Opinión

Unión Europea: sin tiempo para nuevas guerras

Mientras prosiguen las reuniones y conciliábulos entre la Casa Blanca y el Capitolio de Estados Unidos buscando los apoyos para que la legitimación de la agresión a Siria se produzca (una votación en contra sería catastrófica para la administración de Barack Obama), en Europa, con la excepción casi única de Francia, la idea de una guerra no despierta el menor entusiasmo.

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Unión Europea: sin tiempo para nuevas guerras | economiasimple

Redacción Central |

Mientras prosiguen las reuniones y conciliábulos entre la Casa Blanca y el Capitolio de Estados Unidos buscando los apoyos para que la legitimación de la agresión a Siria se produzca (una votación en contra sería catastrófica para la administración de Barack Obama), en Europa, con la excepción casi única de Francia, la idea de una guerra no despierta el menor entusiasmo.

Joaquín R. Hernández

Y es que los miembros de la Unión Europea, después de disfrutar de un compás de espera de pocos meses, se avecinan a una nueva oleada de tensiones y de crisis financieras.

Más allá de las grandes cifras y de los análisis técnicos, la dura realidad golpea inmisericordemente al hombre de a pie.

Italia es un ejemplo cruento. Al regreso de sus vacaciones, muchos ciudadanos de ese país descubren que las empresas en que laboraban o quebraron, o no existen, o se han trasladado subrepticiamente para Polonia.

Si otros países con economías complicadas parecía falsamente que se enrumbaban por destinos mejores, para las pequeñas empresas italianas las condiciones no han cambiado mucho.

“Más bien al contrario”, afirma Thomas Fromm en el Süddeutsche Zeitung Munich, “el país, que ha perdido gran parte de sus años más valiosos girando alrededor de un hombre y de sus intereses económicos, sus juegos de póker políticos y sus orgías nocturnas, se encuentra aquejado de problemas. Y también porque Silvio Berlusconi, el hombre que se niega a morir, mantiene todavía al país y a la economía bajo su control.”

La competitividad y la productividad de la economía italiana, que ha llegado a ser por su volumen la cuarta de Europa, ha caído al nivel de varios países africanos. Las cifras, por otra parte, hablan de récords de pobreza, a niveles que no se conocían desde el 2005. Hay hoy en la península italiana, 14 millones de habitantes pobres, y 4,8 millones de ellos están en situación de pobreza absoluta.

El diario católico francés La croix, que hizo un análisis detallado de la situación, añade que el 26 por ciento de las personas entre 35 y 40 años viven gracias a la ayuda de sus padres, y el 61 por ciento del grupo entre 18 y 34, viven bajo el techo familiar.

Y si se quiere un símbolo elocuente del desastre, el mayor grupo de Italia, Fiat, amenaza con reubicar su sede central en Estados Unidos.

Del caso griego se ha informado mucho. La realidad es que pese a las ayudas financieras, a las políticas altamente impopulares de recortes sociales, la economía griega difícilmente escapará a otra reestructuración de la deuda que supondá adjudicar otro paquete de diez mil millones de euros.

Los efectos de la crisis griega se reflejan periódicamente en rarezas imposibles de imaginar años atrás. Hace una semana, el gobierno se vio obligado, violando todas las normativas sanitarias, a autorizar la venta al público de alimentos con fecha de consumo preferente caducada, a menor precio. La polémica que siguió, por supuesto, fue acompañada de la venta efectiva de tales productos, a una población que se siente estafada y cuya economía doméstica ha llegado a límites de precariedad impensables.

Respecto a Portugal, el Financial Times expresaba: “la crisis del Gobierno expuso los límites de la tolerancia política y pública por la austeridad. Salir del rescate es casi imposible sin más ayuda porque la deuda pública está llegando al 130% del producto interior bruto, no hay perspectivas inmediatas de un crecimiento económico significativo y una quinta parte de los trabajadores está sin empleo.”

El azote del desempleo tampoco da señales de retroceder. 26 millones de personas en la Unión Europea están en paro, y en septiembre los egresados de universidades acrecentarán esa cifra. Según el órgano especializado de la Comisión Europea, una de cada ocho personas del mercado laboral, está desempleado.

El caso de los jóvenes es peculiar. El profesor Vincenç Navarro cita un dato de interés: hoy hay 8 millones menos de jóvenes de entre 20 y 24 años en Europa, lo cual es una preocupación por la futura sostenibilidad de las pensiones públicas. Sin embargo, lo más grave no es el fenómeno demográfico: es que esos jóvenes ni siquiera pueden encontrar trabajo, ni aportarlo a la sociedad por la vía de la riqueza creada o de las contribuciones impositivas o de seguridad social.

“Pues bien”, argumenta “si los fondos que se han dedicado a salvar la banca en España (que han alcanzado el nivel del 12% del PIB) se hubieran dedicado (un 6% del PIB, la mitad de la ayuda a la banca) a crear estos puestos de trabajo, hoy no estaríamos en la situación en la que nos encontramos”.

La política de la Unión Europea se puede acercar a un callejón sin salida. Financiar las deudas de los países que lo requieren, en la medida en que lo necesitan, no es materialmente posible, y el único país con superávit suficiente para realizar aportes sustanciales, Alemania -mucho más si está a la vista la reelección de Angela Merkel— no tiene intención de hacerlo.

Aquí también el neoliberalismo a ultranza ha jugado una mala pasada, cuyas consecuencias, como suele suceder, recaen sobre la economía cotidiana de los sectores más humildes.

En tales condiciones, ¿cómo hablarles de nuevas guerras?

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