Opinión

Wounded Knee y la memoria colectiva

No sólo los pueblos originarios de América Latina han sufrido el desprecio y el abuso. En Estados Unidos están a punto de perder uno de sus sitios históricos emblemáticos

Redacción Central |

Joseph Brings Plenty

The New York Times

La palabra sioux lakotatakinisignifica “morir y volver”, pero a menudo se la traduce simplemente como “sobrevivir”. Es una palabra sagrada que desde hace mucho tiempo ha estado asociada con la matanza perpetrada por los soldados del Séptimo Regimiento de Caballería de EE.UU. contra una multitud de hombres, mujeres y niños lakotas desarmados, en el invierno de 1890.

Wounded Knee fue llamada la última batalla de la guerra de Estados Unidos contra sus pueblos originarios. Pero no fue una batalla, fue una masacre.

Las tropas del ejército interceptaron y detuvieron a un grupo de varios cientos de lakotas bajo el liderazgo de Big Foot, un jefe de los sioux mnicoujou, mientras estos se dirigían desde la Reserva del Río Cheyenne hasta la Reserva de Pine Ridge en busca de provisiones y resguardo. Después de pasar una noche bebiendo, en la mañana siguiente cuando los chaquetas azules estaban desarmando a los guerreros lakota cuando se escapó un tiro. Los soldados abrieron fuego con sus fusiles Hotchkiss. Murieron, al menos, 150 lakotas, otros estimados ascienden a 300 o más.

Nuestra lucha para sobrevivir como pueblo continúa hasta hoy, para preservar no solo nuestra cultura y nuestro lenguaje sino también nuestra historia y nuestra tierra. Aunque actualmente vivo al oeste de la Reserva Indígena del Río Cheyenne, crecí en Pine Ridge, con mi gente oglala, a pocas millas de Wounded Knee. Un miembro de mi familia sobrevivió la matanza; todos los demás murieron.

La matanza todavía despierta una gran emoción en todo nuestro pueblo -recuerdos de cuerpos helados en formas retorcidas, de aquellos que fueron perseguidos y asesinados mientras escapaban, y de aquellos que huyeron, en el frío glacial, por las planicies azotadas por el viento. Esas historias, transmitidas por nuestros antepasados, viven en nosotros.

Una historia que recuerdo con nitidez me la contó cuando yo tenía 8 años una anciana muy mayor, cuya madre había sobrevivido la matanza de pequeña. La madre de la anciana le contó que, cuando comenzaron a volar las balas, su madre la protegió con su cuerpo. En ese momento, un joven guerrero a caballo pasó al galope y la tomó en sus brazos alejándola del peligro. Cuando la niña miró atrás, vio a su madre caer con el pecho destrozado por las balas. Dijo que siempre recordaba el sabor salado de las lágrimas. La anciana me contó esto después de que yo volteara un salero. La sal estaba por siempre asociada con su madre.

Hay muchas historias como estas. El poder espiritual de Wounded Knee explica por qué miembros del movimiento indígena americano tomaron el sitio en 1973 para llamar la atención sobre las injusticias económicas y culturales cometidas contra nuestros hermanos y hermanas de los pueblos originarios.

Ahora, nuestro legado está en peligro de reducirse a una transacción inmobiliaria, otro lote de nuestra tierra rematado al mejor postor. Los gritos de los asesinados todavía resuenan en las colinas -los gritos que recordamos en nuestros corazones cada día de nuestra vida. Pero quizás sean finalmente ahogados por los bulldozers y el tintinear de las monedas del comercio.

El sitio Wounded Knee pasó del control del pueblo oglala a manos privadas, mediante el proceso conocido como parcelamiento, que comenzó a fines del siglo XIX, en el cual el gobierno federal dividió la tierra entre los indígenas y entregó otras parcelas a individuos de afuera de la comunidad. El objetivo era transferir el control de nuestras tierras del colectivo a individuos, y enseñarles a los lakotas y a otros pueblos originarios el concepto foráneo de propiedad privada. Para nosotros, esta medida fue simplemente otra forma de robo.

El dueño del sitio de Wounded Knee, que posee el título de propiedad del lote de 40 acres desde 1968, quiere venderlo por 3.9 millones de dólares. Si los oglalas de Pine Ridge no lo compran antes del primero de mayo, será rematado.

La Reserva Indígena de Pine Ridge es uno de los lugares más pobres de EE.UU., y los oglalas están plagados por deudas, por lo que será muy difícil conseguir esa cantidad de dinero. Muchos ancianos preguntan, con razón, por qué tendrían que pagar. El gobierno federal debería comprar este terreno y el presidente Obama debería ordenar que se lo preserve como monumento nacional -como lo hizo el mes pasado con cinco sitios federales en el país, incluyendo uno en Maryland en honor de Harriet Tubman y elUnderground Railroad.

El sitio de la masacre tiene un significado de gran importancia no solo para el pueblo lakota sino para todos los pueblos originarios y los habitantes del país. Wounded Knee debe continuar siendo un sitio sagrado, en el que las voces de los danzantes de los espíritus, que hace más de un siglo danzaron por el regreso de las viejas formas de vida, sigan resonando entre los pinos; en el que los espíritus de los mayores sigan caminando por las colinas; y en el quetakiniconserve su significado: la supervivencia de la memoria colectiva.

Jefe Joseph Brings Plenty, ex director de la Tribu Sioux del Río Cheyenne, enseña cultura lakota en la Escuela Takini de la Reserva Indígena del Río Cheyenne.

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