Opinión

El Líbano en peligro

El Líbano es uno de los países más pequeños del Oriente Medio. Y, por un largo rato, el de la política interior más complicada.

El Líbano en peligro
En el Líbano, tierra bíblica, existen unas quince confesiones religiosas que, por acuerdo entre ellas, comparten el poder político. | galizacig

Redacción Central |

El Líbano es uno de los países más pequeños del Oriente Medio. Y, por un largo rato, el de la política interior más complicada.

Por Joaquín R. Hernández

Delimitado alrededor de la antigua Fenicia por la intervención francesa luego de la Primera Guerra Mundial, incorpora a su geografía territorios que durante siglos pertenecieron a Siria. De hecho, en alguno de los varios diseños geopolíticos que ha sufrido la región, ambos formaron un único país.

Cuatro millones de habitantes viven en diez mil kilómetros cuadrados, y ofrecen un amplio espectro confesional. En el Líbano, tierra bíblica, existen unas quince confesiones religiosas que, por acuerdo entre ellas, comparten el poder político.

Las tres fundamentales se reparten los cargos básicos: los cristianos maronitas -variante cristiana afín a la Iglesia de Roma- ocupan la presidencia de la República y representan una puerta abierta a la Europa occidental desde la época de las Cruzadas; los sunitas, cercanos a Arabia Saudita, ocupan siempre la presidencia del gobierno, y los chiítas, que son el cuarenta por ciento de la población, tienen a su cargo la presidencia del Parlamento.

Esta arquitectura parece perfecta para lograr lo que sería un fin inestimable: la paz, la coexistencia y la integración de culturas y religiones. La realidad es que esta distribución de poderes ha resultado desastrosa, y está en la base de la guerra civil que devastó al Líbano entre 1975 y 1990.

Siria fue siempre la “gran hermana”, a todos los efectos. Intervino con sus tropas en 1976 y logró atenuar la guerra interna. Dejó sus tropas y sus servicios de inteligencia en el país y su palabra tuvo siempre efectos lapidarios en todos los temas que, hasta el 2005, cuando debieron retirarse, les fueron consultados.

Diferencias confesionales

¿Criticable la relación? Depende del libanés con quien usted hable. Sí lo es para la mayor parte de los maronitas y sunitas, generalmente alineados con las proyecciones políticas de los países con los que tienen mayores vínculos. No sucede igual con las organizaciones chiítas, básicamente Amal y Hezbollah, protagonistas de la resistencia contra la ocupación por Israel del diez por ciento de su territorio durante 22 años y contra la invasión por tropas sionistas en 1982. Ambas han coincidido con Siria en su respaldo a la causa palestina y contra la injerencia de Estados Unidos. También es un país afín para las numerosas familias que viven a un lado y a otro de las fronteras comunes.

El libanés está acostumbrado a la inestabilidad y al riesgo. Los años de guerra civil los enseñaron a sobrevivir y a vivir en condiciones difíciles. Asumen con seriedad, pero con tranquilidad, las consecuencias de las tensiones internas, que muchas veces se dirimen violentamente, y de las externas.

Así ha sucedido durante los dos años de la guerra del país vecino. En el Líbano han proliferado versiones locales de grupos extremistas sunitas, especialmente en la región de Trípoli, que se alzaron en armas en el 2000 y en el 2005, y fueron violentamente reprimidos por el ejército libanés. Con el agrado de Estados Unidos. Ahora, cuando grupos similares abundan en la insurrección anti gubernamental en Siria, estos hechos se han reproducido de diversas maneras.

Del otro lado, la organización chiíta más protagónica, Hezbollah, es una auténtica némesis para Estados Unidos. En el momento de su formación, en plena guerra civil, se le atribuye la voladura del cuartel de marines norteamericanos en Beirut. 242 soldados estadounidenses perdieron la vida en segundos. Estados Unidos nunca lo ha olvidado y la califica hoy de organización terrorista.

Qué es Hezbollah

Lo real es que Hezbollah es un partido político, con amplia presencia en el Parlamento y el gabinete libanés, con una rama militar de consideración, que ha enfrentado en el terreno a las tropas israelíes y las ha hecho retirarse -algo inédito en la región- en el 2000 y en el 2007. Hezbollah, de nexos múltiples con Irán y con Siria, desde religiosos hasta logísticos, ya no es hoy un actor simplemente libanés. El mensaje de su dirigencia tiene repercusiones regionales y sus fuerzas militares han participado ahora en territorio sirio en apoyo al presidente Bachar el Assad.

Explosiones devastadoras en barrios chiítas, seguidas de otras también destructoras en mezquitas de la norteña Trípoli son hechos recientes, pero no los únicos. Al norte de Trípoli hay fronteras con Siria, precisamente territorio alauita, sitio de origen de la familia al Assad y de dirigentes principales sirios. Alauitas libaneses han chocado allí repetidamente con elementos sunitas y han convertido la zona en una de las más conflictivas del país.

La otra zona caliente, como lo ha sido durante décadas, es la frontera sur con Israel. Después de la fuerte confrontación del 2006, israelíes y libaneses -léase Hezbollah- han sacado sus conclusiones y se han preparado para otro posible encontronazo.

Por el norte, por el sur, en el interior de las ciudades, los focos de conflicto se multiplican. En el interior de los campamentos palestinos -sunitas— no solo existen las tradicionales organizaciones palestinas que todos conocemos. Allí, desde hace años, se crean, se desarman y luego se vuelven a crear, organizaciones fundamentalistas no muy diferentes a Al Qaeda.

En la guerra civil libanesa, en determinado momento, participaron fuerzas de muchos países árabes. Hoy en el debate interno las distintas fuerzas políticas siempre tienen un ojo para mirar hacia Francia, hacia Arabia Saudita, o hacia Irán. Y, con un fin u otro, hacia Estados Unidos. Para el libanés esto no es nada raro.

El Líbano está habituado a ser caja de resonancia de la región, escenario donde se dirimen conflictos ajenos. Ellos esperan, con la serenidad que los caracteriza, el desenlace de los acontecimientos en el cercano y para muchos, hermano país.

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