos terroristas han sido ampliamente demostrados en los últimos años. Nuevamente, aparece la mala memoria. Un nuevo Frankestein, como el que crearon con Bin Laden y Al Qaeda en Afganistán, reaparecería en la escena mundial.

7. ¿Hay apoyo por parte del pueblo estadounidense? No hay que detenerse mucho en la pregunta. No hay una sola encuesta, de las varias que se han realizado, que no demuestre el rechazo mayoritario de la población a comprometerse en otra guerra sin sentido.

8. ¿Existe un genuino y amplio apoyo internacional? Como señalé en un comentario anterior, la repetición en Siria del guión seguido en Iraq choca con un inconveniente: esta aventura ocurre después de la desastrosa experiencia iraquí. Los chascos de esa guerra permiten predecir que esta no contará ni siquiera con los aportes de los Estados minúsculos que los acompañaron en Iraq o Afganistán. El voto del parlamento británico, las declaraciones negativas de países decisivos como Alemania, Italia o España, los dejan en la triste compañía del “socialista” François Hollande o de los nuevos apetitos regionales de Turquía y Arabia Saudita. Los israelíes los acompañarían por un compromiso que no pueden evitar pero que en el fondo no desean, pues son uno de los países que más puede perder con las consecuencias de la agresión.

Como se ve la administración Obama no pasaría el examen de Powell. Verdaderamente, ninguna de las otras guerras de Estados Unidos en los últimos veinte años lo hubiera pasado. Tengo la impresión, por desgracia, que el cuestionario exhumado por el respetado académico, volverá a disfrutar de un ocioso y lamentable olvido.

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