Opinión

G20: Cambios en la agenda

Una delicada agenda de coordinación de políticas económicas ha reunido este jueves y viernes a los máximos líderes de 19 países y la Unión Europea en San Petersburgo. Pero un tema imprevisto ha sumergido los demás en un segundo plano y se ha convertido en la gran noticia de la reunión del G20: la discusión sobre la proyectada agresión estadounidense contra Siria.

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se ha convertido en la gran noticia de la reunión del G20: la discusión sobre la proyectada agresión estadounidense contra Siria. | ruvr.ru

Redacción Central |

Una delicada agenda de coordinación de políticas económicas ha reunido este jueves y viernes a los máximos líderes de 19 países y la Unión Europea en San Petersburgo. Pero un tema imprevisto ha sumergido los demás en un segundo plano y se ha convertido en la gran noticia de la reunión del G20: la discusión sobre la proyectada agresión estadounidense contra Siria.

Por Joaquín R. Hernández

San Petersburgo, sede de la reunión, es una de las ciudades más hermosas de Rusia. Fundada en 1703 con ese nombre, luego llamada Petrogrado, más tarde Leningrado y finalmente, en los años 90, San Petersburgo otra vez, tiene una extensa historia. En el siglo XX, el crucero Aurora con sus disparos anunció el inicio de la revolución bolchevique, y durante la segunda guerra mundial sus habitantes resistieron durante 29 meses un prolongado y cruel cerco nazi, que costó la vida a un millón quinientos mil habitantes.

Es la ciudad natal del anfitrión, Vladimir Putin.

Ahora recibe a los presidentes de los componentes del poderoso grupo de las 19 naciones más desarrolladas del planeta más la Unión Europea –Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, México, Alemania, Francia, Italia, Indonesia, Arabia Saudita, Turquía, Australia, Sudáfrica, Corea del Sur, Japón, China, India, Brasil, Argentina y por supuesto Rusia– con la adición, como invitada casi permanente, de España. Todas sus economías juntas representan entre el 85 y el 90 por ciento de la economía mundial.

El grupo fue creado en 1999 en reuniones de los ministros de Finanzas y gobernadores de Bancos Centrales y pasó al formato de cumbres presidenciales en el 2008, en los primeros momentos de la explosiva crisis económica internacional que aún hoy sacude al mundo.

Los fines declarados fueron, por lo tanto, obvios: coordinación de políticas en busca de la estabilidad económica global y de crecimientos económicos sustentables; promoción de regulaciones financieras que disminuyan riesgos y prevean futuras crisis financieras, y creación de nuevas vías para negociaciones internacionales y transacciones financieras.

Las reuniones sucesivas debieron enfrentar las consecuencias de esta crisis. La que se inició ayer no escaparía, según la agenda original, a un duro temario. En él se privilegió uno de sus grandes componentes, la evasión fiscal, y se inscribió en la agenda el análisis de diversas propuestas procedentes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

“Hasta 2009, la evasión fiscal era una práctica extendida, casi sin riesgo. Con los acuerdos adoptados en la cumbre de Londres, pasó a ser una práctica arriesgada, pero no ha sido suficiente. Queremos dar un paso más para acabar con esas prácticas”, anticipó el jueves Pascal Saint-Amans, director del centro de política fiscal de la OCDE.

En el temario, se informó, figuran también el estímulo al crecimiento, el empleo y las inversiones, la regulación del sector financiero, el fortalecimiento del comercio multilateral, la mejora de la estabilidad de los mercados energéticos, la lucha contra la corrupción, el logro de una mayor transparencia de los mercados, y el desarrollo de nuevas políticas monetarias.

Diálogos difíciles y temas imprevistos

Estos temas suelen llegar previamente desarrollados por especialistas y técnicos, y en la cumbre los mandatarios se limitan a las decisiones estratégicas o a dirimir conflictos que las reuniones preparatorias no pudieron resolver.

Algunos de ellos le depararán a Barack Obama varios malos momentos durante la reunión.

Dilma Roussef, por supuesto, discutirá con él, en un ambiente de irritación que ha sido fácil de constatar por declaraciones previas, las acciones de espionaje estadounidense que sobre ella misma y sobre las instituciones brasileñas han revelado los documentos filtrados por Edward Snowden.

Cristina Kirchner se referirá a los malvados “fondos buitres”, que esquilman a los países endeudados y encuentran apoyo en instancias de arbitraje y organizaciones financieras donde Estados Unidos tiene un peso decisivo.

Pero sin duda el diálogo más fuerte será con Vladimir Putin. Aunque el presidente ruso admitió que Obama es hombre con el que se puede conversar, y reconoció que “no había sido electo por el pueblo norteamericano para caerle bien a Rusia”, añadió que “tampoco este humilde servidor ha sido electo por el pueblo de Rusia para caerle bien a nadie”.

La agresión contra Siria, para la que el presidente de Estados Unidos busca apoyos en todas partes, no los encontró en San Petersburgo, más allá de Francia y Turquía, fundamentalmente.

En su calidad de organizador, Putin había anunciado que el tema sería tratado en la cena de bienvenida. Durante tres horas, los participantes se pronunciaron al respecto. Varios de los presentes, o se han abstenido, o han dicho que no participarían en la aventura, o públicamente la han condenado.

Como se conoce, Rusia y China se oponen tajantemente al intento y mucho menos si se realiza sin un acuerdo del Consejo de Seguridad. Otros países, presentes en la cena, como Italia, Alemania o la propia Unión Europea, favorecen una solución política sobre la intentona militar.

En su cuenta de Twitter el primer ministro italiano Enrico Letta reveló los primeros resultados: “El G20 acaba de concluir la cena y en ella se confirmaron las divisiones sobre Siria”.

Ban Ki Moon, luego de revelar una nueva iniciativa diplomática, afirmó conclusivamente: “Proveer de más armas a cualquiera de las partes no es la respuesta. No hay solución militar”.

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